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domingo, 28 de noviembre de 2010

Tu sexo es mi perfume



















Es un libro de… chicas y para chicas, sí, para una raza de chicas que nacimos en los años sesenta. Es un libro para las mujeres que hemos vivido a caballo entre dos épocas distintas, chicas que recibimos una educación que luego tuvimos que desaprender, porque no nos prepararon en absoluto para lo que nos esperaba.

Crecer no es fácil, buscarse un lugar bajo el sol tampoco. Todavía es menos sencillo si se es mujer. Ni lo fue antes ni lo es demasiado ahora, por más que hayan cambiado algunas cosas.

La historia que narra Anna Llauradó es un pequeño homenaje a un tipo de mujeres que conozco bien. Es un homenaje a la valentía. Es un homenaje a la sensualidad, por encima de lo estrictamente sexual. Es un homenaje a la vida. Pero, por encima de todo es un homenaje al amor.

Una mujer, cuyo nombre no se nos revela en la novela, describe su vida al tiempo que, desde sus recuerdos, nos explica la historia de su tía, Irene, con quien siempre ha sentido una gran afinidad.

La protagonista comienza hablando de sus sentimientos y del parón enorme que tuvo que dar a su vida cuando su ritmo frenético la llevó a los ataques de pánico. Un pozo del que saldría poco a poco, victoriosa y algo más sabia.

Pero, tras el velo de su propia historia, contada en primera persona, nos va presentando a través de sus recuerdos a los fantasmas de su infancia que la acabarían llevando a la ansiedad. Unos fantasmas que corren a la par de la intensa relación que su tía, Irene, mantuvo con Roberto, un hombre italiano de origen japonés.

La historia de Irene es una historia de amor, claro, pero en tránsito hacia su autodescubrimiento, hacia el descubrimiento del otro. De la mano de Roberto Irene entraría en los laberintos de la sensualidad, del perfume hecho sensación y del deseo con el amante casi perfecto.

No se atrevió a plantar cara a un modo de vida y una sociedad cerrada, y terminó casándose con “el hombre adecuado” según los cánones sociales.

Renunció a sí misma o lo que es lo mismo: renunció a la posibilidad de ser feliz. Durmió sus sentidos, simuló olvidar los perfumes y vivió aletargada.

Hasta que un día… despertó de nuevo al mundo y a la posibilidad, de vivir, de vivirlo, al mundo y a la propia vida.

… aunque la lucha entre el deseo y el miedo ha sido una tónica habitual en mi vida. Y en la de tía Inés también.
Todo eso son tonterías, dirían en casa. Pero, en estos momentos, enfrentarme a la posibilidad de la tontería y no temerla ya es un buen comienzo. Atreverme es el verbo: frente al temor, el deseo y el atrevimiento.


A través de Irene y su sobrina me vi inmersa en un viaje de dentro hacia fuera. Un viaje de los olores a la consciencia del momento pasado, del momento presente.

Dicen que el olfato es uno de los sentidos que tenemos más conectados con el resto de animales no humanos. Un sentido que tiene un fuerte poder de evocación, de memoria. ¿Quién no ha recordado, a través de un olor, un sentimiento, un momento, una historia? Mis propios recuerdos de niña tienen un fuerte poder olfativo: el olor a croissant recién hecho en la pastelería cercana al colegio, cada tarde. El olor a la colonia de limón que impregnaba mis primeras clases, que me conducían a las primeras palabras escritas, aprendidas con aquella maestra franquista... Olor a árbol de Navidad, cada diciembre, olor de naranjas mezclados con frío, olor a salitre durante los veranos, mezclado con el perfume de la leche merengada, olor a jazmines, en un pueblo perdido de Almería…

Esta narración tiene un potente compomente olfativo. Cada olor trae un recuerdo, evoca un suceso, una idea. La delicia del perfume crea la atmósfera adecuada en cada momento del relato, como lo crea en cada momento de nuestras vidas.

