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jueves, 5 de agosto de 2010

ILP: nueva tomadura de pelo a la concurrencia



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¿Qué se entiende por derecho? El derecho es todo aquello exigible por parte de alguien (la Administración) a otro (ciudadano, administrado) en virtud de un compromiso previo (una norma) que lo establece o bien por un hecho puntual.

El derecho está formado por los elementos siguientes:
Sujeto activo: quien ostenta el derecho.
Sujeto pasivo: quien ostenta la obligación.
Objeto: la causa que justifica la existencia del derecho.
El acto: documento que recoge la información anterior, la cantidad, los términos del pago.


De gestión presupuestaria pública. Clase del 30/07/10

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Lo reconozco, mi manera de introducir este post es rarita, sí. Se me ha ocurrido trasladar estas notas que fueron la introducción del viernes pasado, en mis clases, a la ejecución del presupuesto de ingresos en mi comunidad y supongo que similar al resto de comunidades de este país. ¿Qué sentido tiene transcribir estas notas? Me hicieron pensar en todo lo leído y escuchado durante los días posteriores a la votación que se llevó a cabo en el Parlament catalán para prohibir las corridas de toros.

El derecho es algo que alguien se saca de la manga, básicamente para fastidiar a otros, o para defenderse de otros. No pierdo de vista que derechos no tenemos nadie a priori, ningún ser vivo los tiene. Nosotros los inventamos, como todas nuestras reglas y normas, para lo que nos conviene, según soplen los vientos. En la naturaleza, las cosas simplemente ocurren y están relacionadas.

Me ha quedado un sentimiento agridulce tras la votación de la ILP, creo que la primera que llega hasta el final en mi comunidad autónoma (desgraciadamente, perdimos la batalla con la ILP sobre el cultivo de transgénicos). ¿Se ha hecho historia? ¿es un avance? ¿supone esto un recorte de libertades, como abogan unos? ¿va a causar más paro, dicen otros? insisto, mi sentimiento es más agrio que dulce.

En un primer momento me alegró que la votación diera el resultado que dio. Pero no me gusta el trasfondo, ni las maniobras que algunos se han dedicado a hacer de todo esto, ni las maneras hipócritas tanto de protaurinos como de ciertos antitaurinos.

Llevo tiempo intentado hacer entender a gente de fuera de Cataluña que muchos de los que en su día firmamos para apoyar la ILP lo hicimos por motivos puramente animalistas: "La Fiesta" es una tradición, pero una tradición bárbara, cruel y desagradable, en la que hay gente que se divierte y habla de "arte" ante el via crucis que sufre el toro hasta que lo matan. Punto. No hay más. Si la Fiesta es un símbolo nacional, a nosotros no nos importaba. La cuestión no era esa. Pero siempre hay cretinos dipuestos a dar la vuelta a las cosas, desde luego si los ha habido con ideas de venganza infantil en mi tierra, tras la cacareada sentencia de l'Estatut.

Me avergüenza prohibir, me avergüenza que nuestra sociedad sea todavía tan inmadura para tener que andar prohibiendo las cosas con amenaza de castigo en forma de sanción, al más puro estilo "Niño, si no te comés toda la sopa, voy y llamo al hombre de la bolsa" (Le Luthiers dixit). Pero también me avergüenza comprobar diariamente que todavía hay gente que me cuenta cosas como que el toro "ha nacido para esto", que el "toro no sufre dolor" que es una tradición que hemos de respetar, que es arte, que es cultura... intenté comprender estas posturas, intenté verlas desde el lado de los protaurinos.

Pero no puedo. Desde muy cría, me revolvió el estómago la visión del toro lleno de banderillas, sangrando herido, hasta la estocada que casi pedías por favor que llegara y fuera rápida; me horrorizó la única vez que me llevaron a una fiesta de la matanza del cerdo, me horrizó mi padre, siempre matando sus conejos, los pavos navideños... Hace mucho que dejé de discutir con la gente que me llama chalada por estar en contra de "La Fiesta" (mi padre el primero) porque no hay nada que negociar ni terreno común del que partir para comprender. El toro sufre porque su sistema nervioso le condiciona a ello, el toro es una especie como otra cualquiera que el Homo sapiens ha manipulado genéticamente desde el Neolítico para adaptarlo a sus necesidades. No ha nacido "para nada especial", simplemente llegó hasta aquí, evolutivamente hablando, como los osos, los lobos y tantas otras especies animales que habitaban nuestra península y han sido prácticamente exterminadas por estorbar nuestros intereseses (ganado, cultivos, etc.)

