El panorama laboral está de pena. Cuando una lleva casi 5 años sobreviviendo en una empresa pública, a fuerza de dedicación, de ver muchas cosas escandalosas y callar siempre, se acaba perdiendo las esperanzas.
Hoy es uno de esos días en que las ganas de dar una patada al trabajo resurgen con fuerza en mi interior. No se valora el esfuerzo, ni las horas de más dedicadas a aprender, o a que los temas de los que una se responsabiliza, salgan adelante.
Resulta increíble, pero siempre llega alguien que "ya estaba antes de ti", aunque lo haga de pena. Llegó antes y te pilló el puesto, sin merecerlo ni ganarlo día a día. Cuando ocurre esto, una, que está ya harta de poner cara de póker, siente rabia y desesperanza.
Rabia porque no es justo que los mejores puestos de trabajo se los lleve alguien por ser "familiar de", o que los ocupe una persona que tiene derechos "de antigüedad" que hacen que ni siquiera sea necesario que esta persona haga bien su trabajo. La desesperanza llega cuando una comprueba que esforzarse, en este país de chupatintas, enchufes, prevaricaciones y otras perlas al uso, no lleva a ninguna parte. Para mí es una cuestión de calidad de trabajo, de ser la mejor o ser lo mejor posible, una cuestión que, en estos casos, no suele tenerse en cuenta. Se mantiene en los puestos de trabajo a personas claramente inútiles, solamente porque "son fijas y llevan mucho tiempo en la empresa", mientras que gente con más aptitud y ganas de trabajar se queda en la retaguardia o peor, en el temido paro.
Hace unos años tomé una decisión y salté al vacío, profesionalmente hablando. Hasta cierto punto es un milagro que haya sobrevivido a los recortes, tijeretezos, EROS y demás figuras jurídicas usadas para atar bien corto a la Función Pública. He trabajado mucho, he trabajado bien, sin pasar por encima de nadie y sin jugar tretas sucias para defender mi puesto de trabajo. He tenido un poco de suerte, pero nadie me ha regalado nada.
Hoy me pregunto qué maldito sentido tiene todo ese esfuerzo dedicado.
Como dije, cuando comencé a reabrir este rincón, habían éxitos y fracasos en estos tiempos que he estado fuera de la esfera blog.
Esta noche pienso en los fracasos. Supongo que de todo esto saldrá algo bueno, pero, ahora mismo, no lo veo.
De todos modos, pienso en lo mal que va el país y en las actitudes de mucha de la gente con la que trabajo. Una no se extraña de que las cosas vayan tan mal ante la desgana de muchos trabajadores y la mala gestión de los mandos intermedios, que ni saben organizar ni saben de eficiencia. Se pierde tiempo en muchos despachos, demasiadas reuniones, demasiados cafés, se paga demasiado a gente que no justifica su salario y se maltrata a gente con ganas y pasión por lo que hace. Ni siquiera la ley nos permite "vender limonada". Los pequeños negocios son complicados de arrancar y la conjura de las tasas y los impuestos los suele ahogar antes incluso de que vean la luz.
Esta noche tengo ganas de irme a Australia a trabajar. Escucharé cualquier propuesta, eso sí, que sea honesta, si no es mucho pedir.
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domingo, 17 de marzo de 2013
lunes, 28 de febrero de 2011
Biutiful: Barcelona es un buen lugar para morir
Barecelona es una ciudad con muchos habitantes, se extiende a diestro y siniestro entre dos ríos (el río Besòs al Norte y el Llobregat al Sur,) limita al mar por el Este y con la sierra de Collserola al Oeste... En este espacio, surcado por llanos, montes bajos, antiguas rieras, pueblos cercanos a la ciudad amurallada que han sido progresivamente devorados por la metrópoli, el director mexicano Alejandro González Iñárritu nos cuenta una historia.
Una servidora, que vive en esta ciudad desde hace 46 años y que patea cada día sus calles, huele sus perfumes y sufre sus consecuencias, contempló la historia y la encontró tremenda. Un cuento de seres probables y posibles que habitan este espacio del Mediterráneo.

Uxbal es un padre de familia que lucha para sacar adelante a sus dos hijos, con el problema añadido de su esposa bipolar, que tendrá que plantar cara a un serio problema de salud que puede condicionar el futuro de sus hijos.

Es un hombre corriente, no tiene historia que nadie vaya a recordar, no destaca en nada, es... alguien a quien la vida lleva por donde lleva. Puede parecer un tipo duro, y sin duda lo es, pero tiene un don: no ha perdido la capacidad de amar, ni a sus hijos ni a los demás. A su modo y dentro del sistema despiadado, corrupto, que la legalidad ha establecido con los inmigrantes que aterrizan en la ciudad, intenta mantener una "in-cierta" justicia. Esta justicia resulta difícil de comprender, tanto para los propios inmigrantes a los que da trabajo, como para el policía amigo o incluso para el hermano, socio de sus negocios poco ortodoxos.
Ante todo Uxbal es un hombre profundamente solo, que no tiene de quién echar mano. Las circunstancias van haciendo su carga más y más pesada: hijos a los que educar, pareja con la que apenas puede contar y que ni sabe cuidar de sí misma, su maltrecha salud... y los escasos gestos de bondad que intenta hacia los demás se vuelven en su contra. Lucha como un samurai, y sabe que tiene las de perder...

No voy a dar más detalles del argumento, por si no la habéis visto, porque yo fui a verla con ciertos prejuicios y la realidad del film me sobrepasó.
No es bonito asistir a la realidad de la inmigración más desamparada de Barcelona, gente que se gana la vida en negocios ilegales, cuando no al margen total de la ley. Esas paraditas de tops manta que nos venden cd's pirata, bolsos de Tous de imitación a buen precio, encierran otra realidad que todos nos negamos a reconocer. Nos importa un carajo si aquel señor de color depende de ese negocio turbio, que a su vez es competencia desleal para aquel otro tendero que abre cada mañana su tienda y paga muchos impuestos por ello. Compramos barato, y esa compra, cargada de doble moral, fastidia al tendero, permite sobrevivir al sin papeles que no puede hacer mucho más y hace rico a algún intermediario o algún policía corrupto que se deja hacer, a cambio de un porcentaje. Es un juego de suma cero: todos ganamos.
¿Todos ganamos? ¿Nadie se para a pensar en las consecuencias de lo que se compra a alguien en semejantes condiciones? Yo creo que fingimos ingorancia hacia todo lo que perturba y molesta. No queremos complicarnos la vida. Alguien me dijo no hace mucho que pensar duele, ver las cosas como son, también. Por eso nos anestesiamos con las más tontas justificaciones, para no reconocer según qué cosas, para no afrontar según qué realidades.
No se habla mucho de estos temas. Periódicamente se hacen redadas en ciertos lugares de mi ciudad "para limpiarlos" de inmigrantes y venta ilegal, desmantelan algún taller clandestino en el que gente sin documentación es obligada a trabajar en condiciones que ningún sindicato aprobaría (ni nuestra amada y vilipendiada Constitución). Sacamos a los vendedores ilegales de un lado y los metemos en otro para que no "se vean tanto". A veces los vemos escapar de los mossos.El verano pasado presencié un amago de huida, subieron al autobús en el que yo estaba regresando a casa desde el hospital. Me di cuenta de que la gente los ayudaba a camuflarse, para pasar desapercibidos. Me dio pena. No les queremos aquí, pero les compramos baratas sus mercancías, queremos que paguen impuestos pero no hay trabajo para tanta mano de obra sin qualificar. Así que damos con una mano y retiramos con la otra.
En más de una ocasión siento vergüenza. Vergüenza propia y ajena.
Y esto es lo que hay, y una de las cosas que cuenta esta película. Toda la historia transcurre en la ciudad de Barcelona, en lugares próximos a mi casa que conozco. Tengo el honor de atender en el hospital del Mar a gentes que, como Uxbal, se han de enfrentar a situaciones muy complicadas y lo hacen con una dignidad tan simple como natural. Las playas de la Barceloneta, un colegio del barrio del Raval, calles del Barrio Gótico, incluso alguna localización en la Mina, aparecen junto con el skyline barcelonés, para hacer creíble la historia de Uxbal.
Por otro lado, hay momentos de una brutal sensibilidad en el film, en que se nos muestra con imágenes difusas el propio pensamiento de Uxbal. Esos momentos son especialmente emocionantes para mí, que paseo por los mismos lugares que el protagonista. Ver amanecer en las proximidades del mar, en las callejuelas cortas del barrio de la Barceloneta, es un pequeño privilegio en el que solo algunas almas infantiles e inconscientes, reparamos... mirar al cielo y ver revolotear las bandadas de pájaros, olisquear el aire de la mañana en los barrios barceloneses que tocan al mar, contemplar cómo la ciudad loca despierta cada día y se duerme cada noche... todo eso no me es extraño. Como tampoco me resulta extraña la vaga sensación que me llega del personaje central de este cuento: le cansa la vida, y al mismo tiempo, desea con fuerza vivirla.
Se me dice que leer historias es algo que acaba aburriendo, o que, simplemente, tiene interés escuchar sobre vidas ajenas, reales o ficticias. Yo sigo interesada en las historias que algunos se empeñan en contar, sea a la luz de la luna, una noche, en el monte, o en una sobremesa, o de la mano de la confidencia, como una fabulación, concentrada en un buen libro o en una película que engancha.
Las historias son... reflejos y pedazos de nosotros y de los otros, a través de ellos fingimos vivir una vida que no es nuestra y ellos, a su vez, se nutren de nuestros fantasmas. El narrador de historias tiene algo mágico entre las manos y las palabras con las que teje sus narraciones. Ahora, con el cine, también, son imágenes.

Sólo un detalle más a comentar: el título de la película, que surge de una pregunta de la hija de Uxbal, mientras hace sus deberes. Las cosas, pues, deberían ser tal como suenan ¿no?
domingo, 28 de noviembre de 2010
Tu sexo es mi perfume

Es un libro de… chicas y para chicas, sí, para una raza de chicas que nacimos en los años sesenta. Es un libro para las mujeres que hemos vivido a caballo entre dos épocas distintas, chicas que recibimos una educación que luego tuvimos que desaprender, porque no nos prepararon en absoluto para lo que nos esperaba.
Crecer no es fácil, buscarse un lugar bajo el sol tampoco. Todavía es menos sencillo si se es mujer. Ni lo fue antes ni lo es demasiado ahora, por más que hayan cambiado algunas cosas.
La historia que narra Anna Llauradó es un pequeño homenaje a un tipo de mujeres que conozco bien. Es un homenaje a la valentía. Es un homenaje a la sensualidad, por encima de lo estrictamente sexual. Es un homenaje a la vida. Pero, por encima de todo es un homenaje al amor.
Una mujer, cuyo nombre no se nos revela en la novela, describe su vida al tiempo que, desde sus recuerdos, nos explica la historia de su tía, Irene, con quien siempre ha sentido una gran afinidad.
La protagonista comienza hablando de sus sentimientos y del parón enorme que tuvo que dar a su vida cuando su ritmo frenético la llevó a los ataques de pánico. Un pozo del que saldría poco a poco, victoriosa y algo más sabia.
Pero, tras el velo de su propia historia, contada en primera persona, nos va presentando a través de sus recuerdos a los fantasmas de su infancia que la acabarían llevando a la ansiedad. Unos fantasmas que corren a la par de la intensa relación que su tía, Irene, mantuvo con Roberto, un hombre italiano de origen japonés.
La historia de Irene es una historia de amor, claro, pero en tránsito hacia su autodescubrimiento, hacia el descubrimiento del otro. De la mano de Roberto Irene entraría en los laberintos de la sensualidad, del perfume hecho sensación y del deseo con el amante casi perfecto.
No se atrevió a plantar cara a un modo de vida y una sociedad cerrada, y terminó casándose con “el hombre adecuado” según los cánones sociales.
Renunció a sí misma o lo que es lo mismo: renunció a la posibilidad de ser feliz. Durmió sus sentidos, simuló olvidar los perfumes y vivió aletargada.
Hasta que un día… despertó de nuevo al mundo y a la posibilidad, de vivir, de vivirlo, al mundo y a la propia vida.
… aunque la lucha entre el deseo y el miedo ha sido una tónica habitual en mi vida. Y en la de tía Inés también.
Todo eso son tonterías, dirían en casa. Pero, en estos momentos, enfrentarme a la posibilidad de la tontería y no temerla ya es un buen comienzo. Atreverme es el verbo: frente al temor, el deseo y el atrevimiento.
A través de Irene y su sobrina me vi inmersa en un viaje de dentro hacia fuera. Un viaje de los olores a la consciencia del momento pasado, del momento presente.
