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domingo, 8 de marzo de 2009

Maren



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Esta tarde la he pasado con mi hijo, quien anda algo ocupado con las tareas del colegio. Está preparando un trabajo de "sociales" sobre una comunidad autónoma española. "Pedí Euskalerría", me dijo, sin vacilar.

Estuvimos apenas cinco días el pasado mes de septiembre. Cada uno de nosotros tres descubrió una Euskalerría diferente, tamizada por nuestra mirada. Mi hijo, como yo, adora lo verde, adora el bosque, adora el campo. El mar Cantábrico le fascinó igual que me fascinó a mí. Fuimos expresamante a Bizkaia, a un pueblito costero, porque él deseaba "ver el Cantábrico".

Caminanos por las playas de Plentzia, de Gorlitz, descubrimos algunos rincones del barrio viejo de Bilbo, anduvimos por la ría de Portugalete, admiramos sus casitas burguesas y los antrillos más radikales del centro. Procuramos escuchar el latido de los pueblos, en donde pudimos ver a chiquillos de color o de rasgos achinados, que jugaban a pelota y gritaban, alegres, en impecable euskara. Me emocioné ante el árbol de Guernika y nos quedó pendiente la visita al museo de la Paz. Se nos encogió el corazón tratando de imaginar cómo quedó la ciudad el día del famoso bombardeo en durante la Guerra Civil... difícil en una tarde gris y tanquila de septiembre. Aprendí las primeras palabras vascas, eskerrik asko, egun on, kaixo, bai, ez, gero arte, mila ezker, muxus, maite, gabon... y me hacían sonreír las caras de hilaridad en la gente ante mis torpes tentativas de usar cada palabra que aprendía. Es cierto que enseguida se daban cuenta de nuestro origen, "por el acento" nos decían, y la pinta de despistados catalanes mapa en mano. Charlamos con gente que nos preguntaba sobre nuestra tierra y nos explicaban sobre la suya. En las cuevas de Santimamiñe disfrutamos de una charla muy interesante con una joven arqueóloga que hizo las delicias de mi familia con las historias que las rocas, y capas de sedimentos mostraban sobre un pasado remoto.

Realmente nos cundieron mucho los cinco días pasados en Bizkaia, aunque nos quedó tanto por ver...

Así que hoy, cotejando información, recordando los sitios en los que estuvimos, mirando fotos, me ha entrado nostalgia de aquel viaje. Mis ganas de regresar tomaron mi fuerte emocional y, esperando a que se me pase, he buscado música de Kepa Junkera, que tan buenos ratos me evoca. Este tema es, de los muchos bonitos que tiene, especialmente hermoso. Canta con él otra cantante genial: María del Mar Bonet.
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POSTCRIPTUM: No he comentado que estuvimos un día por la costa de Guipuzkoa, visitamos Zumaia y anduvimos un par de horas por Donosti, que mi pareja no había visitado anteriormente. No pudimos dedicarle más y nos pesa, ya que cada ciudad tiene su aquel. Si veis las fotos hay un popurri, hay alguna foto de la playa de la Concha y una de Zumaia. Los más observadores habrán visto que la foto de cabecera de este blog está tomada en Zumaia, así que "el que calla otorga". No sé deciros qué parte me gusta más. Donosti tiene fama de ser la ciudad más bonita de toda España, junto con Santander. No seré yo quien lo discuta, lo que sí es cierto que tras toda la fama de gris e industrial que arrastraba Bilbao, he de romper una lanza a su favor porque me gustó la ciudad. Sin embargo lo que más me gustó de Bilbo fueron sus localidades pequñas, sus rincones costeros, los pueblos de Urdaibai...

Santiago, queda dicho: cuando regrese a Portugalete vamos a tomarnos ese vinillo que propones, mientras me firmas una copia de tu libro de poemas :)).

A Tesi he de decirle que tiene razón, que, orígenes aparte, la música que sale de las entrañas de la tierra de uno es música con corazón. Kepa es un virtuoso y sus ritmos son fascinantes. Un abrazo a Pucela y a algunos de sus habitantes :))

A Girbén... tu ja saps, com m'estimo aquesta terra. Sí, sóc una mica d'allà, però també és cert que sóc una mica de tot arreu... venim del nord venim del sud, de terra endins, de mar enllà...

miércoles, 21 de enero de 2009

Encuentros en el camino




A veces encuentro gente por el camino, o es la gente la que se da de morros conmigo. Supongo que la vida es, también, eso: un juego de coincidencias, destinos, azar o necesidad, que gentes sencillas como yo no logramos comprender.

He perdido la costumbre de andar buscando razones a todo lo que me ocurre. Simplemente las cosas pasan y yo no tengo el control de nada.

Me siento muy quieta en los lugares, en la playa, en el asiento del autobús, ante la ciudad, algunas tardes. Miro, simpre lo digo, siempre lo hago, y observo procurando no romper un silencio que me cuesta mantener. Pues no es bulliciosa la bruja... aunque también gusta, necesita, del silencio.