A estas alturas "crear arte" a partir de un espectáculo de sangre me parece aberrante, anacrónico. Nos jactamos de ser más avanzados que otras civilizaciones, pero sin embargo mantenermos comportamientos tribales ancestrales. Si somos civilizados, tradiciones como los toros, las peleas de perros, las de gallos, los correbous, las celebraciones de Tordesillas, por nombrar unos pocos de los muchos espectáculos con animales que se ofrecen en España por estas fechas, deberían haber quedado en el pasado hace mucho, del mismo modo que fuimos dejando rituales de sacrificios humanos diversos, tan comunes en otras épocas.

Se supone que como especie vamos avanzando espiritualmente hasta cierto nivel de progresión que debería implicar un mayor respeto hacia el resto de seres vivos. Se aprendió a respetar a la mujer (recordemos que no hace tanto no teníamos muchos más derechos -bonita palabra- que la cabra o la gallina del señor de la casa, y esto todavía es dolorosa realidad en muchos rincones del mundo), a los niños, luego vienen el resto de seres vivos, es lo natural; eso es, creo yo, lo natural.

Pero escribo bobadas. El espectáculo de estas semanas ha consistido en contemplar la hipocresía de políticos autonómicos, pactando la exclusión dels correbous de Tarragona (una salvajada de iguales proporciones a la Fiesta, por muy catalana que se considere, aquí no hay nacionalismo que valga) y dejando la ILP coja, contaminada de nacionalismo catalán por un lado, de desprecio hacia España por otro y de distracción en general para el gran público que, mientras se peleaba por si la Fiesta era un símbolo español o senegalés no recordaba la atroz crisis económica que estamos viviendo y la mediocridad de unos políticos, TODOS: NACIONALES, AUTONÓMICOS, DE DERECHAS, DE IZQUIERDAS, incapaces de proponer ideas creativas para rehacer nuestra penosa economía.

Así que, con semejante panorama, una no está feliz ante esta pequeña victoria. Una pequeña victoria que desde luego lo es: para el toro, para la consecución de un mundo más respetuoso y para seguir sobre el debate de nuestra sociedad sobre qué actitud hay que tomar respecto al resto de seres vivos no humanos. Per ha sido también decepcionante, porque la han tintado con los colores de la mentira y la manipulación. Jamás se me ocurrió pensar que al firmar por la abolición de las corridas de toros estuviese despreciando España, del mismo modo que rechazar los correbous ahora me va a convertir en anticatalanista. Muchos de los que secundamos esa iniciativa no comen carne de otros animales, algunos comemos la justa y necesaria sin caer en gulas. Muchos de los que firmamos para apoyar esta ILP procuramos no llevar pieles encima, intentamos no ensuciar nuestra tierra (y las otras) más de lo justo, intentamos ser conscientes de lo que nos llevamos a la boca, respetando que sea vida animal o vegetal, intentamos respetar nuestra casa común, la tierra, Gaia, en la que habitamos todos...

Es muy fácil defender las corridas de toros ante un bistec de 500 gr. que poca gente tiene arrestos para matar, o peor todavía, estar en contra de ellas, pero comerse con indiferencia la pechuga de un pollo que fue criado en un auténtico campos de exterminio y tuvo una vida miserable antes de llegar a su plato. Nuestra hipocresía, nuestra ignorancia, no conoce límites.

Si al PP le interesa ver en esa ILP un rechazo hacia España, si el PSC se apunta ahora a la movida antitaurina porque hace más giliprogre, si los de ERC siguen con su talante de doble moral independentista de oportunidad, si Convergència i Unió vota siempre lo que le va a ayudar a recobrar antes el poder, fantástico por todos. Pero... no era eso, no han respetado la esencia de lo que una iniciativa legislativa popular significa. De nuevo ignoran que delegamos en ellos la capacidad para legislar o, sencillamente, ni se leyeron la Constitución del 78.

Se equivocó la paloma, se equivocaba. (R. Alberti)
No és això, companys, no és això. (LL. Llach)

miércoles, 26 de mayo de 2010

Maternidad y ecología

Domingo 16 de mayo, 8:30h de la mañana.

Estoy en el distrito de Horta. Allí colaboro con otras compañeras en tareas proteccionistas, de las que no doy más datos por no ser ese el eje de mi entrada.

Cerca de la parada del metro, de un portal cercano sale un niño, le supongo unos doce o trece años.