Dicen que el olfato es uno de los sentidos que tenemos más conectados con el resto de animales no humanos. Un sentido que tiene un fuerte poder de evocación, de memoria. ¿Quién no ha recordado, a través de un olor, un sentimiento, un momento, una historia? Mis propios recuerdos de niña tienen un fuerte poder olfativo: el olor a croissant recién hecho en la pastelería cercana al colegio, cada tarde. El olor a la colonia de limón que impregnaba mis primeras clases, que me conducían a las primeras palabras escritas, aprendidas con aquella maestra franquista... Olor a árbol de Navidad, cada diciembre, olor de naranjas mezclados con frío, olor a salitre durante los veranos, mezclado con el perfume de la leche merengada, olor a jazmines, en un pueblo perdido de Almería…
Esta narración tiene un potente compomente olfativo. Cada olor trae un recuerdo, evoca un suceso, una idea. La delicia del perfume crea la atmósfera adecuada en cada momento del relato, como lo crea en cada momento de nuestras vidas.
Pero regreso a la historia que Anna entreteje…
La de Irene y Roberto es una historia de amor. Con mayúsculas, teñida de perfumes, de poesía, de una sensualidad inocente y perversa al mismo tiempo. Roberto tiene ascendencia japonesa, ella, sin embargo es totalmente latina, intuyo que Mediterránea, por su manera de vivir, de sufrir y de negarse a sí misma. Roberto le mostrará, al modo italiano y japonés (que no chino) lo que es la paciencia, le hablará del valor del momento presente. Se entregarán el uno al otro, de verdad, hasta el fondo de sí mismos.
Conocer a Roberto fue entrar en la casa del té.
-Cuando quieras correr, párate- le dijo él, horas después de conocerse.
En el mundo de prisas y velocidades que conocemos todos, esa frase es un choque brutal con otra realidad que hemos ido enterrando todos bajo responsabilidades, deberes, porcentajes y objetivos. ¿Dónde se nos queda el tiempo para vivir? ¿Dónde arrinconamos el tiempo para la contemplación de lo que se mueve? ¿Dónde, en qué punto del camino dejamos de lado al amor? Hemos dejado todo lo importante a un lado, y vamos de cabeza hacia la locura.
Días después Roberto le explicaría a Inés que en la ceremonia del té, el secreto se desvela si estás. Presente.
Coges la taza…
La miras…
La sientes…
Te enteras realmente de cómo es…
La conoces.
Sí, conoces la taza.
Vas a beber de ella… Así que te relacionas con ella…
Y, de repente, una sencilla taza de té se transforma.
“Te” transforma.
Existes.
Ni un segundo de tu existencia se malgasta.
Se trata de llevar la existencia a la máxima expresión. Todo un reto que, a veces, milagrosamente, logran dos almas a la vez. No es fácil. No es probable. Pero tampoco es imposible.
Roberto le muestra, queriendo y sin querer, la dimensión desconocida del verbo y del deseo. No es algo voluntario. Un lazo muy fuerte, inexplicable, se crea entre ellos nada más conocerse. Irene, sin demasiada experiencia, tiene una revelación potentísima que a duras penas es capaz de explicarse:
... y a ella le gustaba tanto la poesía… Además, necesitaba palabras. No sólo para escribir versos, sino para romper el silencio con Roberto: le daba miedo. En realidad, temía al deseo que había empezado a manifestarse, desnudo, directo, cuando no había palabras entre ellos. Así que empezó a preguntar, a interesarse, con una cierta sinceridad, pero, sobre todo, con urgente necesidad.
"La verdad no tiene más que un camino". Es una frase hecha que todos hemos escuchado hasta la hartarnos. La verdad es que no hay una sola verdad, hay muchas, como caminos se abren ante la tierra que pisamos. El camino está plagado de trampas, de espejismos, de fantasmas y caminos traicioneros. El miedo nos puede en ocasiones, arriesgarse por senderos poco transitados es peligroso. Por eso muchos nos equivocamos, elegimos el que parece más seguro, que no es necesariamente el mejor.
Irene tuvo miedo y no se atrevió. Roberto puso ante sus pies la prueba de su error, envuelta en un arrebatador instante…
Él se arrodilló entonces ante la mujer que iba a perder para siempre, levantó suavemente su vestido, deslizó sus medias hasta sus tobillos, desnudó luego su sexo y, con absoluta desesperación, hundió sus labios en aquella flor cuyo aroma quedaría eternamente guardado en su memoria. Aquel fue el beso más devastador que Inés llegaría a conocer jamás y, por él, estuvo a punto de dejarlo todo y… Perdió la noción de sí misma, como la primera vez, en la playa, y la reencontró en brazos de Roberto que, en el último instante, volvió a mirarla, una vez más, la última ya, con aquel destello oriental, esperando a que ella se atreviera… Pero Inés no pudo y él la abrazó con todo su ser para confesarle, para susurrarle, para inmortalizar en ella el deseo y la voz de su alma diciéndole:
-Tu sexo será mi perfume. Siempre. Aunque nunca nos volvamos a ver…
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¿He desvelado el final de la historia? Ni por asomo. Hay que leerla toda, que se deja, por su sintaxis sencilla y sin complicaciones. Anna sabe transmitir sin demasiado adorno lo que nos cuenta. Sabe dar el tono justo a la palabra adecuada. A lo largo del libro se suceden recuerdos, aromas cotidianos que todos conocemos y que, seguro, nos evocan recuerdos propios; hay mucha ternura y algunas pinceldas de ironía en el relato. El gusto por la poesía, los juegos de haikus, el valor eterno del instante presente se combinan con una historia amena de final sorprendente, o no porque… ¿hasta cuándo no nos atreveremos a ser nosotras mismas? ¿permaneceremos siempre encarceladas en la prisión de lo conveniente o abriremos las ventanas, dejaremos que entre el aire fresco y viviremos de una vez la vida que queremos?
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Los textos entrados en cursiva son citas extraídas de la primera edición de esta novela, que fue publicada por Ediciones el Andén, en octubre de 2007.
Anna Llauradó
Tu sexo es mi perfume.
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イスマエルの
sábado, 16 de octubre de 2010
ILP: segundas partes fueron incluso peores...
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Hace unas semanas mi pareja tuvo la ocasión de pasar un fin de semana en Deltebre, en la masía de unos amigos del barrio. Estuvo en Tortosa, Amposta y disfrutó de la amabilidad y de la hospitalidad de las gentes de las Tierras del Ebro, retozó en las dunas del Delta en las que hace unos años U2 grabó su tema Vertigo; se lo pasó bomba.
Me llamó la atención la insistencia de aquellas gentes en convencer a mi pareja que "los correbous no son como las corridas de toro". Le invitaron reiteradas veces a venir a verlas, para que comprobase "que no había maltrato animal". Una vez en casa incluso pareció que lo habían convencido tanto que intentó hacérmelo ver a mí.
Sabíamos lo que pasaría ya cuando salió adelante la ILP en Cataluña sobre las corridas. En círculos proteccionistas sabíamos lo que iba a pasar.
Eso no lo hace menos vergonzoso.
Me siento impelida a escribir sobre esto, porque un mínimo de coherencia me obliga a no callar ante lo que me parece un acto de hipocresía más de la clase política catalana. Se veta "La Fiesta", pero se permiten "Los Correbous". Por mantener un puñado de votos han conseguido que, una vez más, Cataluña se quede a medio camino entre el progreso y el ridículo, ganando por goleada éste último.
Lo gracioso del caso es que los "correbous" son un ejemplo "de libro" de cómo se pactan acuerdos y alianzas que los que estamos fuera no comprendemos ni desde luego aprobamos. Solo me queda añadir que me estoy planteando muy seriamente el dejar de votar en las próximas eleccicones autonómicas. La única alternativa que la clase política entendería (y tengo mis dudas) sería una abstención casi total de la ciudadanía, como protesta por su ineficacia y su ineficiencia a todos los niveles.
Pero... mejor echar unas risas. Un programa de humor (Polònia) del canal catalán reflejó muy bien lo que muchos pensamos sobre blindaje de los correbous. Yo voto por poner en práctica la suegerencia del programa. Incluyo el gag, está en catalán, pero es cortito y se entiende bien.
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domingo, 3 de octubre de 2010
Oposiciones: la cuadratura del círculo
Ya no recuerdo en qué momento de estos últimos años decidí meterme en el culebrón de las oposiciones. Vino dado de los consejos de una persona con quien mantuve una intensa correspondencia (y algo parecido a la amistad) hará ya tres años. Luego, mi entrada en el mundo de las suplencias en el Hospital del Mar me abrió las puertas al "trabajo en la pública".
Así que me fui concienciando progresivamente. Recopilé mis escasos titulillos, me puse al día con el catalán (requisito imprescindible en mi comunidad autónoma, supongo que como en todas las que tienen una segunda lengua), comencé a husmear temarios...
La primera vez que me enfrenté a un temario me asusté. Me dije que sería incapaz de memorizar tanta tontería política. Tardé meses en enfrentarme de nuevo a un temario. Esta vez fue para comenzar a estudiarlo, armada de paciencia y no demasiada convicción.
Las primeras oposiciones a las que me presenté fueron las mejores. Leí apenas 5 de los 25 temas que entraban y fui muy tranquila. No tuve mucho tiempo para prepararlas. Tuve que compatibilizar el temario con el nivel superior de catalán que también estaba preparando, con el trabajo en el Hospital, la vida cotidiana y algunos sustos familiares que me tuvieron haciendo gestiones y más viajes a otros hospitales de la ciudad.
Tuve la suerte del principante: suspendí pero con una nota muy próxima al cinco (4,3). Aquello me dio ánimos y decidí meterme en serio.
Pasaron más meses hasta que salió otra convocatoria que me interesó, también en la sanidad pública. Decidí ir a clases porque el temario era ya de 30 temas, más complicados que las anteriores y tuve claro que necesitaba apoyo.
En esas me pilló el 2010. Llevo todo este año estudiando. Como ya expliqué en su momento, suspendí las de mayo (cuerpo de administrativos del Institut Català de la Salut) con un 4,6, una nota ridícula comparada con el 4,3 del la anterior convocatoria. Una nota ridícula para la que estuve preparándome cinco meses.
No podía dejarlo en este punto. En el camino aparecieron las oposiciones al cuerpo de auxiliares administrativos de la Generalitat, con un temario parecido al del ICS. Me apunté y seguí en la misma escuela (una de las de más prestigio en cuestiones de función pública de España) estudiando para éstas, que tendrán lugar el próximo 17 de octubre.
¿Cómo lo llevo? No lo sé. Si juzgo por el resultado del simulacro que realizamos ayer en la escuela mal: otro 4,3. Una vez más me traicionaron los nervios y cierto atolondramiento al leer las preguntas, un atolondramiento que no es normal en mí. Sé que sé más de lo que creo, pero no me lo creo. Por eso hago tonterías.
Las oposiones me traen de regreso al fantasma de los odiados exámenes. Siempre los he odiado. Mi primer impulso ante la hoja con las preguntas siempre ha sido la misma: levantarme y largarme bien lejos del aula. Siempre me hago la misma pregunta: "¿qué diablos hago yo aquí?"
Las oposiciones me recuerdan el fracaso que asumí hace años, cuando colgué una carrera que iba sacando mediocremente para trabajar y casarme. Siempre me ha quedado la espinita por no haber finalizado mis estudios. El trabajo y el novio fueron la excusa, una excusa barata: salí huyendo despavorida de la Universidad y de mis responsabilidades con mi propia formación intelectual.
Sin embargo, el gusanito del estudio no me abandonó. Estudié cursos de formación para reciclarme profesionalmente en mi trabajo como correctora; tras el nacimiento de mi hijo decidí reflotar mis antiguos estudios de inglés y me pasé 7 años, estudiando de noche, practicando de día con mi hijo las canciones del Rey León en versión original. Me saqué el First Certificate y luego fui a por el CAE que también aprobé, por más difícil que me lo puso mi hijo (imposible estudiar con un niño hiperactivo al lado al que hay que supervisar constantemente).
Así que me creí muy lista para enfrentarme a unos libros que pesan mucho, con leyes, artículos y jerga muy, pero que muy aburrida, con igual suerte.
En las oposiciones, las cosas no son tan simples. Tampoco yo soy la misma joven que memorizaba fórmulas químicas, estructuras cristalinas y intentaba cartografiar montes con su brújula y su martillo de geólogo. Ni es estudiar idiomas. De joven tenía capacidad, pero no ganas, prefería salir y divertirme.