La imagen es una foto tomada en la sierra de l'Alkurruntz, en Navarra. Me la ha enviado Jordi Girbén, con quien comparto algunas cosas, entre ellas mi pasión por la tierra vasca y todo lo relacionado con ella. La imagen es preciosa, irreal, pero, sin embargo fue tomada por el mismo autor. Me ha dado su permiso para subirla, así que, mercès, eskerrik asko, amic Jordi!!!, así como para linkar su blog sobre sus andares por la... "tierra de las palabras complicadas"... el país dels mots difícils.

Miro la foto y veo magia, veo y siento el incalculable valor de un instante, quizá muy tremprano, una mañana, en que uno se funde con lo que ve, uno es lo que hay, es piedra, es carbono, es materia perecedera, es nada, es todo, es, fue, quizá será, pero, ahora, tan solo ahora, es.

domingo, 30 de noviembre de 2008

La buena voz


Desde el umbral de un sueño me llamaron...
Era la buena voz, la voz querida.
-Dime: ¿vendrás conmigo a ver el alma?....
Llegó a mi corazón una caricia.
-Contigo siempre.... Y avancé en mi sueño
por una larga, escueta galería,
sintiendo el roce de la veste pura
y el palpitar suave de la mano amiga.

Antonio Machado.



Ayer por la noche tuve ocasión de visionar la película "La buena voz". La casualidad del zapping aburrido antes de ir a dormir me hizo descubrirla justo cuando comenzaba. Mi corazón dio un vuelco, en los primeros planos: paisajes, aires de la ciudad de Bilbao.

Cuenta la historia de un matrimonio ya entrada la madurez, su vida gris en un mundo gris. Rosa, la protagonista, es dulzura y resignación, es amor y amistad. Su marido es un hombre andaluz, un taxista rudo, enfermo del corazón, que lleva el peso de una vida algo mediocre. Ambos parecen perdidos en mundos lejanos y no parece haber más que tedio y resignación entre ellos. La aparición de una vieja amiga de la familia y el descubrimiento de un hijo que Pepe tuvo con la amiga de Rosa cambiará el curso de sus vidas. Como en otras ocasiones, no desvelo los detalles porque hay sorpresas que merece la pena que se descubran visionando la película.

Me senté con Rosa, la protagonista, y la entendí en su dolor y su estar presente hasta el final dando amor a manos llenas, dedicando su vida a un hombre que la engañó y que, ella lo sabe, nunca la amó. La entendí en su fragilidad y en su generosidad absurda y sinsentido en este mundo que vivimos, rebosante de mercantilismo y de consumismo de sentimientos.

La ambientación del largometraje me cautivó. La historia transcurre totalmente en Bilbao, aunque flota en la historia de los personajes un nexo entre Barcelona (que no aparece en ningún momento del film) y la capital vasca. Esta dicotomía, esa mezcolanza de idiomas me pareció muy linda (al ponerla en el canal autonómico la visioné en versión doblada que respetaba las partes que salen en euskara). Incluso en la banda sonora suena una canción de corte andaluz... cantada en vasco, muy curiosa, la verdad.

Volver a ver el Casco Viejo, la ría del Nervión, el puente de Portugalete... se me removió todo por dentro. Sus fotogramas me devolvieron a mis paseos por la ría, en Portugalete, los primeros días de septiembre que pasé allí. Me encantaba pasear por la Ría, alrededor del Mercado. Me gustaron los desniveles de las calles del Casco Viejo, con la presencia del mar Cantábrico a lo lejos. El día que estuve en Bibao llovía, hacía mucho fresquito, gris y verde, como es el Norte que yo adoro. ¡Qué cómoda me sentí allí!

Hacia el final de la película hay un momento precioso, en el que ese Jordi, el hijo natural de Pepe, le lee unos versos de Machado a su padre recién descubierto, camino del monasterio de Silos... son los hermosos versos que he transcrito en la cabecera de esta entrada. Son tan bonitos que no he podido dejar de plasmarlos en la buhardilla, en donde las palabras bellas flotan, ingrávidas, a su aire.

No es una película alegre, ni tiene un final definido, pero... es un ramillete de sentimientos, una historia que por algún motivo se me hace próxima, muy probable.

"-Contigo siempre.... Y avancé en mi sueño
por una larga, escueta galería,
sintiendo el roce de la veste pura
y el palpitar suave de la mano amiga."

Os lo dedico a todos los que os pasais por la buhardilla. Creo que es una manera preciosa de despedir al mes de noviembre.

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Como en otras ocasiones, dejo los datos de esta película, por si alguien estuviera interesado...

Dirigida por: Antonio Cuadri.
Año: 2006.
Intérpretes: José Luis Gómez (Pepe), Pilar Velázquez (Rosa), Biel Durán (Jordi), Klara Badiola (Begoña Olabarría), Ricard Sales (Mikel), María Luisa Goirigolzarri (Doña Remedios).
Guión: Claudio Crespo.
Música: Juan Carlos Pérez.
Fotografía: Gaizka Bourgeaud Zarandona.
Montaje: Mercedes Cantero.
Dirección artística: Koldo Jones.
Estreno en España: 26 Mayo 2006

viernes, 26 de septiembre de 2008

La velocidad y el tocino...