Sale vestido con chandal y deportivas, en la mano lleva una enorme bolsa de patatas frías, de la que va engullendo su contenido.

Relentizo mi paso, totalmente sorprendida por la imagen: niño, hora, desayuno: gran bolsa de patatas fritas.

Mi mirade debe de ser muy expresiva, incluso he ralentizado mi paso. Se cruza conmigo una mujer más joven que yo y que se dirige hacia el crío para picar al timbre de la puerta, parecen estar cargando el coche para marchar de excursión.

Se fija en mi expresión y me mira mal, ¿qué demonios hago yo, mirando a su hijo?

Claro, ¿es demonios hago yo escudriñando lo que un niño desayuna un domingo, aunque sea una gran bolsa de Fritos, Doritos o similares?

Les dejo y sigo mi camino, totalmente desconcertada por lo que acabo de ver.

Al mismo tiempo vienen a mi mente las últimas noticias que se han publicado en mi comunidad autónoma, referentes al gran déficit que arrastra la sanidad pública y que no tiene visos de menguar, sino más bien al contrario.

Se me dice constantemente que "somos libres" de comer lo que queramos, beber lo que nos apetezca y, en suma, meter en nuestro cuerpo lo que nos plazca.

Somos libres... hasta que la enfermedad nos delata.

¿No fue hace unos meses, apenas unos años, en que a una madre se le retiró la custodia de su hijo por darle un guantazo? ¿dice algo la Ley sobre malalimentar a los hijos o fomentar constumbres, cuando menos poco sensatas?

Pues nada, que salgo a la calle, constante fuente de inspiración, y a veces, de espanto.

viernes, 21 de agosto de 2009

Políticamente incorrecta


Lo digo claro y alto: ¡Somos unos sucios de mucho cuidado!

Este país nuestro parece haber basado parte importante de su economía en dos sectores: uno el del ladrillo (y así nos va), el otro tiene también mucho de discutible: el turismo. El turismo es algo que los habitantes de Barcelona sufrimos cotidianamente, unos con más paciencia que otros. No voy a entrar en cuestiones económicas. Se nos dice que el turismo es bueno para España, que es bueno para Barcelona.

Como no soy una gran viajera no sé qué impacto puede causar en otras zonas de España. Supongo que depende de la cantidad y de la clase de viajeros que han de soportar.


Puedo contar lo que tenemos en esta ciudad: tenemos un montón de turistas, la mayoría maleducados, sucios, que vienen a consumir grandes cantidades de alcohol y a comprar más o menos chorradas dependiendo de su poder adquisitivo. El turismo que más veo ni siquera está dispuesto a gastar demasiado, pero lo que se dice ensuciar, vaya si ensucia.

La zona del puerto, Maremagnum y la Barceloneta se convierten cada verano en un vertedero de restos de comida, innumerables latas, fluidos humanos diversos, cuando no de indiviudos e individuas que se ponen a dormir tranquilamente la mona en cualquier rincón. (Un día vi uno que dormía tan al margen del muelle que temí que verlo caer al agua en cualquier momento). Otras zonas emblemáticas de la ciudad, como Montjuïc, el barrio Gótico, la Sagrada Familia, el parque Güell, por citar las más conocidas, sufren iguales embistes del turismo veraniego.

El día que tomé estas fotos, indignada, otro caminante, me comentó dolido la gran cantidad de suciedad que se acumulaba en el puerto en estas épocas del año. Se quejaba de que el ayuntamiento hace poco, por no decir nada, para arreglar este desaguisado. Lo primero de todo es que pudimos constatar la escasez de papeleras en nuestro recorrido. Esto es parte del problema, aunque no disculpa a los habitantes nocturnos que bien pueden recoger sus restos en bolsas y dejarlos en el lugar adecuado. Con los fluidos pasa otro tanto, ¿a tal nivel se ha llegado que la gente no puede buscar un lugar correcto para aliviar la presión de sus uretras? No me imagino haciendo semejantes cochinadas en ciudades como Londres, París, Berlín, en donde se supone que la gente es mucho más limpia que los latinos... pero son ciudadanos de estas ciudades los que llegan a este país y olvidan su esmerada educación europea.

En mis escasos viajes lo que procuro es molestar poco, preguntar mucho y ser respetuosa con lo que encuentro, me guste o no me guste. Asimismo intento que mi paso no se note demasiado, me refiero a dejar restos, basura, en lugares inconvenientes. Es una costumbre fruto de años de la sencilla educación que recibí en mi hogar y luego completada en mis caminatas montaña arriba, en donde nunca he dejado ni tan siquiera una colilla de tabaco (durante el escaso tiempo en que cometí la tontería de fumar). En la facultad de Geología, durante las salidas de campo que realizábamos, había una férrea política de dejar el entorno limpio y llevarnos las basuras con nosotros.