Ahora tengo las ganas, pero no estoy muy segura de tener la capacidad.
Se me dice que el camino para lograr una plaza pública es largo y duro, más ahora, con la coyuntura económica y social que vivimos.
No es sencillo compatibilizar la vida privada con la profesional y encima de todo ello, sacar tiempo y neuronas para entender y luego memorizar tooooodo lo que se nos exige para entrar al servicio de ese cuerpo de élite que son los funcionarios.
Por otro lado, tampoco es un trabajo maravilloso, lo sé. Veo a gente que lleva años trabajando el la sanidad pública catalana y algunas son personas capaces, grandes profesionales. Otros son auténticas cargas para la sanidad, trabajan mal, critican todo y no dudan en endosar trabajo a los suplentes que van apareciendo. Se ríen un poco de todo "la silla es mía y de aquí no me mueven". Desde mi posición silenciosa, modesta de la suplente que hoy está aquí, mañana allá y pasado en el paro, veo muchas cosas, muchas, escandalosas. Hay gente que no tiene derecho al sueldo que le pagamos todos los contribuyentes, que no se lo gana. Critican con frecuencia a los que "abusan" del sistema y no se dan cuenta (¿no se la dan?) de que ellos hacen exactamente igual, desde el otro lado.
Pero, pese a todo esto, yo sigo, igual que decidí seguir tras mi fracaso en las de mayo. En este caso es más complicado porque se presenta muchísima gente (aproximdamente 16.500 personas); son una oposiciones de prestigio, con fama de atraer a personas muy preparadas. Hay dos pruebas iniciales, y una de ellas ha de eliminar a la mayoría (Tan solo pueden quedar unos 1900 personas para la tercera prueba, que consiste en la redacción en puño y letra de un caso práctico). Algunos de mis conocidos que hoy trabajan en la Función pública se han pasado varios años estudiando pacientemente. La perseverancia, la disciplina y un poquito de suerte les han permitido hacerse con la plaza. No seré yo la que llegue, estudie unos meses y se lleve el gato al agua.
En mi clase hay muchas mujeres, algunas de más de 50 años, algunos jóvenes, algunos hombres (muy escasos, por cierto) de mediana edad. Es curioso el tipo de conversaciones que se tienen entre las clases: dudas sobre el procedimiento administrativo común, problemas con los hijos que sacan malas notas, cabreos por la familia por no dejar espacio ni tiempo para estudiar... algunas comentaban con cierta sorna que posiblemente acabarían separándose por culpa de la oposiciones. Y risas, sobre todo muchas risas.
Yo creo que estas oposiciones todavía no son "las mías". Me falta todavía asimilar temario, me falta memorizar mucha información y no confundir la normativa estatal con la autonómica. Me falta templanza y serenidad, me falta pararme, ralentizar mi ritmo interior.
Sin embargo, hoy sé muchas cosas que hace un año no sabía: cuando me hablan de un recurso de alzada o un potestativo de reposición, no alzo la ceja. Cuando me cuentan sobre si algunos miembros del TC (Tribunal constitucional) hace tiempo que han agotado su mandato puedo saberlo porque conozco las normas básicas de su funcionamiento. Cuando mi marido recibió hace unos meses una multa por aparcamiento en un lugar y en una hora en la que él estaba trabajando (o eso dice él), pude decirle qué tenía que hacer y donde presentar su alegación; cuando el miércoles pasado fui a trabajar estaba en condiciones de contarle a cualquier piquetista que hubiera aparecido en el CAP que el artículo 28 de la Constitución española habla del derecho que tenemos los españoles a hacer huelga, y no confundirlo con la obligación de realizarla. (Por cierto, no vino ninguno y los que trabajamos ese día en el CSMA pudimos atender a los pacientes con toda normalidad). Es mucho lo que he aprendido del funcionamiento legislativo de este país. Incluso puedo recordar en qué titulo de la Constitución, o del Estatut está aquel precepto o aquél otro. Sé cosas que cuando vi por primera vez el temario no me creí capaz de aprender. Y sé lo más importante: que puedo hacerlo.
Así están las cosas, no puedo huir. Tengo que seguir.
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Dedico esta entrada a Adelina, Cristina, Carmen, Joana, Lucy, Pilar, Rubén, compañeros opositores (que no rivales).
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Así que me fui concienciando progresivamente. Recopilé mis escasos titulillos, me puse al día con el catalán (requisito imprescindible en mi comunidad autónoma, supongo que como en todas las que tienen una segunda lengua), comencé a husmear temarios...
La primera vez que me enfrenté a un temario me asusté. Me dije que sería incapaz de memorizar tanta tontería política. Tardé meses en enfrentarme de nuevo a un temario. Esta vez fue para comenzar a estudiarlo, armada de paciencia y no demasiada convicción.
Las primeras oposiciones a las que me presenté fueron las mejores. Leí apenas 5 de los 25 temas que entraban y fui muy tranquila. No tuve mucho tiempo para prepararlas. Tuve que compatibilizar el temario con el nivel superior de catalán que también estaba preparando, con el trabajo en el Hospital, la vida cotidiana y algunos sustos familiares que me tuvieron haciendo gestiones y más viajes a otros hospitales de la ciudad.
Tuve la suerte del principante: suspendí pero con una nota muy próxima al cinco (4,3). Aquello me dio ánimos y decidí meterme en serio.
Pasaron más meses hasta que salió otra convocatoria que me interesó, también en la sanidad pública. Decidí ir a clases porque el temario era ya de 30 temas, más complicados que las anteriores y tuve claro que necesitaba apoyo.
En esas me pilló el 2010. Llevo todo este año estudiando. Como ya expliqué en su momento, suspendí las de mayo (cuerpo de administrativos del Institut Català de la Salut) con un 4,6, una nota ridícula comparada con el 4,3 del la anterior convocatoria. Una nota ridícula para la que estuve preparándome cinco meses.
No podía dejarlo en este punto. En el camino aparecieron las oposiciones al cuerpo de auxiliares administrativos de la Generalitat, con un temario parecido al del ICS. Me apunté y seguí en la misma escuela (una de las de más prestigio en cuestiones de función pública de España) estudiando para éstas, que tendrán lugar el próximo 17 de octubre.
¿Cómo lo llevo? No lo sé. Si juzgo por el resultado del simulacro que realizamos ayer en la escuela mal: otro 4,3. Una vez más me traicionaron los nervios y cierto atolondramiento al leer las preguntas, un atolondramiento que no es normal en mí. Sé que sé más de lo que creo, pero no me lo creo. Por eso hago tonterías.
Las oposiones me traen de regreso al fantasma de los odiados exámenes. Siempre los he odiado. Mi primer impulso ante la hoja con las preguntas siempre ha sido la misma: levantarme y largarme bien lejos del aula. Siempre me hago la misma pregunta: "¿qué diablos hago yo aquí?"
Las oposiciones me recuerdan el fracaso que asumí hace años, cuando colgué una carrera que iba sacando mediocremente para trabajar y casarme. Siempre me ha quedado la espinita por no haber finalizado mis estudios. El trabajo y el novio fueron la excusa, una excusa barata: salí huyendo despavorida de la Universidad y de mis responsabilidades con mi propia formación intelectual.
Sin embargo, el gusanito del estudio no me abandonó. Estudié cursos de formación para reciclarme profesionalmente en mi trabajo como correctora; tras el nacimiento de mi hijo decidí reflotar mis antiguos estudios de inglés y me pasé 7 años, estudiando de noche, practicando de día con mi hijo las canciones del Rey León en versión original. Me saqué el First Certificate y luego fui a por el CAE que también aprobé, por más difícil que me lo puso mi hijo (imposible estudiar con un niño hiperactivo al lado al que hay que supervisar constantemente).
Así que me creí muy lista para enfrentarme a unos libros que pesan mucho, con leyes, artículos y jerga muy, pero que muy aburrida, con igual suerte.
En las oposiciones, las cosas no son tan simples. Tampoco yo soy la misma joven que memorizaba fórmulas químicas, estructuras cristalinas y intentaba cartografiar montes con su brújula y su martillo de geólogo. Ni es estudiar idiomas. De joven tenía capacidad, pero no ganas, prefería salir y divertirme.
Ahora tengo las ganas, pero no estoy muy segura de tener la capacidad.
Se me dice que el camino para lograr una plaza pública es largo y duro, más ahora, con la coyuntura económica y social que vivimos.
No es sencillo compatibilizar la vida privada con la profesional y encima de todo ello, sacar tiempo y neuronas para entender y luego memorizar tooooodo lo que se nos exige para entrar al servicio de ese cuerpo de élite que son los funcionarios.
Por otro lado, tampoco es un trabajo maravilloso, lo sé. Veo a gente que lleva años trabajando el la sanidad pública catalana y algunas son personas capaces, grandes profesionales. Otros son auténticas cargas para la sanidad, trabajan mal, critican todo y no dudan en endosar trabajo a los suplentes que van apareciendo. Se ríen un poco de todo "la silla es mía y de aquí no me mueven". Desde mi posición silenciosa, modesta de la suplente que hoy está aquí, mañana allá y pasado en el paro, veo muchas cosas, muchas, escandalosas. Hay gente que no tiene derecho al sueldo que le pagamos todos los contribuyentes, que no se lo gana. Critican con frecuencia a los que "abusan" del sistema y no se dan cuenta (¿no se la dan?) de que ellos hacen exactamente igual, desde el otro lado.
Pero, pese a todo esto, yo sigo, igual que decidí seguir tras mi fracaso en las de mayo. En este caso es más complicado porque se presenta muchísima gente (aproximdamente 16.500 personas); son una oposiciones de prestigio, con fama de atraer a personas muy preparadas. Hay dos pruebas iniciales, y una de ellas ha de eliminar a la mayoría (Tan solo pueden quedar unos 1900 personas para la tercera prueba, que consiste en la redacción en puño y letra de un caso práctico). Algunos de mis conocidos que hoy trabajan en la Función pública se han pasado varios años estudiando pacientemente. La perseverancia, la disciplina y un poquito de suerte les han permitido hacerse con la plaza. No seré yo la que llegue, estudie unos meses y se lleve el gato al agua.
En mi clase hay muchas mujeres, algunas de más de 50 años, algunos jóvenes, algunos hombres (muy escasos, por cierto) de mediana edad. Es curioso el tipo de conversaciones que se tienen entre las clases: dudas sobre el procedimiento administrativo común, problemas con los hijos que sacan malas notas, cabreos por la familia por no dejar espacio ni tiempo para estudiar... algunas comentaban con cierta sorna que posiblemente acabarían separándose por culpa de la oposiciones. Y risas, sobre todo muchas risas.
Yo creo que estas oposiciones todavía no son "las mías". Me falta todavía asimilar temario, me falta memorizar mucha información y no confundir la normativa estatal con la autonómica. Me falta templanza y serenidad, me falta pararme, ralentizar mi ritmo interior.
Sin embargo, hoy sé muchas cosas que hace un año no sabía: cuando me hablan de un recurso de alzada o un potestativo de reposición, no alzo la ceja. Cuando me cuentan sobre si algunos miembros del TC (Tribunal constitucional) hace tiempo que han agotado su mandato puedo saberlo porque conozco las normas básicas de su funcionamiento. Cuando mi marido recibió hace unos meses una multa por aparcamiento en un lugar y en una hora en la que él estaba trabajando (o eso dice él), pude decirle qué tenía que hacer y donde presentar su alegación; cuando el miércoles pasado fui a trabajar estaba en condiciones de contarle a cualquier piquetista que hubiera aparecido en el CAP que el artículo 28 de la Constitución española habla del derecho que tenemos los españoles a hacer huelga, y no confundirlo con la obligación de realizarla. (Por cierto, no vino ninguno y los que trabajamos ese día en el CSMA pudimos atender a los pacientes con toda normalidad). Es mucho lo que he aprendido del funcionamiento legislativo de este país. Incluso puedo recordar en qué titulo de la Constitución, o del Estatut está aquel precepto o aquél otro. Sé cosas que cuando vi por primera vez el temario no me creí capaz de aprender. Y sé lo más importante: que puedo hacerlo.
Así están las cosas, no puedo huir. Tengo que seguir.
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Dedico esta entrada a Adelina, Cristina, Carmen, Joana, Lucy, Pilar, Rubén, compañeros opositores (que no rivales).
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martes, 31 de agosto de 2010
comprometerse de verdad

Me he pasado muchos años contemplando y escuchando críticas, opiniones. En un punto de mi vida tuve el valor de dejar de sumarme a la crítica de salón y pasar a la acción. La quinta década de mi vida y un cúmulo de circunstancias hicieron salir el motor que siempre había estado ahí, esperando a que una servidora les fuera dando cancha, más allá de gestos o declaraciones de intenciones.