Pero regreso a la historia que Anna entreteje…

La de Irene y Roberto es una historia de amor. Con mayúsculas, teñida de perfumes, de poesía, de una sensualidad inocente y perversa al mismo tiempo. Roberto tiene ascendencia japonesa, ella, sin embargo es totalmente latina, intuyo que Mediterránea, por su manera de vivir, de sufrir y de negarse a sí misma. Roberto le mostrará, al modo italiano y japonés (que no chino) lo que es la paciencia, le hablará del valor del momento presente. Se entregarán el uno al otro, de verdad, hasta el fondo de sí mismos.

Conocer a Roberto fue entrar en la casa del té.
-Cuando quieras correr, párate- le dijo él, horas después de conocerse.


En el mundo de prisas y velocidades que conocemos todos, esa frase es un choque brutal con otra realidad que hemos ido enterrando todos bajo responsabilidades, deberes, porcentajes y objetivos. ¿Dónde se nos queda el tiempo para vivir? ¿Dónde arrinconamos el tiempo para la contemplación de lo que se mueve? ¿Dónde, en qué punto del camino dejamos de lado al amor? Hemos dejado todo lo importante a un lado, y vamos de cabeza hacia la locura.

Días después Roberto le explicaría a Inés que en la ceremonia del té, el secreto se desvela si estás. Presente.
Coges la taza…
La miras…
La sientes…
Te enteras realmente de cómo es…
La conoces.
Sí, conoces la taza.
Vas a beber de ella… Así que te relacionas con ella…
Y, de repente, una sencilla taza de té se transforma.
“Te” transforma.
Existes.
Ni un segundo de tu existencia se malgasta.


Se trata de llevar la existencia a la máxima expresión. Todo un reto que, a veces, milagrosamente, logran dos almas a la vez. No es fácil. No es probable. Pero tampoco es imposible.

Roberto le muestra, queriendo y sin querer, la dimensión desconocida del verbo y del deseo. No es algo voluntario. Un lazo muy fuerte, inexplicable, se crea entre ellos nada más conocerse. Irene, sin demasiada experiencia, tiene una revelación potentísima que a duras penas es capaz de explicarse:

... y a ella le gustaba tanto la poesía… Además, necesitaba palabras. No sólo para escribir versos, sino para romper el silencio con Roberto: le daba miedo. En realidad, temía al deseo que había empezado a manifestarse, desnudo, directo, cuando no había palabras entre ellos. Así que empezó a preguntar, a interesarse, con una cierta sinceridad, pero, sobre todo, con urgente necesidad.


"La verdad no tiene más que un camino". Es una frase hecha que todos hemos escuchado hasta la hartarnos. La verdad es que no hay una sola verdad, hay muchas, como caminos se abren ante la tierra que pisamos. El camino está plagado de trampas, de espejismos, de fantasmas y caminos traicioneros. El miedo nos puede en ocasiones, arriesgarse por senderos poco transitados es peligroso. Por eso muchos nos equivocamos, elegimos el que parece más seguro, que no es necesariamente el mejor.

Irene tuvo miedo y no se atrevió. Roberto puso ante sus pies la prueba de su error, envuelta en un arrebatador instante…

Él se arrodilló entonces ante la mujer que iba a perder para siempre, levantó suavemente su vestido, deslizó sus medias hasta sus tobillos, desnudó luego su sexo y, con absoluta desesperación, hundió sus labios en aquella flor cuyo aroma quedaría eternamente guardado en su memoria. Aquel fue el beso más devastador que Inés llegaría a conocer jamás y, por él, estuvo a punto de dejarlo todo y… Perdió la noción de sí misma, como la primera vez, en la playa, y la reencontró en brazos de Roberto que, en el último instante, volvió a mirarla, una vez más, la última ya, con aquel destello oriental, esperando a que ella se atreviera… Pero Inés no pudo y él la abrazó con todo su ser para confesarle, para susurrarle, para inmortalizar en ella el deseo y la voz de su alma diciéndole:
-Tu sexo será mi perfume. Siempre. Aunque nunca nos volvamos a ver…