Parece que las costumbre se relajan, los buenos hábitos se pierden. Así que en Barcelona hemos de soportar "los daños colaterales". Todo vale, todo, por mantener el negocio. No creo que el beneficio esté justificado. Aquí, los únicos que tienen el trabajo garantizado son los pacientes y aguerridos chicos y chicas de BCN Neta, la empresa que hace lo posible por remediar este desaguisado.





Indignación aparte, todo esto hace reflexionar sobre el papel que tenemos ante el entorno "que no es nuestro". Llenamos todo de basuras, porquería... a veces imagino como en una caricatura un mundo redondo, perfecto... lleno, llenito de deshechos, bolsas, latas, plásticos...

Un mundo perfecto, ¿verdad? hecho por y para el hombre.

Sigo caminando cada mañana hacia mi trabajo y miro entristecida el agua del puerto, que tampoco se libra de la suciedad. Deseo de corazón que se acabe el verano, que se larguen los turistas. Tengo la tremenda sensación de que somos la putita barata del turismo de consumo. Barcelona ya es una ciudad bastante deshumanizada, ¿hemos de aguantar también esto?

lunes, 3 de agosto de 2009

Ensaladas de verano: cocina sin cocina



INGREDIENTES: (para una persona o dos según cantidades y hambre)
1 pimiento verde
1 pepino
2 mazorcas de maíz crudo
2 tomates firmes, de ensalada
1 cebolla dulce (o morada)
1/2 radicchio


1. Lavar los ingredientes y secarlos.
2. Con un cuchillo bien afilado trocear en daditos todos los ingredientes. El atractivo del plato está en su presentación en trocitos menudos.
3. Se disponen todos los ingredientes en el plato.
Queda muy sabrosa acompañada de una sencilla vinagreta.


COMENTARIOS:
La gente suele pelar los pepinos. Por cuestiones nutricionales me parece un error tremendo, pero cada cual puede hacer según su costumbre y gusto. Dejar la piel de los pepinos añade un toque de verde, le da un punto crujiente al plato y su aporte nutricional en fibras y otras sustancias no es nada desdeñable. Otro tema es el radicchio, de sabor algo amargo que no gusta a todo el mundo, las proporciones son, cómo no, un poco a gusto de cada uno, yo recomiendo no poner demasiado en este caso. El maíz puede ser de lata, yo lo compro en mazorcas, crudo, en el mercado y se desgranan sin problemas. El plato queda listo en menos de un cuarto de hora, pese al trabajo de trocear los ingredientes. Tiene color, un montón de nutrientes y queda perfecta con los calores del verano. Además, para aquellos preocupados con su peso... ¡no hay calorías vacías en este plato! por lo que se puede usar y abusar de él. No hay fogones, no hay sartenes sucias, platos grasientos... ¿queréis más simplicidad?

martes, 16 de junio de 2009

Comida

Cuando hablamos de simplicidad, de ecología, de moderación, de consumo, muchas veces pasamos por alto todo lo referente a la comida y su preparación, sus consecuencias sobre nuestra salud y nuestro entorno. Parece que la comida es como un tema aparte, aislado, algo que no tiene nada que ver con el resto.

Yo no lo veo así y hace unos meses ya apunté algo en este sentido cuando comencé a hablar de los supermercados y los mercados.

Si hablamos de simplicidad, de economía, de salud, de ecología, no queda más remedio que ponerse a observar detenidamente todo, insisto, todo lo que nos rodea. Esto incluye también la comida y nuestros hábitos alimentarios.

Nos sentamos ante la tele, sin ir más lejos, y nos dejamos atontar por los innumerables anuncios de productos quasi-mágicos. En la caja tonta hace tiempo que desapareció la comida real en aras de una industria alimentaria que nos vende aire, productos manipulados con promesas de salud, belleza y sobretodo sabor, en franca competición con el anticelulítico de turno o el último grito en maquillaje...