Desde el colegio de mi hijo me he fui implicando en esa labor rarita, tan extraña a los españoles como es el voluntariado. Un terreno delicado, arenas movedizas del ciudano medio.
El voluntariado es un grupo humano, diverso, con motivaciones muy distintas y objetivos en apariencia dispares que tienen en común un trabajo y una dedicación desinteresados. Todos o gran parte de ellos dedica una cantidad de tiempo, de dinero, de ambos, a un objetivo que creen justo, honesto. Es simple: el esfuerzo merece la pena.
¿Quién no ha soñado con salvar al mundo? ¿nadie aspira a resolver una injusticia? hay un punto de vulgaridad y heroísmo en esos cometidos que algunos asumimos libremente.
Quien tiene tiempo y ganas dispone de un abanico inmenso para elegir. El panorama actual es desolador y hay para todos los gustos: abuelos sin familia en los barrios, niños con necesidades especiales, animales, organizaciones, reciclaje de materiales, conciencia social, pintura... hay para todos los gustos. Hay quien marcha a las antípodas, pero hay mucho quehacer en el barrio, a dos manzanas de casa.
Nuestro país, latino, mediterráneo, individualista, no ve con muy buenos ojos el trabajo voluntario. Yo me inicié en el mundo escolar, en la asociación de madres y padres de la escuela (AMPA) de mi hijo como secretaria (a lo grande, lo mío son las piscinas con poca agua y sin saber nadar). Desde mis inicios en este mundo he tenido que soportar todo tipo de comentarios; en el colegio exigencias de padres que sin saber cómo educar a sus propios hijos exigen respuestas y prestaciones del resto de la sociedad, de gente que me ha llegado a preguntar cuánto cobraba por mi puesto en el AMPA (y nadie nos pedía ni al presidente ni a mí el importe de las facturas de móvil que ambos llegamos a pagar de nuestro bolsillo, pues el AMPA jamás nos pagó ni una triste lata de cerveza, doy fe de ello). Ataques constantes, escasa, nula valoración del trabajo que unos pocos ofrecíamos al resto de la comunidad (un dato: en la asamblea general ordinaria anual, apenas aparecen 20 padres de una población escolar de unos 800 niños, aproximadamente).El trato con humanos me cansa sobremanera pese a que sé que somos una especie fascinante. Considero que tengo una gran paciencia y pese a mis altibajos con respecto a la raza humana, procuro observarla y entenderla. Más allá de ese tema surgió en mi vida uno que llevaba largo tiempo aletargado: mi afecto irracional por los animales no humanos, algo que se hunde en las raíces de mi infancia, que siempre ha estado ahí: fascinación por la naturaleza, lo verde, lo no parlante, lo salvaje.
Es una lástima que con la cantidad de problemas que nuestra sociedad tiene, a todos niveles, la gente no se decida a ofrecer un poquito de su tiempo para colaborar en alguna de estas causas "¿perdidas?". El trabajo no remunerado se mira mal en nuestra cultura, es sospechoso, es subversivo, "no es normal"... es incluso algo inmoral. Me lo han llegado a decir en la cara tras regresar ellos de sus vacaciones. Mirarse el ombligo está socialmente mejor aceptado que ofrecer horas de nuestra vida porque sí, a cambio de nada más que la satisfacción personal que ello conlleva.
En otros países, los ciudadanos tienen una mayor conciencia solidaria. Es natural en ellos dedicar unas horas a la semana en tareas solidarias diversas. Siempre hay algo pendiente en lo que implicarse.
Necesitamos un cambio de percepción en estos temas. Estamos en una sociedad en la que se vive bien, muchos de nosotros tenemos lo básico para sobrevivir, casa, comida, agua caliente, educación e incluso extras para ocio y algunos caprichos. A veces, el tiempo de un cine el sábado por la tarde, el dinero de una cena puede ser una contribución muy valiosa para otros con menos suerte a los que el estado del bienestar no llega a atender. Muchos de los que justifican su falta de dedicación no tienen excusas, lo que no tienen es ganas.
Tampoco pasa nada: voluntariado viene de voluntario, una simpática palabra que implica intención, voluntad de realizar algo sin esperar retribución de ningún tipo.
Los voluntarios lo hacemos porque queremos, está claro y fuera de toda discusión. Lo indignante es que encima se cuestione a una masa de gente que fuera del circuito público nada contra corriente y pone su tiempo, su dinero, a "una causa perdida".
Hace tiempo fui dejando paulatinamente la asociación de mi hijo, para meterme en otro ámbito de actuación, menos aceptado socialmente, más complejo y cuestionado: el de la protección animal. Hace varios años que colaboro como voluntaria en asociaciones, grupos de gente que lucha por asumir un nivel de conciencia más respetuoso en trato hacia los animales en general y hacia algunos en particular.
De mis debilidades destaco una, que es el campo en el que dedico mi escaso tiempo libre: los gatos abandonados en las ciudades.
En este campo he conocido a personas increíblemente buenas y a auténticos enfermos mentales (en el peor de los sentidos) abocadas a esta extraña tarea.
En las fotos aparecen dos gatos: Klaus, un mediosiamés al que los humanos no acabamos de caerle bien y Pepa, una gata mezcla de siamés de pelo largo que unas compañaeras rescataron de una demolición en el barrio del Clot barcelonés, a ella y a sus 5 preciosos cachorros.
Klaus vive hoy en una masía en una población cercana a Barcelona, en semilibertad, con cuidados y alimentación garantizados. Pepa fue adoptada y vive actualmente en Alemania. De sus 5 cachorros, uno murió de neumonía y el resto fue adoptado, la mayoría en Barcelona, alguno de ellos marchó en adopción a Alemania.
El trabajo no se acaba... y hay que salvar el mundo, no cabe el aburrimiento y la desidia ante tanto por arreglar.
jueves, 5 de agosto de 2010
ILP: nueva tomadura de pelo a la concurrencia

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¿Qué se entiende por derecho? El derecho es todo aquello exigible por parte de alguien (la Administración) a otro (ciudadano, administrado) en virtud de un compromiso previo (una norma) que lo establece o bien por un hecho puntual.
El derecho está formado por los elementos siguientes:
Sujeto activo: quien ostenta el derecho.
Sujeto pasivo: quien ostenta la obligación.
Objeto: la causa que justifica la existencia del derecho.
El acto: documento que recoge la información anterior, la cantidad, los términos del pago.
De gestión presupuestaria pública. Clase del 30/07/10
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Lo reconozco, mi manera de introducir este post es rarita, sí. Se me ha ocurrido trasladar estas notas que fueron la introducción del viernes pasado, en mis clases, a la ejecución del presupuesto de ingresos en mi comunidad y supongo que similar al resto de comunidades de este país. ¿Qué sentido tiene transcribir estas notas? Me hicieron pensar en todo lo leído y escuchado durante los días posteriores a la votación que se llevó a cabo en el Parlament catalán para prohibir las corridas de toros.
El derecho es algo que alguien se saca de la manga, básicamente para fastidiar a otros, o para defenderse de otros. No pierdo de vista que derechos no tenemos nadie a priori, ningún ser vivo los tiene. Nosotros los inventamos, como todas nuestras reglas y normas, para lo que nos conviene, según soplen los vientos. En la naturaleza, las cosas simplemente ocurren y están relacionadas.
Me ha quedado un sentimiento agridulce tras la votación de la ILP, creo que la primera que llega hasta el final en mi comunidad autónoma (desgraciadamente, perdimos la batalla con la ILP sobre el cultivo de transgénicos). ¿Se ha hecho historia? ¿es un avance? ¿supone esto un recorte de libertades, como abogan unos? ¿va a causar más paro, dicen otros? insisto, mi sentimiento es más agrio que dulce.
En un primer momento me alegró que la votación diera el resultado que dio. Pero no me gusta el trasfondo, ni las maniobras que algunos se han dedicado a hacer de todo esto, ni las maneras hipócritas tanto de protaurinos como de ciertos antitaurinos.
Llevo tiempo intentado hacer entender a gente de fuera de Cataluña que muchos de los que en su día firmamos para apoyar la ILP lo hicimos por motivos puramente animalistas: "La Fiesta" es una tradición, pero una tradición bárbara, cruel y desagradable, en la que hay gente que se divierte y habla de "arte" ante el via crucis que sufre el toro hasta que lo matan. Punto. No hay más. Si la Fiesta es un símbolo nacional, a nosotros no nos importaba. La cuestión no era esa. Pero siempre hay cretinos dipuestos a dar la vuelta a las cosas, desde luego si los ha habido con ideas de venganza infantil en mi tierra, tras la cacareada sentencia de l'Estatut.
Me avergüenza prohibir, me avergüenza que nuestra sociedad sea todavía tan inmadura para tener que andar prohibiendo las cosas con amenaza de castigo en forma de sanción, al más puro estilo "Niño, si no te comés toda la sopa, voy y llamo al hombre de la bolsa" (Le Luthiers dixit). Pero también me avergüenza comprobar diariamente que todavía hay gente que me cuenta cosas como que el toro "ha nacido para esto", que el "toro no sufre dolor" que es una tradición que hemos de respetar, que es arte, que es cultura... intenté comprender estas posturas, intenté verlas desde el lado de los protaurinos.
Pero no puedo. Desde muy cría, me revolvió el estómago la visión del toro lleno de banderillas, sangrando herido, hasta la estocada que casi pedías por favor que llegara y fuera rápida; me horrorizó la única vez que me llevaron a una fiesta de la matanza del cerdo, me horrizó mi padre, siempre matando sus conejos, los pavos navideños... Hace mucho que dejé de discutir con la gente que me llama chalada por estar en contra de "La Fiesta" (mi padre el primero) porque no hay nada que negociar ni terreno común del que partir para comprender. El toro sufre porque su sistema nervioso le condiciona a ello, el toro es una especie como otra cualquiera que el Homo sapiens ha manipulado genéticamente desde el Neolítico para adaptarlo a sus necesidades. No ha nacido "para nada especial", simplemente llegó hasta aquí, evolutivamente hablando, como los osos, los lobos y tantas otras especies animales que habitaban nuestra península y han sido prácticamente exterminadas por estorbar nuestros intereseses (ganado, cultivos, etc.)
A estas alturas "crear arte" a partir de un espectáculo de sangre me parece aberrante, anacrónico. Nos jactamos de ser más avanzados que otras civilizaciones, pero sin embargo mantenermos comportamientos tribales ancestrales. Si somos civilizados, tradiciones como los toros, las peleas de perros, las de gallos, los correbous, las celebraciones de Tordesillas, por nombrar unos pocos de los muchos espectáculos con animales que se ofrecen en España por estas fechas, deberían haber quedado en el pasado hace mucho, del mismo modo que fuimos dejando rituales de sacrificios humanos diversos, tan comunes en otras épocas.
Se supone que como especie vamos avanzando espiritualmente hasta cierto nivel de progresión que debería implicar un mayor respeto hacia el resto de seres vivos. Se aprendió a respetar a la mujer (recordemos que no hace tanto no teníamos muchos más derechos -bonita palabra- que la cabra o la gallina del señor de la casa, y esto todavía es dolorosa realidad en muchos rincones del mundo), a los niños, luego vienen el resto de seres vivos, es lo natural; eso es, creo yo, lo natural.
Pero escribo bobadas. El espectáculo de estas semanas ha consistido en contemplar la hipocresía de políticos autonómicos, pactando la exclusión dels correbous de Tarragona (una salvajada de iguales proporciones a la Fiesta, por muy catalana que se considere, aquí no hay nacionalismo que valga) y dejando la ILP coja, contaminada de nacionalismo catalán por un lado, de desprecio hacia España por otro y de distracción en general para el gran público que, mientras se peleaba por si la Fiesta era un símbolo español o senegalés no recordaba la atroz crisis económica que estamos viviendo y la mediocridad de unos políticos, TODOS: NACIONALES, AUTONÓMICOS, DE DERECHAS, DE IZQUIERDAS, incapaces de proponer ideas creativas para rehacer nuestra penosa economía.