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¿He desvelado el final de la historia? Ni por asomo. Hay que leerla toda, que se deja, por su sintaxis sencilla y sin complicaciones. Anna sabe transmitir sin demasiado adorno lo que nos cuenta. Sabe dar el tono justo a la palabra adecuada. A lo largo del libro se suceden recuerdos, aromas cotidianos que todos conocemos y que, seguro, nos evocan recuerdos propios; hay mucha ternura y algunas pinceldas de ironía en el relato. El gusto por la poesía, los juegos de haikus, el valor eterno del instante presente se combinan con una historia amena de final sorprendente, o no porque… ¿hasta cuándo no nos atreveremos a ser nosotras mismas? ¿permaneceremos siempre encarceladas en la prisión de lo conveniente o abriremos las ventanas, dejaremos que entre el aire fresco y viviremos de una vez la vida que queremos?

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Los textos entrados en cursiva son citas extraídas de la primera edición de esta novela, que fue publicada por Ediciones el Andén, en octubre de 2007.
Anna Llauradó
Tu sexo es mi perfume.


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イスマエルの

martes, 8 de diciembre de 2009

La escopeta de caza


Imagen de Tad Kanazaki




















Todo credo es falso, todo credo es cierto
Es la verdad un espejo que se ha roto
en mil añicos; pero cada cual se cree
Que poseer un fragmento es poseerlo todo.


Sir Richard F. Burton



Este libro cayó en mis manos hace mucho tiempo, intervine en la preparación de una edición especial para Círculo de Lectores. La correción de las pruebas galeradas me introdujo en el fascinante mundo de la literatura japonesa de la mano de Yasushi Inoué. Una de las coordinadoras de producción de la Editorial Anagrama tuvo el detalle de regalarme un ejemplar de este libro. Poco después, el 21 de enero del año 1991 Yasushi Inoué moría a los 84 años de una neumonía. Casualidad y oportunidad.

La escopeta de caza es un libro muy breve, de lectura rápida, escueto y denso como un haiku. La lectura rápida da paso al deseo de una relectura más calmada, pues cada palabra de esta pequeña historia tiene su sentido y nada se deja al azar.

En este libro se narra la historia de una infidelidad a través de los ojos de tres mujeres: la hija de la amante, la esposa del protagonista y la propia amante. La misma historia que se desenvuelve en tres historias, tres cartas que el amante recibe tras la muerte de la amante.

Una verdad, tres verdades, cuatro verdades. La mirada de tres mujeres alrededor de un hombre al que han amado de diferentes maneras. La última carta, de Saiko, su amante, es sencilla y descarnada en la descripción de su amor, de su sufrimiento por ese amor. Habla de "su pecado"...

"¿No quieres impedirme que engañe a Midori durante toda nuestra vida?", contesté sin vacilar: "Ya que no podemos evitar ser pecadores, seamos al menos unos grandes pecadores. Y mientras vivamos, engañaremos no sólo a Midori sino a todo el mundo."


¿Hay modo más simple de resumir todo un océano de sentimientos en un párrafo?

El mérito de Inoué fue el de retratar soberbiamente y con tanta simplicidad la profundidad abisal del mundo femenino, la complejidad de nuestras relaciones con los demás. La inevitable soledad en la que estamos, tras breves instantes en que la magia existe y vemos la eternidad en la mirada de otro ser... por encima de todo la historia nos susurra sobre la soledad, lo difícil de comprendernos. Al principio de la novela, el protagonista afirma: Creo que es una gran locura en el hombre el querer que otro le comprenda.

Creo que, a modo de pequeño homenaje a lo simple, lo breve, al genial Yasushi, poco puedo añadir. He releído el libro, 18 años más tarde de la primera lectura y sigue pareciéndome una pequeña joya, uno de esos libritos que me llevaría sin dudar a una isla desierta.

domingo, 18 de octubre de 2009

El lector

En el curso del diálogo que Sócrates sostiene con Fedro en la obra del mismo nombre que escribió Platón, Sócrates explica una curiosa leyenda egipicia.
En ella el rey Thamus conversa con el dios Theuth (Thot para los griegos). Theuth es el inventor de las matemáticas, la geometría, la astronomía y la escritura. Así, Theuth ofrece su saber a Thamus, para que pase todo este conocimiento a su pueblo. El rey Thamus, tras considerar con detenimiento los pros y los contras del ofrecimiento del dios llega a la conclusión de que su pueblo estará mejor sin la escritura. El dios le dice que ese saber brindará sabiduría a su pueblo y mejorará su memoria. Thamus cree que, de aprender a leer, el olvido llenaría sus almas, dejarían de ejercitar la memoria porque confiarían en lo que permanece escrito, en lugar de su propio esfuerzo, serían unos caracteres ajenos a ellos los que traerían el recuerdo a su pueblo.