Una cebolla es una cebolla, un zumo de naranja es justo lo que parece, un yogur ha sido toda la vida un yogur, no un milagro con marca + patente. A nadie se le puede escapar que no hay producto más natural que el que tenemos en la cocina de casa, llegado directamente del mercado más próximo. El cacareado "sin conservantes ni colorantes" no cuela ni haciendo un acto de fe. Tan solo hay que hacer la prueba de realizar un zumo de naranja en casa y dejarlo en la nevera un par de días a ver qué pasa. Pasa lo que tiene que pasar y si con el zumo de marca tal o cual no pasa, todos sabemos la razón (salvo los que ese día no fueron a la escuela y estaban de novillos por ahí, que el resto os vimos :-)) )... esos no conservantes no estabilizantes ni saborizantes que el susodicho zumo "no lleva" hacen que las cosas duren y duren más de lo natural. Otro tema no menos importante es el destino de los nutrientes esenciales de estos alimentos tras toda esa manipulación e higienizado de los productos.


Con respecto a la publicidad, declaro que en ciertos momentos roza la desfachatez y el engaño más penoso. El verano pasado, sin ir más lejos, salió un anuncio, quienes vean un mínimo de televisión lo recordarán, que anunciaba un gazpacho con la coletilla de que "salía más barato que el hecho en casa".



Francamente, me dio mucha rabia el anuncio y me molesté en hacer la prueba. El resultado: el gazpacho que suelo hacer me sale más barato que cualquiera que pueda comprar, con un sabor mucho más genuino, que nunca es igual, claro, porque la cocina no es una ciencia exacta y depende de las proporciones de pepino, tomate, pimiento y ajo que se le ponga, depende de la inspiración del momento (no olvidéis que la cocina es un pequeño laboratorio en donde también hay arte), depende del grado de madurez y calidad de esos ingredientes... pero su sabor no tiene nada que ver con el que sale de un tetrapack. Por otro lado, el gazpacho que sale de mi cocina no lleva apenas sal, yo decido la cantidad que le pongo, y por supuesto lleva aceite picual de excelente calidad en la proporción que yo decido, que nunca suele ser más bien parco... ¿qué marca de gazpacho puede garantizarme semejante calidad de aceite en sus preparados? eso sin contar con la cantidad, siempre excesiva, de sal que lleva cualquier preparado industrial (y luego la gente no se explica las hipertensiones esenciales, ¡ja!)

Este es tan solo un ejemplo. Estos productos no ahorran realmente tiempo como dicen, salen caros, suponen un montón de envases de los que hay que deshacerse y encima implican que nos metemos en el cuerpo más porquerías cuyos efectos a largo plazo, ningún gobierno garantiza como inocuos (del dicho al hecho va un trecho).

Además, desde una perspectiva más personal, la mía, estos productos me desagradan porque me alejan de la verdadera naturaleza de los alimentos. No hay nada comparado a la belleza de las hortalizas en las paradas de los mercados, el espectáculo de color, por las mañanas, la charla amable con el tendero sobre la calidad de tal o cual fruto, las particularidades de su recolección (si se tiene la suerte de poder establecer contacto con los productores, algo en lo que estoy cada vez más interesada)... Fruta, verdura, frutos secos, expuestos al aire de la mañana. ¿Tiene eso punto de comparación con el brillo artificioso del cartón y sus promesas, por más diseño que le hayan aplicado al mismo?

sábado, 23 de mayo de 2009

Coches: sobre la velocidad y el tocino vs cada vez lo entiendo menos

Durante esta semana se ha hablado mucho de una de las maravillosas medidas que nuestro gobierno pone en marcha con el fin de suavizar, parar, ralentizar, arreglar (léase aquí el adjetivo que más convenga) la temible crisis: el nuevo plan Renove que va a reactivar el consumo en el sector del automóvil.

Y yo me creo que soy bruja, je je, lo que hace el gobierno que es magia; falta ver todavía si es magia blanca, negra, o gris con topos verdes.

Esta noticia me llenó de asombro y de estupor: ¿esto es todo lo que se puede hacer para paliar la crisis? ¿reactivar el consumo es la respuesta?

Vamos a ver si lo he entendido bien.

Antes la gente que podía se compraba un coche, y lo hacía durar el máximo tiempo posible por ser un elemento caro. Con un coche por familia ya bastaba.