Así que, con semejante panorama, una no está feliz ante esta pequeña victoria. Una pequeña victoria que desde luego lo es: para el toro, para la consecución de un mundo más respetuoso y para seguir sobre el debate de nuestra sociedad sobre qué actitud hay que tomar respecto al resto de seres vivos no humanos. Per ha sido también decepcionante, porque la han tintado con los colores de la mentira y la manipulación. Jamás se me ocurrió pensar que al firmar por la abolición de las corridas de toros estuviese despreciando España, del mismo modo que rechazar los correbous ahora me va a convertir en anticatalanista. Muchos de los que secundamos esa iniciativa no comen carne de otros animales, algunos comemos la justa y necesaria sin caer en gulas. Muchos de los que firmamos para apoyar esta ILP procuramos no llevar pieles encima, intentamos no ensuciar nuestra tierra (y las otras) más de lo justo, intentamos ser conscientes de lo que nos llevamos a la boca, respetando que sea vida animal o vegetal, intentamos respetar nuestra casa común, la tierra, Gaia, en la que habitamos todos...
Es muy fácil defender las corridas de toros ante un bistec de 500 gr. que poca gente tiene arrestos para matar, o peor todavía, estar en contra de ellas, pero comerse con indiferencia la pechuga de un pollo que fue criado en un auténtico campos de exterminio y tuvo una vida miserable antes de llegar a su plato. Nuestra hipocresía, nuestra ignorancia, no conoce límites.
Si al PP le interesa ver en esa ILP un rechazo hacia España, si el PSC se apunta ahora a la movida antitaurina porque hace más giliprogre, si los de ERC siguen con su talante de doble moral independentista de oportunidad, si Convergència i Unió vota siempre lo que le va a ayudar a recobrar antes el poder, fantástico por todos. Pero... no era eso, no han respetado la esencia de lo que una iniciativa legislativa popular significa. De nuevo ignoran que delegamos en ellos la capacidad para legislar o, sencillamente, ni se leyeron la Constitución del 78.
Se equivocó la paloma, se equivocaba. (R. Alberti)
No és això, companys, no és això. (LL. Llach)
sábado, 10 de julio de 2010
Barcelona - Sefarad

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Los viernes son días muy largos para mí. Me voy a las 7 de la mañana de casa y regreso sobre las 21:30 h. A la jornada laboral de suplencia que me toque, he añadido 5 horas de clase, ya que sigo enfrascada en la preparación de oposiciones (las próximas en octubre).

Entre trabajo y clase me queda una hora o hora y media a lo sumo, que aprovecho para comer algo o tomar un café antes de entrar a la academia.
En tal coyuntura, hace un par de semanas, tomando café antes de clase, encontré información sobre la cultura hebrea en mi ciudad en el suplemento del diario de La Vanguardia. Hay una tienda de vinos kosher y libros en el barrio Gótico, concretamente en la parte judía de esta zona, llamada comúnmente en mi idoma Call jueu. También supe que existe lo que se llama el Centro de Interpretación del Call. Me interesó y decidí que haría una visita a la tienda. Como siempre, despistada como soy, me fui a clase sin apuntar direcciones ni más datos.Este verano trabajaré de nuevo en el Hospital, básicamente en el Servicio de Psiquiatría, con alguna incursión de algunas semanas en otros Servicios. Trabajar allí, aparte del reto que supone, tiene el plus añadido de un horario ventajoso (a priori, de ocho a tres de la tarde, si acabo el trabajo, claro, en el hospital "no se nos cae el bolígrafo a las 15:00h") y como vivo no demasiado lejos, implica un paseo agradable desde mi casa, a veces por el puerto y otras a través del Raval-barrio Gótico-La Ribera.
Hace un par de días, durante mi regreso a casa, recordé la tienda hebrea y decidí regresar a casa por el barrio Gótico. En la plaza Sant Jaume me detuve, pensé dónde estaba el Call y dejé a mis pies tomar un rumbo.
A los cinco minutos, sin saber en qué calle estaba, me había plantado ante la tienda. Se llama, claro, Call Barcelona.
Entré a curiosear. La tienda está en una parte muy tranquila y poco transitada, está pulcramente organizada, de tal manera que el tiempo parece detenerse. Estuve curioseando entre los libros, los vinos y cavas que allí venden. Finalmente pregunté a la persona que atiende y acabamos charlando durante media hora sobre los vinos kosher, la cultura hebrea, la religión y la Kabalah. La conversación resultó tan intensa que cambié mi primera opción de llevarme un libro sobre cocina sefardí por una curiosidad: La esencia, el infinito y el alma, de Haim David Zukerwar, que el dueño de la tienda me recomendó como introducción a la filosofía hebrea.
Hoy he degustado una botella de cava kosher, fabricado en mi tierra por la casa Vallformosa (una bodega pequeña y de calidad, para los que amamos el cava). La persona que me atendió me explicó alguna de las particularidades de la elaboración del cava y los vinos, de la situación del judaísmo en el mundo. El cava me resultó suave y afrutado, un brut muy bueno, con una excelente relación calidad-precio.
Cataluña guarda bastantes recuerdos del nuestro pasado común hebreo. Son fáciles de reconocer en ciudades como Girona, Montblanc, Barcelona... se ha hecho un esfuerzo importante en recuperar estas zonas tan bonitas (algunas, como el Call de Girona son espectaculares).
Por otro lado me abrumó descubrir que, frente a 1.200 millones de practicantes musulmanes (aproximadamente) y tropecientos millones más de católicos y cristianos diversos, la población hebrea apenas asciende a unos 20 millones de habitantes. En mi ignorancia pensé que eran bastantes más. Este detalle añadió un punto más de admiración hacia un pueblo que se resiste a ser barrido del mapa sin más entre el maremagnum de la globalización. Por lo que he podido constatar, en España viven, aproximadamente, entre 10.000 y 25.000 hebreos.
No voy a entrar en cuestiones políticas, complejas para mí por desconocimiento. Como persona que admira la cultura y el saber, he gustado de conocerlos. Hace ya bastantes años pasé un fin de semana en Girona, precisamente en el Call jueu de esta ciudad. En el tren de regreso a Barcelona coincidí con lo que intuí después que debía ser un rabí , con el que mantuve una conversación sobre la historia medieval de Girona; aquel hombre, educado y extremadamente culto, selló un grato recuerdo de aquel viaje. Ahora sé que en mi ciudad hay lugares de encuentro con la cultura hebrea.
Si os gusta el buen vino, el paseo tranquilo por una de las zonas más bonitas de Barcelona, conversación educada y agradable, pasaos por El Cally no olvidéis la tiendecita. Os gustará.
martes, 22 de junio de 2010
Con palabras? El piano
Hace unas semanas, un suceso personal me trajo a la mente esta película. Incapaz de escribir una palabra dejé tan solo uno de sus momentos más bellos.
En su momento me conmovió la historia, me sedujeron los fascinantes paisajes de Nueva Zelanda, el delicado piano de Nyman elevó mi sensibilidad musical a cotas de vértigo.
La historia es sencilla: En Escocia (siglo XIX), Ada McGrath es vendida en contrato de matrimonio con Alistair Stewart, un hombre de negocios que vive en Nueva Zelanda. Ada viaja con su hija, Flora, a los confines del mundo para encontrarse con su esposo. Ada no habla desde hace mucho, tan solo se comunica con su hija mediante el lenguaje de los signos y alguna nota que escribe a mano en un pequeño bloc de notas.
Es Ada quien nos cuenta la historia, desde su propio pensamiento. Se describe a sí misma como a una mujer bulliciosa, pese a no hablar. No habla, ella toca el piano, y con su música va explicándonos sus sentimientos. La vida en la isla no es fácil, el entorno dista de su mundo europeo y el piano es algo secundario para el esposo de Ada. Aparece otro hombre, quien sí está interesado en el piano... y en la propia Ada, George, un hombre aparentemente vulgar y poco letrado, quien comprende a Ada mucho mejor que su recién estrenado esposo.
La historia es aparentemente simple, pero es una puerta de entrada al complejo mundo de los sentimientos, esos que no se explican, los que no se comprenden. Esos que parecen nidar en las profundidades de nuestro cuerpo. Hay momentos muy intensos y otros de tremendos, en los que el poder, el deseo de controlar al otro pasan por encima de lo demás. Se pisotea, se hiere, ¿en nombre del amor? ¿en nombre de la sinceridad? ¿o tal vez por dejar claro quien domina y quién se somete al otro?
También hay lugar para la fragilidad del momento presente, encontraremos pequeños homenajes a lo efímero del instante, a la delicadeza de las cosas que nos envuelven. En muchas de esas escenas queda claro que la palabra está limitada, que no siempre es útil para transitir lo que se lleva dentro. A veces, y regreso a la idea de siempre, las palabras sobran, porque no nos ayudan, no transmiten nada o apenas rozan el núcleo de los pensamientos. Es curioso que la película transcurre en silencio en su mayor parte. Los diálogos son escasos y se refieren a cosas muy concretas, el resto nos llega y nos llega muy bien, a través de la imagen y de la música.
Como en la vida real. Mientras, nosotros, en ese lado de la realidad, seguimos sin entendernos demasiado bien los unos a los otros.
Hay un punto de tristeza en Ada, una tristeza que en ocasiones es alegría y en otras cansancio, ¿un vago deseo de desaparecer? Un estado de ánimo cambiante que ella explica muy claramente con su piano. No necesita hablar, ella ya lo hace, nos lo cuenta con pelos y señales, de la mano de los sonidos que va arrancando a su piano.
La imagen del piano en medio de la playa, acechado por las olas y la impotencia de Ada en dejarlo allí la primera noche es uno de los momentos más emocionantes de la película, de la que, insisto, hay muchos.
Me siento próxima a Ada, a su manera infantil y poco madura de ver el mundo y los sentimientos, en su modo de enamorarse y negarse a hacer lo que se le exige. Admiro su fortaleza y su valentía, su sinceridad por la que paga un alto precio. Mis manos no saben tocar el piano, cosa que me duele no haber podido aprender. Sería más fácil dejar de hablar, hacerme comprender, si yo fuera capaz de arrancar notas a un piano.
Cuando me siento frustrada, como estos días, por no saber comprender a los demás, cuando siento que hablo y hablo pero que no me comprenden, cuando no sé a quién acudir, a quien verbalizar lo que quema por dentro... regreso a The Piano.
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Fue un film muy aplaudido en su momento, con actuaciones impresionantes de Holly Hunter (Ada), Sam Neil (Alistair) y para mí, un magnífico Harvey Keitel en el papel de George Baines. Los escenarios están más allá de toda descripción. Nueva Zelanda se ve reflejada como un rincón de mundo al que quizá haya tardado algo más en llegar la civilización (en su incesante tarea de arruinar todo a su paso). De Michael Nyman, poco puedo añadir que gentes con más conocimientos musicales no hayan dicho ya. La música es vital para contar esta historia, y las notas de Nyman son preciosas, es una gran parte de esta pequeña historia que no se concibe sin su música.
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Dirección de Jane Campion
Guión de Jane Campion
Música: Michael Nyman
Fotografía: Stuart Dryburgh
Holly Hunter: Ada McGrath
Anna Paquin: Flora (hija de Ada)
Sam Neill: Alistair Stewart
Harvey Keitel: George Baines
Se estrenó en 1993.
Duración: 121 minutos
Idiomas: inglés y maorí.
Etiquetas:
cine,
música en la buhardilla,
reflexiones
sábado, 20 de marzo de 2010
18.30h: llegó la primavera
Seguimos en el ciclo -para nosotros eterno- del tiempo. Acabamos de dejar atrás un invierno largo, más frío de lo normal en el Mediterráneo, con muchas luces y algunas sombras (no podía ser de otro modo).
Hace pocos días el tiempo sorprendió Barcelona con una nevada de proporciones sorprendentes. Pude comprobar por primera vez en 45 años lo que significa caminar bajo una nevada para llegar a la panadería más próxima, más duro que nadar 50 m libres. Ha llovido mucho, hemos tenido días y días de un tiempo más británico que otra cosa.
Pero, al fin hoy, hemos cambiado de estación. En los tiestos de los balcones, en los jardines, en el aire de la mañana ya hace días que se veía, pero, para nosotros, amantes de poner fronteras y etiquetas a las cosas, ha comenzado hace apenas un rato.
Si el invierno pasado fue interesante, la primavera que acabamos de estrenar, promete.
lunes, 22 de febrero de 2010
Para Arlot y su hermano
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El viernes por la mañana una madre y un niño llegaron a la calma temprana del CSM.
El niño era paciente de una de las psicólogas del centro. Su madre lo trajo, en plena crisis, tras saber que su mejor amigo había muerto el día anterior.
Quedamos impresionados por la noticia. Cada día muere gente, la muerte nos visita de extrañas y absurdas formas. Cuando muere un niño todo parece distinto. Parce obsceno y anormal.
A media mañana nos llamó el psicólogo del EAP de la escuela, pedían asesoramiento y visita para la hermanita del niño fallecido, que no entendía nada. Una niña de apenas 6 años, llamada Arlot.