Extraído de The Spell of The Sensous (David Abram)
Fedro, Diálogos de Platón.


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En ocasiones leo más de un libro a la vez. Alterno uno de lectura más densa con algo más ligero o que me cueste menos de leer, pueden ser de temáticas similares o radicalmente distinas. Me ocurre como con la música, soy algo dispersa.

Una mañana, hará cosa de dos semanas, al levantarme, reparé en un detalle de mi librería. Tengo muchos libros, he leído unos cuantos y otros proceden de regalos, restos de mi pasado como correctora en una empresa de artes gráficas. No sé por qué reparé esa mañana en uno que llevaba muchos años ahí, colocado pulcramente junto a los otros. Leí su título. "no puede ser" me dije, medio dormida, medio incrédula. Lo saqué de su estante, miré sus créditos, la sinopsis. Cierto: había estado ahí todo el tiempo, desde el año 98, ante mis narices.

Empecé a leerlo aquella misma tarde.

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EL LECTOR, de Bernhard Schlink


Narra la historia de Michael Berg, quien en su adolescencia conoce a una mujer, Hanna, bastante más mayor que él. Mantienen una particular relación, que se ve interrumpida abruptamente por la desaparición de Hanna. Michael sigue sus estudios y en plena carrera de derecho vuelve a encontrarla, esta vez en el curso de un juicio a criminales de guerra nazis. Ella figura entre las principales acusadas. Michael asiste al juicio totamente embotado por el reencuento, por el conocimiento de las atrocidades que allí se juzgaban y su propia incapacidad para reaccionar ante todo ello. Culpa a Hanna, no la entiende. Se culpa a sí mismo por haber amado a una criminal... Hacia el final del juicio descubre la razón de sus rarezas, su afición a que le leyeran en voz alta, su huida de la ciudad, su marcha de la fábrica Siemens para alistarse en las SS: Hanna es analfabeta. Su afán de ocultar este hecho la hace incluso renunciar a la prueba que la hubiera exculpado y asume toda la responsabilidad de los hechos juzgados. Michael duda de si debe o no intervenir en favor de Hanna. Al final no hace nada. Hanna es declarada culpable y condenada a cadena perpetua.

Sus caminos vuelven a separarse y en el curso de los años Michael comienza a releer libros de su adolescencia, en el curso de noches de insomnio. Hanna se ha mantenido en su recuerdo, pese a los vaivenes de su vida. Así que empiece a leer en voz alta para ella. Graba en cintas sus lecturas, averigua en qué prisión cumple condena y le envía libros, libros. Al correr de los años Michael recibe pequeñas notas que le sugieren que Hanna está aprendiendo a leer y a escribir. A Hanna le acortan la condena y desde la prisión se ponen en contacto con él para ayudarla en su regreso a su mundo, pues es la única persona del exterior con quien ha mantenido algún contacto.

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La prosa de Schlink es sencilla sin demasiados adjetivos ni adornos, pero consiguió hacerme llegar un mundo de sentimientos, angustias, dudas y certezas.

Trata de la revisión del horror nazi, tema que imagino no ha sido fácil de asumir por las generaciones de alemanes que nacieron tras la Segunda Guerra Mundial. Tengo buenos amigos alemanes con los que hemos hablado del tema. Sé que no lo llevan bien. Es difícil llevar bien una lacra tan tremenda, tan reciente, de la que en cierto modo no pueden escapar con una declaración neutra. Las reflexiones de Michael Berg sobre la revisión del pasado, la condena a su generación anterior, responsable de esos horrores reflejan esa inseguridad y ese desconcierto que menciono. La actitud de acusados y testimonios en el juicio es sobrecogedora, vista desde mi perspectiva de lectora anónima que no estuvo en ninguno de los bandos. ¿Cómo se puede vivir tras semejantes crueldades? ¿Cómo se puede vivir tras haberse salvado de un horror tan deshumanizador como debe de ser un campo de concentración? ¿Cómo seguir adelante cuando sabes que un par de calles más arriba vive uno de tus antiguos guardianes? ¿Cómo seguir tras la impunidad en la que muchos militares nazis no solo vivieron sino que fueron utilizados por los gobiernos tanto norteamicano como soviéticos para rehacer redes de espionaje, aprovechar su "sabiduría"?