Hace apenas un mes pasé cinco días en el País Vasco. No había estado por aquellos lares más que de pasada, hace quince años, entonces me quedé con ganas de más. Así que, tras un verano bastante desastroso en lo personal, con subidas y bajadas dignas del más osado DragonKan... toda la familia estuvo de acuerdo en ir a descubrir esa parte del norte. Me gustó. A rabiar. Me encantó Euskalerria. Me sentí en casa, me sentí cómoda y acogida. Me enamoré de su mar Cantábrico, tan distinto al mío, el Mediterráneo, al que le soy infiel cada vez que contemplo algunas de las fotos que hicimos esos días.

Curiosa como es esta brujilla que escribe, me interesé por todo lo simbólico, lo ancestral de la zona. De la geografía y sus paisajes hablaré en otro momento porque conmovieron mi alma. Urdaibai es sin duda una de los entornos naturales protegidos más bonitas que han visto mis ojillos.

Compré un lauburu de metal con su colgante cerquita del museo Guggenheim. Me atrajo su silueta, entre cruz y flor de cuatro pétalos.

En Gernika, la señora de la tienda de recuerdos que hay próxima a la Casa de Juntas me contó su significado, que paso a explicar.

Se le considera un símbolo precristiano y parece tener algo que ver con otros tipos de cruces indoeuropeas (agrupadas todas bajo la denominación sánscrita de esvásticas). Se la ha relacionado con las cruces celtas y con las de otros pueblos de la cornisa cantábrica (como la cruz de los astures o la cruz celta cántabra, llamado labaro). Por un lado su nombre viene del euskara lau, que significa cuatro y buru que significa cabeza. Así, uno de los significados de este símbola es cuatro cabezas, que parecen hacer referencia a las cuatro tribus vascas de la época prerromana: Autrigonia, Basconia, Caristia y Vardulia. Hay otras fuentes que explican que esta cruz simboliza los cuatro elementos primordiales de la naturaleza: tierra, agua, aire y fuego. Por otro lado este símbolo posee un significado solar que lo relaciona con la el ciclo de la vida y la muerte según se miren sus brazos de este a oeste (vida) o de oeste a este (muerte).

Hasta aquí la lección de historia y simbología. El caso es que yo no vi más allá de un símbolo anterior a nuestra cultura de la prisa y la tecnología, algo bonito que me iba a recordar los inolvidables días pasados en Euzkadi. Lo llevo puesto, claro.

La cosa es que varios conocidos ya lo han mirado con extraña. Una me avisó, algo escandalizada, de que "eso" parecía una esvástica nazi y que alguien podía malinterpretarlo. Me quedé de un aire. Jamás se me hubiera ocurrido establecer paralelismos. De hecho esta cruz, como otras, sí que es realmente un tipo de esvástica, pero no tiene nada que ver con ideologías nazis ni nada similar. Contesté a mi compañera de trabajo, muy digna yo, que "si no había estado nunca en el País Vasco" (¡Amos hombre!)

Me pareció incluso divertido, pero luego me puse a pensar (¡cielos, qué peligro!) en lo que son las cosas, las apariencias, las interpretaciones que damos a las señales y los símbolos, en que vemos lo que queremos ver, o nuestra imaginación va por su cuenta y riesgo, siempre al acecho de algo perverso, donde no hay perversidad. Cuando vi por primera vez el lauburu yo vi una flor, una cruz, algo bonito; pero otros ven restos de un momento penoso en la historia de la humanidad (han habido tantos, ¿verdad?). Cada uno ve lo que ve. El mundo no deja de ser el mundo pese a mirarlo con unos ojos u otros. ¿Cuestión de perspectivas?

Ahí queda eso.

Lo hablé con mi pareja, quien me sugirió que dejara de llevarlo, "por si acaso". Lo pensé y me dije que no iba a hacerlo. Así que estais avisados: seguro que voy a presenciar más de una anécdota llevando un símbolo tan peligroso como éste, que no dudaré en compartir con vosotros.

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Sé que algunas amigas y Laureta visitaron este rincón, antes de que esta humilde servidora descubriera cómo habilitar la opción de escribir comentarios a los blogs. Cosas de brujilla novata que se hace un lío con el libro de pócimas y la varita mágica del hada, su alter ego. Laureta me ha otorgado ya un premio que voy a subir aquí en breve (¿te di ya las gracias, guapísima?). Pero quiero dedicar esta entrada a la primera persona que me dejó un comentario en este blog y que me hizo una especial ilusión: a Montxu, oriundo de esa tierra que he descubierto antes de que muriera el verano. Me hizo gracia que fuera precisamente un chicarrón del norte el que se paseara por esta buhardilla y dejara su primer comentario. Con el poquito euskara que aprendí allí te digo: muxu bat Montxu. Y al resto, pues también :)))

Lovecats, de Benita Winkler