Hice la gestión para dar cobijo a alguien que sé que lo necesitaba, hablamos con psicólogos y la enfermera infantil supo desde el primer momento lo que estaba sucediendo.
Tras el lapso del fin de semana vino un padre de otro buen amigo del niño, pidiendo ayuda para su hijo pues no acababa de asumir lo que había ocurrido. A media mañana ha venido Arlot con sus padres. Su padre, un hombre alto, que transmitia fortaleza, pero que supe con un tremendo agujero en el interior.
Luego les vi marchar. Arlot, una pequeña preciosa, con el desconcierto pintado en la mirada, de la mano de sus padres. Su madre, una mujer destrozada, con la serenidad de lo imposible dibujado en el rostro.
De puertas adentro se me rompía algo. No hay manera de calmar el tremendo dolor que supone una pérdida así, rápida, traumática, incomprensible.
Su historia me ha impresionado. Su dolor me ha impresionado.
El proceso de duelo sigue su curso. No será sencillo, no será suave, asumir lo que no se puede asumir. ¿cómo darle golpecitos en la espalda a la madre? ¿cómo decir las palabras mágicas que ayuden a sanar tan tremenda herida?
Una buena compañera del centro me decía, desayunando, que no hay momento para morirse.
Mayte, cielo, tienes toda la razón del mundo. Y si eres un niño, con mayor motivo, no hay momento adecuado para morirse.
Las leyes de la naturaleza pueden volverse absurdas a la vista de lo que sucede.
La vida, a veces, da mordiscos tremendos que dejan el corazón en carne viva.
Esta entrada es mi tributo a los que se ven obligados a marchar, tan a destiempo.
La vida ya tiene eso: nadie nos pregunta si nos apetece venir, y no nos podemos poner demasiado cómodos, nunca se sabe cuándo tenemos el billete, listo, para partir.
En cualquier caso, va por este niño, como tantos otros, condenados a irse a destiempo.
Va por Arlot, la niña con nombre de ada, que añora a su hermano.
Va por sus padres, a quienes acompañamos en su dolor.
Va por ellos. De verdad, sin tontas compasiones, con el corazón en la mano.
sábado, 6 de febrero de 2010
Unplugged: o cómo disculpar la ausencia
Comenzó el año muy temprano y sin darse una demasiada cuenta estamos ya en plena Candelaria, otro punto de inflexión del invierno. La Candelaria se celebra en muchas poblaciones de mi tierra, es una fiesta agrícola, una excusa, un motivo de encuentro y celebración.
En esas yo me he metido de lleno en le mundo de las oposiones.
Oposiciones + trabajo = desaparición total de las brujas en invierno. Esto es lo que ha pasado.
Estoy muy poco en el ciberespacio, apenas lo suficiente para bajarme las dichosas leyes que he de leer, estudiar. No me paso por blogs amigos desde hace mucho.
A los que todavía os pasais por aquí quiero enviaros mis disculpas por esa ausencia tan poco amable.
Esta tesitura va a durar por lo menos un par de meses. Las listas provisionales de admitidos a la fase de oposición ya se han publicado. No queda mucho tiempo y el temario se alarga hasta 29 temas fantásticos: derecho constitucional, derecho autonómico, derecho administrativo, contabilidad pública, Prevención y riesgos laborales, RRHH, vocabulario médico, bla bla bla...
Además, me he metido en una historia bastante absurda: unos 4700 candidatos aspirantes para 47 plazas en turno libre al cuerpo de administrativos de l'Institut Català de la Salut. Es como comprar lotería, pero además hay que estudiársela.
El día en que, tras muchas dudas, decidí meterme en este fregado, me sentí como en el casi final del Señor de los Anillos, antes de la batalla final, en la que saben que van a fracasar, pero igualmente se meten.
Cuanto más dura es la tarea, a algunos graciosillos nos da por meternos.
Ese es el motivo de mi ausencia. Estoy hibernando, en cierto modo. No sé si postearé mucho, pero sí que intentaré al menos pasarme a veros a todos, ni que sea por distraer la mente de la pesadez de unas leyes, que, a la vista de los resultados, creo que no funcionan muy bien.
... aunque, en algunos instantes, alzo la vista del temario, contemplo a los demás y sonrío. Sigue habiendo música incluso entre las prisas y los ajetreos del día a día.
Miro y sonrío: una tempestad dormida se adivina en todos nosotros...
En esas yo me he metido de lleno en le mundo de las oposiones.
Oposiciones + trabajo = desaparición total de las brujas en invierno. Esto es lo que ha pasado.
Estoy muy poco en el ciberespacio, apenas lo suficiente para bajarme las dichosas leyes que he de leer, estudiar. No me paso por blogs amigos desde hace mucho.
A los que todavía os pasais por aquí quiero enviaros mis disculpas por esa ausencia tan poco amable.
Esta tesitura va a durar por lo menos un par de meses. Las listas provisionales de admitidos a la fase de oposición ya se han publicado. No queda mucho tiempo y el temario se alarga hasta 29 temas fantásticos: derecho constitucional, derecho autonómico, derecho administrativo, contabilidad pública, Prevención y riesgos laborales, RRHH, vocabulario médico, bla bla bla...
Además, me he metido en una historia bastante absurda: unos 4700 candidatos aspirantes para 47 plazas en turno libre al cuerpo de administrativos de l'Institut Català de la Salut. Es como comprar lotería, pero además hay que estudiársela.
El día en que, tras muchas dudas, decidí meterme en este fregado, me sentí como en el casi final del Señor de los Anillos, antes de la batalla final, en la que saben que van a fracasar, pero igualmente se meten.
Cuanto más dura es la tarea, a algunos graciosillos nos da por meternos.
Ese es el motivo de mi ausencia. Estoy hibernando, en cierto modo. No sé si postearé mucho, pero sí que intentaré al menos pasarme a veros a todos, ni que sea por distraer la mente de la pesadez de unas leyes, que, a la vista de los resultados, creo que no funcionan muy bien.
... aunque, en algunos instantes, alzo la vista del temario, contemplo a los demás y sonrío. Sigue habiendo música incluso entre las prisas y los ajetreos del día a día.
Miro y sonrío: una tempestad dormida se adivina en todos nosotros...
miércoles, 6 de enero de 2010
Lo que el Nuevo Año nos trae
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Epifanía del Señor. Día mágico para los niños. Día de regalos. Día de Alka Seltzer para ayudar a los maltrechos estómagos. Día de resaca tras semanas de excesos de alcoholes diversos. Nuevo calendario, recién estrenado, sobre la mesa del escritorio. El año por delante, sin días festivos hasta Semana Santa ("gracias a dios", tenemos estos días festivos je je je), todo un año por delante y un invierno que nos va acariciando, ahora con nieve, ahora con frío, ahora con un bonito resfriado...
No escribo mucho últimamente. El ritmo de la vida se impone y el silencio es necesario, incluso para brujas charlatanas como yo. Se abren interesantes perspetivas ante mí y no puedo ni quiero desaprovecharlas. Si algo es cierto es que mi vida personal se está enriqueciendo mucho últimamente. He vuelto a coincidir con un gran amigo, he descubierto a otros nuevos en el camino. Mi trabajo actual en psiquiatría me ha abierto todo un nuevo horizonte de posibilidades. El año que comienza va a ser para mí cualquier cosa menos un año aburrido, tanto en lo bueno como en lo malo.
Por supuesto sigo leyendo, ni que sea a mi modo, irregularmente, los blogs que me gustan, me emocionan, me convencen, me ofrecen la posibilidad de dudar... Joselu, Girbén, Antrophistoria, Fritz, Homorgasmus, Yolanda, Moon, Montxu, Laureta, Alonee, Lopillas, Tesi, Peggy Sue, Diego, Debbie, Anthony,... por poner algunos de mis más apreciados y activos blogueros. No están todos los que son, no puedo, aquí y ahora, hacer una lista de todos los que sigo. Creo que es el momento de desearos a todos suerte, mucha suerte en el Año recién estrenado. Cuento con que nos iremos viendo y comentando.
El domingo pasado me llevé algo parecido a una desagradable sorpresa, que, en cierto modo esperaba. Apareció en mi correo, pendiente de confirmar, un comentario, digamos que poco amable, en una entrada antigua. No autoricé la publicación. No he establecido moderación de comentarios en mi blog. Tan solo el programa me pide confirmación en los comentarios de entradas antiguas. Tengo claro quién me envió el mensaje. Tengo claro que me avisó y por eso, intencionadamente, puso ese comentario en una entrada antigua, para darme la oportunidad de no autorizarlo. Capté el mensaje con total claridad.
Contaba con esa reacción, así que no hubo sorpresas. Incluso un discapacitado moral como esta persona tiene derecho al pataleo, a que le amen, le ignoren, le dejen en paz. A mí me caía bien. Me hubiera gustado contar con sus opiniones porque no me cabe duda de que es una persona interesante y divertida.
Dudo que se pase más por aquí. Desde luego yo no pienso pasarme más por su bitácora. Ha dejado de atraerme.
Pero, por si acaso cayera por aquí, señor F..... sin acritud, hasta más ver (o mejor no).
Finalmente, como suele decir una de las secretarias más divertidas del Hospital del Mar, "señoras, señores, cantada la línea, seguimos para bingo".
miércoles, 16 de diciembre de 2009
bitácora, una cualquiera
Días que van transcurriendo entre descubrimientos y zozobras.
Escribo poco en el blog, la realidad de lo cotidano me supera, tengo una idea genial que, por fugaz, desaparece en el atisbo de un instante que ya no regresa, y al cual no puedo, pues, acceder.
Intuiciones, certezas, miedo a lo que paso a paso, se va materializando.
Me muevo entre un mar de dudas, las existenciales, las de siempre, esas que no te abandonan, como el mejor de los desodorantes.
La incertidumbre del trabajo en el que una sabe que no durará, pues las suplencias son eso. Es mejor no echar raíces, no fuera el caso que luego añorase a pacientes, a médicos, a esas señoras de la limpieza que, silenciosas, hacen su trabajo, como invisibles al resto, pero cuyos objetivos comprobamos a cada instante, en las instalaciones de la sanidad pública. Es mejor no tomar demasiados afectos pues las gentes te dejan, te olvidan y te quedas ahí, preguntándote por el ridículo que estás haciendo. Amar está pasado de moda, tomar afecto a los demás, consecuentemente, también.
Incertidumbres, inseguridades, ayer quizá lo hice mal. Quizá hoy le fallé a un amigo.
No sé, no sé, la comunicación es sencilla, pero a veces se torna espantosamente complicada.
¿Dónde está la raya? ¿por qué no se debe cruzar? ¿y qué pasa si se cruza?
Tengo la sensación de estar metiendo la pata, constantemente. Como Ángel, hoy siento que estoy fuera de lugar.
Nada va especialmente mal, es que... ser uno mismo sin que eso suponga dolor para los demás, parece hoy complicado.
¿Qué hizo mal la bruja? ¿en qué se equivocó? ¿por qué se ha sentido tan glacialmente sola esta noche, al salir del trabajo?
Quizá era el frío intenso que envuelve esta ciudad. El frío se ha apoderado de las calles, de las gentes, de su corazón. El mío, como siempre tibio, como siempre aterido, no logra encontrar su equilibrio entre los vapores que surgían esta mañana de mi garganta, al respirar.
Hace mucho, mucho tiempo alguien me escribió (porque lo sé, en el fondo lo escribió para mí), gritó al viento que no tenía un puñal en la mano con la que herir a los demás, que no era su intención, que tan solo quería que le dejaran en paz.
Pero, ¿qué ocurre cuando lo que haces les hiere y eso, al tiempo te hiere a ti?
No lo sé. Esta noche me quedé sin respuestas.
Escribo poco en el blog, la realidad de lo cotidano me supera, tengo una idea genial que, por fugaz, desaparece en el atisbo de un instante que ya no regresa, y al cual no puedo, pues, acceder.
Intuiciones, certezas, miedo a lo que paso a paso, se va materializando.
Me muevo entre un mar de dudas, las existenciales, las de siempre, esas que no te abandonan, como el mejor de los desodorantes.
La incertidumbre del trabajo en el que una sabe que no durará, pues las suplencias son eso. Es mejor no echar raíces, no fuera el caso que luego añorase a pacientes, a médicos, a esas señoras de la limpieza que, silenciosas, hacen su trabajo, como invisibles al resto, pero cuyos objetivos comprobamos a cada instante, en las instalaciones de la sanidad pública. Es mejor no tomar demasiados afectos pues las gentes te dejan, te olvidan y te quedas ahí, preguntándote por el ridículo que estás haciendo. Amar está pasado de moda, tomar afecto a los demás, consecuentemente, también.