Luego vino todo esto del estado del bienestar que confundimos todos con el del despilfarro y como los precios fueron bajando y nuestros ingresos subieron, muchos comenzaron a cambiar el coche con más frecuencia, por aquello de presumir de estar a la última, de adquirir el último grito en tecnología y, de paso, dejar bien claro a los vecinos lo bien que nos iba. Hubo quien decidió tener más de un coche porque hacía falta, era necesario: "para ir yo al centro comercial mientras tú me recoges a los niños, querido" o para el hijo adolescente que "claro, lo necesita para ir a la universidad". Todo esto trajo consigo un aumento en la producción de coches, con el consumo de energía para fabricarlos y la extracción de más materia prima con qué hacerlos. Más producción, más puestos de trabajo, claro (o no tan claro, hay partes del proceso de fabricación de los coches que se robotizaron y se prescindió de mano de obra humana). Esto también ha tenido como consecuencia más importaciones de petróleo, más emisiones de co2 y otras adorables sustancias a la atomósfera.

La progresión no podía ser infinita y, al igual que ha ocurrido con otros sectores de producción: ha tocado techo. Después de todo, no podemos llenar el mundo de coches, ¿o sí?

La gente tiene menos dinero, algunos están incluso dependiendo de un subsidio estatal, (el paro, vamos), lo que nos está obligando a todos a replantearnos las prioridades y el nivel de consumo que hemos ejercido hasta ahora. Muchos han vuelto la vista atrás, cuando, tan solo una generación atrás, se consumía lo menos posible y todo se hacía durar, se arreglaba. Una sana costumbre que, ahora lo sabemos, era más respetuosa con los demás y nuestro entorno que la orgía de gasto constante en la que nos vemos metidos ahora. Si disponemos de menos dinero, parece lógico que consumamos menos, que gastemos menos de nuestro dinero o lo reservemos para necesidades reales.

Por otro lado, el hecho de que se compren menos coches debería ser una buena noticia: se está requiriendo menos materia prima, se está gastando menos energía, se están emitiendo menos sustancias contaminantes a la atmósfera, hace suponer que la gente utiliza más la bicicleta o los transportes públicos o que camina más... (lo que redundará también en más salud para la gente, en aire menos polucionado en las ciudades, algo menos de ruido) vaya, me lo parecía a mí.

Pues debo de estar equivocada, el gobierno me dice que "se debe estimular el consumo de vehículos para que la industria del coche no se colapse". ¿Van a hacer lo mismo con el exedente de construcción que ya nadie puede pagar, para que el mercado del ladrillo "tampoco se colapse"? ¿y con los banqueros que "sobren" de nuestro pobre y maltrecho sistema banacario? y así con todos los sectores de la producción.

¿La solución al problema económico es consumir más?

No puedo dar soluciones a la crisis con la que (creo de verdad) nos estamos tan solo comenzando a enfrentar, pero sí creo fervientemente que más de lo mismo no va a arreglar nada y el planteamiento falla ya en sus bases: ponemos parches en lugar de darle la vuelta al problema y dar un nuevos enfoques o plantearlo de manera distinta. Desde luego, echar más tecnología al fuego del mercado económico, uhmmm, no creo que sea la alternativa.

Debe de haber otras maneras de crear riqueza (no progresiva hasta el infinito, eso es imposible), que al mismo tiempo sean compatibles con el respeto a nuestro entorno y que permitan a todo el mundo acceder a lo básico. Más de todo no ha significado nunca estar necesariamente mejor (ya en los años ochenta surgió en los USA un movimiento de exyuppies que despertaron del sueño de tener más y más y más hasta la saciedad más insaciable y se plantearon la vuelta a un estilo de vida más sencillo con menos cachivaches, menos ropa, menos coches, menos casas o casas más pequeñas...).

En resumen: me quedo atónita ante las medidas que licenciados diversas ramas del saber pueden llegar a sacarse de la chistera para arreglar este desaguisado llamado crisis.

Mi modesto entender es que las cosas no van por ese camino, sino que van a ir por derroteros más desagradables y nada fáciles de afrontar. Lo que se está haciendo es pasarle la pelota a la generación venidera, mientras los que estamos envejeciendo ahora surfeamos como podemos por encima de todo ello.

No me parece correcto ni moral.

Mi pareja lleva ocho años de su vida ganándose el sustento conduciendo un camión de hormigón que, lo habréis adivinado, depende de la construcción. Lo llevamos hablando durante varios meses: ha de cambiar su orientanción profesional porque la actual lleva visos de llevarlo al paro en más o menos tiempo.

¿Vamos a pedirle una subvención al gobierno para seguir manteniendo nuestro modesto hogar? Definitivamente tendremos que cambiar perspectivas y explorar otras posibilidades. Como tanta gente cuyo medio de vida se ha basado en industrias que ahora implosionan. Vamos a tener que ir empezando a... ¿desenfocar la realidad para enfocarla de nuevo?

Lovecats, de Benita Winkler