Esa es una parte de la historia, pero hay otra: la relación secreta que Hanna y Michael mantuvieron. Michael tenía apenas 15 años. Hanna tenía 36. Una relación rara, de dominación, de silencios, de sexo, de descubrimientos, de lecturas, que condicionará toda la vida afectiva de Michael. Él dice que la traiciona con su afán de ocultar su existencia ante los demás. Dice: "Sé que negar a alguien es un tipo más bien inofensivo de traición. Desde fuera no se aprecia si uno está negando a alguien o simplemente pretende ser discreto o considerado [...] Pero el que niega a otro sabe muy bien lo que hace. Y negar una relación es una manera de socavarla tan grave como otras formas de traición más espectaculares". (pág. 72 de la versión castellana publicada por Editorial Anagrama). Michael se sentirá culpable el resto de su vida: por haber amado a una criminal de guerra y por haberla traicionado al negarla ante los demás. Al final, ¿hay salvación? ¿Es posible el perdón?

Hanna es una criatura que se avergüenza de su analfabetismo. Ella es otra víctima histórica. Un mundo que separa a todos aquellos que no leen y escriben. Esa ¿tara? la lleva a tomar dicisiones que acabarán arruinando su vida. De hecho se pasa la vida huyendo, en cuanto le ofrecen un ascenso, la oportunidad de mejorar laboralmente, ella huye, pues tendría que declarar al mundo que no es como los demás. Yo entiendo que tan solo por ese afán llegó a las SS. Es algo que ella acabará descubriendo y pagando muy caro. Todavía le quedará dignidad para asumir una culpa que no fue suya y afrontar las consecuencias. En la prisión aprenderá a leer y a escribir y –quiero pensar- se redimirá.

El lector es una novela compleja en su brevedad, apenas 200 páginas en cuerpo de letra grande. Pero me ha parecido impresionante.

Además, hay una versión cinematográfica por la que Kate Winslet recibió, merecidamente, un Óscar por su interpretación de Hanna. También he de mencionar la brillante actuación de Ralp Fiennes (uno de mis actores favoritos) en un Michael Berg adulto cuyo rostro me siguió durante la lectura del libro.

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Ahora viene cuando alguien se preguntará qué tendrá que ver la leyenda del Fedro de Platón con el comentario de este libro. En un capítulo de The Spell of the Sensous, David Abram habla del origen del alfabeto. Es un capítulo apasionante. Vincula la aparición del alfabeto y, claro, de la escritura, a la separación definitiva del hombre del resto de seres vivos. Contrasta las culturas que se basan en la tradición oral y las que tienen el soporte de la escritura. En el contexto de nuestra relación con el resto del mundo, animado e inanimado, me resultó curioso encontrar precisamente un libro que habla de alguien que se menospreciaba por no saber leer y escribir. Un libro que, por otro lado, llevaba años en la estantería.

Es difícil imaginar ahora un mundo sin escritura, sin gente que no sepa leer y escribir. Sin embargo la transmisión oral ha sido durante muchísimo tiempo la forma de transmisión de identidades culturales, mitos, historias. La memoria que se esforzaba en no olvidarse a sí misma.

Sin embargo, con tanto soporte escrito y ya en el umbral de otro salto -el del registro virtual- no parece que nuestra memoria haya mejorado. Con qué facilidad olvida la Humanidad las lecciones de nuestro pasado. Con qué ganas se aprestan muchos en sembrar el olvido de cierto momentos de la Historia...

Lovecats, de Benita Winkler