Incertidumbres, inseguridades, ayer quizá lo hice mal. Quizá hoy le fallé a un amigo.
No sé, no sé, la comunicación es sencilla, pero a veces se torna espantosamente complicada.
¿Dónde está la raya? ¿por qué no se debe cruzar? ¿y qué pasa si se cruza?
Tengo la sensación de estar metiendo la pata, constantemente. Como Ángel, hoy siento que estoy fuera de lugar.
Nada va especialmente mal, es que... ser uno mismo sin que eso suponga dolor para los demás, parece hoy complicado.
¿Qué hizo mal la bruja? ¿en qué se equivocó? ¿por qué se ha sentido tan glacialmente sola esta noche, al salir del trabajo?
Quizá era el frío intenso que envuelve esta ciudad. El frío se ha apoderado de las calles, de las gentes, de su corazón. El mío, como siempre tibio, como siempre aterido, no logra encontrar su equilibrio entre los vapores que surgían esta mañana de mi garganta, al respirar.
Hace mucho, mucho tiempo alguien me escribió (porque lo sé, en el fondo lo escribió para mí), gritó al viento que no tenía un puñal en la mano con la que herir a los demás, que no era su intención, que tan solo quería que le dejaran en paz.
Pero, ¿qué ocurre cuando lo que haces les hiere y eso, al tiempo te hiere a ti?
No lo sé. Esta noche me quedé sin respuestas.
martes, 8 de diciembre de 2009
La escopeta de caza

Imagen de Tad Kanazaki
Todo credo es falso, todo credo es cierto
Es la verdad un espejo que se ha roto
en mil añicos; pero cada cual se cree
Que poseer un fragmento es poseerlo todo.
Sir Richard F. Burton
Este libro cayó en mis manos hace mucho tiempo, intervine en la preparación de una edición especial para Círculo de Lectores. La correción de las pruebas galeradas me introdujo en el fascinante mundo de la literatura japonesa de la mano de Yasushi Inoué. Una de las coordinadoras de producción de la Editorial Anagrama tuvo el detalle de regalarme un ejemplar de este libro. Poco después, el 21 de enero del año 1991 Yasushi Inoué moría a los 84 años de una neumonía. Casualidad y oportunidad.
La escopeta de caza es un libro muy breve, de lectura rápida, escueto y denso como un haiku. La lectura rápida da paso al deseo de una relectura más calmada, pues cada palabra de esta pequeña historia tiene su sentido y nada se deja al azar.
En este libro se narra la historia de una infidelidad a través de los ojos de tres mujeres: la hija de la amante, la esposa del protagonista y la propia amante. La misma historia que se desenvuelve en tres historias, tres cartas que el amante recibe tras la muerte de la amante.
Una verdad, tres verdades, cuatro verdades. La mirada de tres mujeres alrededor de un hombre al que han amado de diferentes maneras. La última carta, de Saiko, su amante, es sencilla y descarnada en la descripción de su amor, de su sufrimiento por ese amor. Habla de "su pecado"...
"¿No quieres impedirme que engañe a Midori durante toda nuestra vida?", contesté sin vacilar: "Ya que no podemos evitar ser pecadores, seamos al menos unos grandes pecadores. Y mientras vivamos, engañaremos no sólo a Midori sino a todo el mundo."

¿Hay modo más simple de resumir todo un océano de sentimientos en un párrafo?
El mérito de Inoué fue el de retratar soberbiamente y con tanta simplicidad la profundidad abisal del mundo femenino, la complejidad de nuestras relaciones con los demás. La inevitable soledad en la que estamos, tras breves instantes en que la magia existe y vemos la eternidad en la mirada de otro ser... por encima de todo la historia nos susurra sobre la soledad, lo difícil de comprendernos. Al principio de la novela, el protagonista afirma: Creo que es una gran locura en el hombre el querer que otro le comprenda.
Creo que, a modo de pequeño homenaje a lo simple, lo breve, al genial Yasushi, poco puedo añadir. He releído el libro, 18 años más tarde de la primera lectura y sigue pareciéndome una pequeña joya, uno de esos libritos que me llevaría sin dudar a una isla desierta.
domingo, 18 de octubre de 2009
El lector
En el curso del diálogo que Sócrates sostiene con Fedro en la obra del mismo nombre que escribió Platón, Sócrates explica una curiosa leyenda egipicia.
En ella el rey Thamus conversa con el dios Theuth (Thot para los griegos). Theuth es el inventor de las matemáticas, la geometría, la astronomía y la escritura. Así, Theuth ofrece su saber a Thamus, para que pase todo este conocimiento a su pueblo. El rey Thamus, tras considerar con detenimiento los pros y los contras del ofrecimiento del dios llega a la conclusión de que su pueblo estará mejor sin la escritura. El dios le dice que ese saber brindará sabiduría a su pueblo y mejorará su memoria. Thamus cree que, de aprender a leer, el olvido llenaría sus almas, dejarían de ejercitar la memoria porque confiarían en lo que permanece escrito, en lugar de su propio esfuerzo, serían unos caracteres ajenos a ellos los que traerían el recuerdo a su pueblo.
Extraído de The Spell of The Sensous (David Abram)
Fedro, Diálogos de Platón.
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En ocasiones leo más de un libro a la vez. Alterno uno de lectura más densa con algo más ligero o que me cueste menos de leer, pueden ser de temáticas similares o radicalmente distinas. Me ocurre como con la música, soy algo dispersa.
Una mañana, hará cosa de dos semanas, al levantarme, reparé en un detalle de mi librería. Tengo muchos libros, he leído unos cuantos y otros proceden de regalos, restos de mi pasado como correctora en una empresa de artes gráficas. No sé por qué reparé esa mañana en uno que llevaba muchos años ahí, colocado pulcramente junto a los otros. Leí su título. "no puede ser" me dije, medio dormida, medio incrédula. Lo saqué de su estante, miré sus créditos, la sinopsis. Cierto: había estado ahí todo el tiempo, desde el año 98, ante mis narices.
Empecé a leerlo aquella misma tarde.
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Narra la historia de Michael Berg, quien en su adolescencia conoce a una mujer, Hanna, bastante más mayor que él. Mantienen una particular relación, que se ve interrumpida abruptamente por la desaparición de Hanna. Michael sigue sus estudios y en plena carrera de derecho vuelve a encontrarla, esta vez en el curso de un juicio a criminales de guerra nazis. Ella figura entre las principales acusadas. Michael asiste al juicio totamente embotado por el reencuento, por el conocimiento de las atrocidades que allí se juzgaban y su propia incapacidad para reaccionar ante todo ello. Culpa a Hanna, no la entiende. Se culpa a sí mismo por haber amado a una criminal... Hacia el final del juicio descubre la razón de sus rarezas, su afición a que le leyeran en voz alta, su huida de la ciudad, su marcha de la fábrica Siemens para alistarse en las SS: Hanna es analfabeta. Su afán de ocultar este hecho la hace incluso renunciar a la prueba que la hubiera exculpado y asume toda la responsabilidad de los hechos juzgados. Michael duda de si debe o no intervenir en favor de Hanna. Al final no hace nada. Hanna es declarada culpable y condenada a cadena perpetua.
Sus caminos vuelven a separarse y en el curso de los años Michael comienza a releer libros de su adolescencia, en el curso de noches de insomnio. Hanna se ha mantenido en su recuerdo, pese a los vaivenes de su vida. Así que empiece a leer en voz alta para ella. Graba en cintas sus lecturas, averigua en qué prisión cumple condena y le envía libros, libros. Al correr de los años Michael recibe pequeñas notas que le sugieren que Hanna está aprendiendo a leer y a escribir. A Hanna le acortan la condena y desde la prisión se ponen en contacto con él para ayudarla en su regreso a su mundo, pues es la única persona del exterior con quien ha mantenido algún contacto.
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La prosa de Schlink es sencilla sin demasiados adjetivos ni adornos, pero consiguió hacerme llegar un mundo de sentimientos, angustias, dudas y certezas.
Trata de la revisión del horror nazi, tema que imagino no ha sido fácil de asumir por las generaciones de alemanes que nacieron tras la Segunda Guerra Mundial. Tengo buenos amigos alemanes con los que hemos hablado del tema. Sé que no lo llevan bien. Es difícil llevar bien una lacra tan tremenda, tan reciente, de la que en cierto modo no pueden escapar con una declaración neutra. Las reflexiones de Michael Berg sobre la revisión del pasado, la condena a su generación anterior, responsable de esos horrores reflejan esa inseguridad y ese desconcierto que menciono. La actitud de acusados y testimonios en el juicio es sobrecogedora, vista desde mi perspectiva de lectora anónima que no estuvo en ninguno de los bandos. ¿Cómo se puede vivir tras semejantes crueldades? ¿Cómo se puede vivir tras haberse salvado de un horror tan deshumanizador como debe de ser un campo de concentración? ¿Cómo seguir adelante cuando sabes que un par de calles más arriba vive uno de tus antiguos guardianes? ¿Cómo seguir tras la impunidad en la que muchos militares nazis no solo vivieron sino que fueron utilizados por los gobiernos tanto norteamicano como soviéticos para rehacer redes de espionaje, aprovechar su "sabiduría"?
Esa es una parte de la historia, pero hay otra: la relación secreta que Hanna y Michael mantuvieron. Michael tenía apenas 15 años. Hanna tenía 36. Una relación rara, de dominación, de silencios, de sexo, de descubrimientos, de lecturas, que condicionará toda la vida afectiva de Michael. Él dice que la traiciona con su afán de ocultar su existencia ante los demás. Dice: "Sé que negar a alguien es un tipo más bien inofensivo de traición. Desde fuera no se aprecia si uno está negando a alguien o simplemente pretende ser discreto o considerado [...] Pero el que niega a otro sabe muy bien lo que hace. Y negar una relación es una manera de socavarla tan grave como otras formas de traición más espectaculares". (pág. 72 de la versión castellana publicada por Editorial Anagrama). Michael se sentirá culpable el resto de su vida: por haber amado a una criminal de guerra y por haberla traicionado al negarla ante los demás. Al final, ¿hay salvación? ¿Es posible el perdón?
Hanna es una criatura que se avergüenza de su analfabetismo. Ella es otra víctima histórica. Un mundo que separa a todos aquellos que no leen y escriben. Esa ¿tara? la lleva a tomar dicisiones que acabarán arruinando su vida. De hecho se pasa la vida huyendo, en cuanto le ofrecen un ascenso, la oportunidad de mejorar laboralmente, ella huye, pues tendría que declarar al mundo que no es como los demás. Yo entiendo que tan solo por ese afán llegó a las SS. Es algo que ella acabará descubriendo y pagando muy caro. Todavía le quedará dignidad para asumir una culpa que no fue suya y afrontar las consecuencias. En la prisión aprenderá a leer y a escribir y –quiero pensar- se redimirá.
El lector es una novela compleja en su brevedad, apenas 200 páginas en cuerpo de letra grande. Pero me ha parecido impresionante.
Además, hay una versión cinematográfica por la que Kate Winslet recibió, merecidamente, un Óscar por su interpretación de Hanna. También he de mencionar la brillante actuación de Ralp Fiennes (uno de mis actores favoritos) en un Michael Berg adulto cuyo rostro me siguió durante la lectura del libro.
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Ahora viene cuando alguien se preguntará qué tendrá que ver la leyenda del Fedro de Platón con el comentario de este libro. En un capítulo de The Spell of the Sensous, David Abram habla del origen del alfabeto. Es un capítulo apasionante. Vincula la aparición del alfabeto y, claro, de la escritura, a la separación definitiva del hombre del resto de seres vivos. Contrasta las culturas que se basan en la tradición oral y las que tienen el soporte de la escritura. En el contexto de nuestra relación con el resto del mundo, animado e inanimado, me resultó curioso encontrar precisamente un libro que habla de alguien que se menospreciaba por no saber leer y escribir. Un libro que, por otro lado, llevaba años en la estantería.
Es difícil imaginar ahora un mundo sin escritura, sin gente que no sepa leer y escribir. Sin embargo la transmisión oral ha sido durante muchísimo tiempo la forma de transmisión de identidades culturales, mitos, historias. La memoria que se esforzaba en no olvidarse a sí misma.
Sin embargo, con tanto soporte escrito y ya en el umbral de otro salto -el del registro virtual- no parece que nuestra memoria haya mejorado. Con qué facilidad olvida la Humanidad las lecciones de nuestro pasado. Con qué ganas se aprestan muchos en sembrar el olvido de cierto momentos de la Historia...
viernes, 9 de octubre de 2009
Piel adentro
For Anne Sexton
Looking down on empty streets, all she can see
Are the dreams all made solid
Are the dreams all made real
All of the buildings, all of those cars
Were once just a dream
In somebody's head
She pictures the broken glass, she pictures the steam
She pictures a soul
With no leak at the seam
Let's take the boat out
Wait until darkness
Let's take the boat out
Wait until darkness comes
Nowhere in the corridors of pale green and grey
Nowhere in the suburbs
In the cold light of day
There in the midst of it so alive and alone
Words support like bone
Dreaming of mercy street
Wear your inside out
Dreaming of mercy
In your daddy's arms again
Dreaming of mercy street
swear they moved that sign
Dreaming of mercy
In your daddy's arms
Pulling out the papers from the drawers that slide smooth
Tugging at the darkness, word upon word
Confessing all the secret things in the warm velvet box
To the priest-he's the doctor
He can handle the shocks
Dreaming of the tenderness-the tremble in the hips
Of kissing mary's lips
Dreaming of mercy street.
Wear your inside out
Dreaming of mercy
In your daddy's arms again
Dreaming of mercy street.
swear they moved that sign
Looking for mercy
In your daddy's arms
Mercy, mercy, looking for mercy
Mercy, mercy, looking for mercy
Anne, with her father is out in the boat
Riding the water
Riding the waves on the sea
-------------------------------
-------------------------------
Peter Gabriel dedicó esta canción a Anne Sexton, una poetisa, una mujer demasiado sensible, presa de una angustia vital que la llevó al suicidio en 1974.
Hoy, leyendo algunos datos su vida he recordado esta canción que estos días he escuchado al salir del centro de salud mental en donde he estado trabajando estas dos últimas semanas.
De la mano de este trabajo he empezado a conocer en profundidad la cantidad de trastornos que padece la población.
Trastornos cuyo número crece sin parar ya que, dejando de lado patologías orgánicas, cuestiones como el paro, las separaciones, las tragedias de la vida que a veces vienen juntas de la mano, vencen la resistencia emocional de algunas personas... se me ha hecho patente que es difícil valorar sin saber antes lo que ocurre en las vidas de la gente, en cómo afrontan los vaivenes de la vida, cual es el punto de rotura de cada uno. Decir "es que ya no puedo más"... y dejarse llevar a los abismos más profundos.
La vida que llevamos no es natural, todo se complica por momentos, vamos poniendo parches materiales, espirituales, hasta que el río de la vida se nos escapa por los rotos del alma. Es por ello que termino esta suplencia con el convencimiento de que estamos todos, en mayor o menor medida, abocados a la locura.
Hay muchos tipos de locura. Muchos no se clasifican, hay locos muy corrientes, que pagan impuestos, van al trabajo, rezan en la iglesia, salen de caza los domingos... hay muchos locos. Unos se ven, otros caminan, disfrazados entre nosotros. Algunos sonríen, algunos parecen felices en su locura. Otros en cambio están tristes, mortalmente tristes. Muchos más de los que suponemos sufren, aunque sonrían.
Parece que algunas mujeres, como lo fue Anne Sextos, convirtieron parte de su angustia en verso, hasta que su vida entera desbordó al cuerpo.
Quizá porque es otoño y mis paseos se hacen más tranquilos, más reflexivos, voy reparando más en lo que va un puntito más allá de lo que mostramos, vislumbro pequeños retazos de todo aquello que precisamente, queremos ocultar a los demás.
Looking down on empty streets, all she can see
Are the dreams all made solid
Are the dreams all made real
All of the buildings, all of those cars
Were once just a dream
In somebody's head
She pictures the broken glass, she pictures the steam
She pictures a soul
With no leak at the seam
Let's take the boat out
Wait until darkness
Let's take the boat out
Wait until darkness comes
Nowhere in the corridors of pale green and grey
Nowhere in the suburbs
In the cold light of day
There in the midst of it so alive and alone
Words support like bone
Dreaming of mercy street
Wear your inside out
Dreaming of mercy
In your daddy's arms again
Dreaming of mercy street
swear they moved that sign
Dreaming of mercy
In your daddy's arms
Pulling out the papers from the drawers that slide smooth
Tugging at the darkness, word upon word
Confessing all the secret things in the warm velvet box
To the priest-he's the doctor
He can handle the shocks
Dreaming of the tenderness-the tremble in the hips
Of kissing mary's lips
Dreaming of mercy street.
Wear your inside out
Dreaming of mercy
In your daddy's arms again
Dreaming of mercy street.
swear they moved that sign
Looking for mercy
In your daddy's arms
Mercy, mercy, looking for mercy
Mercy, mercy, looking for mercy
Anne, with her father is out in the boat
Riding the water
Riding the waves on the sea
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Peter Gabriel dedicó esta canción a Anne Sexton, una poetisa, una mujer demasiado sensible, presa de una angustia vital que la llevó al suicidio en 1974.
Hoy, leyendo algunos datos su vida he recordado esta canción que estos días he escuchado al salir del centro de salud mental en donde he estado trabajando estas dos últimas semanas.
De la mano de este trabajo he empezado a conocer en profundidad la cantidad de trastornos que padece la población.
Trastornos cuyo número crece sin parar ya que, dejando de lado patologías orgánicas, cuestiones como el paro, las separaciones, las tragedias de la vida que a veces vienen juntas de la mano, vencen la resistencia emocional de algunas personas... se me ha hecho patente que es difícil valorar sin saber antes lo que ocurre en las vidas de la gente, en cómo afrontan los vaivenes de la vida, cual es el punto de rotura de cada uno. Decir "es que ya no puedo más"... y dejarse llevar a los abismos más profundos.
La vida que llevamos no es natural, todo se complica por momentos, vamos poniendo parches materiales, espirituales, hasta que el río de la vida se nos escapa por los rotos del alma. Es por ello que termino esta suplencia con el convencimiento de que estamos todos, en mayor o menor medida, abocados a la locura.
Hay muchos tipos de locura. Muchos no se clasifican, hay locos muy corrientes, que pagan impuestos, van al trabajo, rezan en la iglesia, salen de caza los domingos... hay muchos locos. Unos se ven, otros caminan, disfrazados entre nosotros. Algunos sonríen, algunos parecen felices en su locura. Otros en cambio están tristes, mortalmente tristes. Muchos más de los que suponemos sufren, aunque sonrían.
Parece que algunas mujeres, como lo fue Anne Sextos, convirtieron parte de su angustia en verso, hasta que su vida entera desbordó al cuerpo.
Quizá porque es otoño y mis paseos se hacen más tranquilos, más reflexivos, voy reparando más en lo que va un puntito más allá de lo que mostramos, vislumbro pequeños retazos de todo aquello que precisamente, queremos ocultar a los demás.
miércoles, 7 de octubre de 2009
Contra los recortes en I + D

A ver si la cordura y la sensatez impregnan las neuronas de esas personas a las que pagamos un sueldazo que no ganan, amparados en aquello tan tonto de que "nosotros les elegimos haciendo uso de nuestro derecho de sufragio universal".
Menos mansiones, menos relojazos, menos privilegios y más trabajo decente.
---------------------
Y, dicho esto, perdóneseme la licencia de suspirar por un país con algo más de inteligencia en sus dirigentes.
sábado, 26 de septiembre de 2009
Sueños
Now here you go again
You say you want your freedom
Well who am I to keep you down
Its only right that you should
Play the way you feel it
But listen carefully to the sound
Of your loneliness
Like a heartbeat.. drives you mad
In the stillness of remembering what you had
And what you lost...
And what you had...
And what you lost
Thunder only happens when its raining
Players only love you when theyre playing
Say... women... they will come and they will go
When the rain washes you clean... youll know
Now here I go again, I see the crystal visions
I keep my visions to myself
Its only me
Who wants to wrap around your dreams and...
Have you any dreams youd like to sell?
Dreams of loneliness...
Like a heartbeat... drives you mad...
In the stillness of remembering what you had...
And what you lost...
And what you had...
And what you lost
Thunder only happens when its raining
Players only love you when theyre playing
Say... women... they will come and they will go
When the rain washes you clean... youll know
-----------------------------------------------------------------------------------
Ayer, por fin, acabé la suplencia de tres semanas que me ha tenido ocupada en cuerpo y alma.
No ha sido fácil. No ha sido divertido. El trabajo bajo presión, las interferencias constantes y la falta de formación para un tipo de trabajo que realmente no se puede improvisar, me ha puesto contra la espada y la pared en más de una ocasión.
Ayer finalicé mi tarea, tarde, agotada y sorprendida por la mala leche que tiene la gente en el mundo real. Esto último ya debería de saberlo por mi edad.
Algunas parece que no aprendemos.
Ahora junto todas las experiencias, todo lo vivido y lo aprendido, bajo el prisma del análisis a posteriori... y me queda una sensación de soledad tremenda. No es que duela, pero cada vez, con mayor frecuencia, me siento sola en un entorno lleno de gente contra la que nos resbalamos una y otra vez. Lo peor es sentir esta soledad desde tu entorno más próximo. Supongo que es así y no siempre se puede evitar.
Insisto: no me gusta la gente en general. La inmensa mayoría... da miedo. Mucho miedo.
viernes, 28 de agosto de 2009
Lenguaje

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I see the lines in the palm of its hand now
I listen hard but no words spring to mind
And it sounds so sweet, listen to its heartbeat
And I'm drowning in its sea
Falling at its feet
Listen to my heartbeat baby
And the blood sail leaves tonight
Fated in its blindness
And it won't be long before help is at hand
And the darkness sleeps
Cushioning the heartbeat
And I killed the captain, sank the fleet
To liberate the heartbeat baby
And it sounds so sweet
And it sounds so sweet
Listen to our hearts beat
And the darkness sleeps
Cushioning the heartbeat
And I'm drowning in its sea
Falling at its feet
Listen to my heartbeat baby
It speaks to ghosts and souls alike
Springs to life, and doesn't think twice
Wrapped in the blood sail
Bathed in snow
Nailed to the source and it won't let go
Fed on the bible, grown from trees
It opened the mind and the heart was free
A home in the silence, safe from sound
Where trouble sleeps and the light is found
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Leo en el libro de David Abram sobre el lenguaje, en su doble vertiente de sistema abstracto de signos a través de los cuales nos comunicamos y de su parte expresiva, relativa a la expresión corporal a lo relacionado con el entrono, más difícil de explicar de un modo científico. Es el doble concepto La lange-La parole de la teoría expuesta en su momento por el lingüista suizo Ferdinand de Saussure. El lenguaje viene a ser una combinación de las dos.
Eso hace que el acto de la comunicación sea más complejo y difícil de lo que parece a simple vista. Las palabras, por sí solas, son insuficientes para reflejar esa masa misteriosa que surge de nuestro intelecto. De ahí el riesgo de malentendidos y confusiones más o menos divertidas, más o menos penosas.

Pretender conocer a los demás, expresar con la palabra lo que se lleva dentro es tarea ardua, cuando no abocada al fracaso. Estamos encerrados en nuestras cáscaras, nos pasamos el día abriendo la boca, articulando sonidos que pretenden transmitir ideas, tecleamos cada día varias horas a la caza de esa expresión que muestre algo del misterioso mundo que habita en nuestro interior.
Hay días en que esa tarea me parece absurda. ¿Escuchamos realmente a los demás? ¿Esperamos ciertamente que alguien escuche con honestidad lo que pretendemos decir? ¿esperan los demás nuestra atención o nos piden aprobación tan solo? ¿no estamos siguiendo nuestro discurso interno, justificando constantemente nuestros actos, a los que damos forma material con nuestras palabras?
¿No será un esfuerzo inútil el intentar que alguien nos entienda más allá de lo materialmente necesario?
"Tengo hambre. El agua está hirviendo. Llueve. A Juan le duele la cabeza." Son expresiones concretas de un hecho, comunican lo que pretenden. Explicar sentimientos, intentar justificar algo incomprensible a los demás... es tarea de valientes. Esperar que nos comprendan es pedir mucho. Luego está la búsqueda de aprobación. Eso ya es pedir demasiado.
Las cosas pasan, a veces el hombre realiza actos difíciles de explicar, incomprensibles a los que los contemplamos.
Somos islas en un océano inmenso. No siempre es posible entendernos. No siempre es posible ser aceptados, comprendidos. Tampoco es necesaria esa comprensión.
Cuando el cansancio llega, cuando uno se llena de las palabras de los demás, de las exigencias de los demás, se llena de las propias palabras, de las propias exigencias... entonces es mejor el silencio. Lo mejor es dejar que el silencio hable por sí mismo.
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