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lunes, 28 de febrero de 2011

Biutiful: Barcelona es un buen lugar para morir



Barecelona es una ciudad con muchos habitantes, se extiende a diestro y siniestro entre dos ríos (el río Besòs al Norte y el Llobregat al Sur,) limita al mar por el Este y con la sierra de Collserola al Oeste... En este espacio, surcado por llanos, montes bajos, antiguas rieras, pueblos cercanos a la ciudad amurallada que han sido progresivamente devorados por la metrópoli, el director mexicano Alejandro González Iñárritu nos cuenta una historia.

Una servidora, que vive en esta ciudad desde hace 46 años y que patea cada día sus calles, huele sus perfumes y sufre sus consecuencias, contempló la historia y la encontró tremenda. Un cuento de seres probables y posibles que habitan este espacio del Mediterráneo.






















Uxbal es un padre de familia que lucha para sacar adelante a sus dos hijos, con el problema añadido de su esposa bipolar, que tendrá que plantar cara a un serio problema de salud que puede condicionar el futuro de sus hijos.





















Es un hombre corriente, no tiene historia que nadie vaya a recordar, no destaca en nada, es... alguien a quien la vida lleva por donde lleva. Puede parecer un tipo duro, y sin duda lo es, pero tiene un don: no ha perdido la capacidad de amar, ni a sus hijos ni a los demás. A su modo y dentro del sistema despiadado, corrupto, que la legalidad ha establecido con los inmigrantes que aterrizan en la ciudad, intenta mantener una "in-cierta" justicia. Esta justicia resulta difícil de comprender, tanto para los propios inmigrantes a los que da trabajo, como para el policía amigo o incluso para el hermano, socio de sus negocios poco ortodoxos.

Ante todo Uxbal es un hombre profundamente solo, que no tiene de quién echar mano. Las circunstancias van haciendo su carga más y más pesada: hijos a los que educar, pareja con la que apenas puede contar y que ni sabe cuidar de sí misma, su maltrecha salud... y los escasos gestos de bondad que intenta hacia los demás se vuelven en su contra. Lucha como un samurai, y sabe que tiene las de perder...





















No voy a dar más detalles del argumento, por si no la habéis visto, porque yo fui a verla con ciertos prejuicios y la realidad del film me sobrepasó.

No es bonito asistir a la realidad de la inmigración más desamparada de Barcelona, gente que se gana la vida en negocios ilegales, cuando no al margen total de la ley. Esas paraditas de tops manta que nos venden cd's pirata, bolsos de Tous de imitación a buen precio, encierran otra realidad que todos nos negamos a reconocer. Nos importa un carajo si aquel señor de color depende de ese negocio turbio, que a su vez es competencia desleal para aquel otro tendero que abre cada mañana su tienda y paga muchos impuestos por ello. Compramos barato, y esa compra, cargada de doble moral, fastidia al tendero, permite sobrevivir al sin papeles que no puede hacer mucho más y hace rico a algún intermediario o algún policía corrupto que se deja hacer, a cambio de un porcentaje. Es un juego de suma cero: todos ganamos.

¿Todos ganamos? ¿Nadie se para a pensar en las consecuencias de lo que se compra a alguien en semejantes condiciones? Yo creo que fingimos ingorancia hacia todo lo que perturba y molesta. No queremos complicarnos la vida. Alguien me dijo no hace mucho que pensar duele, ver las cosas como son, también. Por eso nos anestesiamos con las más tontas justificaciones, para no reconocer según qué cosas, para no afrontar según qué realidades.

No se habla mucho de estos temas. Periódicamente se hacen redadas en ciertos lugares de mi ciudad "para limpiarlos" de inmigrantes y venta ilegal, desmantelan algún taller clandestino en el que gente sin documentación es obligada a trabajar en condiciones que ningún sindicato aprobaría (ni nuestra amada y vilipendiada Constitución). Sacamos a los vendedores ilegales de un lado y los metemos en otro para que no "se vean tanto". A veces los vemos escapar de los mossos.El verano pasado presencié un amago de huida, subieron al autobús en el que yo estaba regresando a casa desde el hospital. Me di cuenta de que la gente los ayudaba a camuflarse, para pasar desapercibidos. Me dio pena. No les queremos aquí, pero les compramos baratas sus mercancías, queremos que paguen impuestos pero no hay trabajo para tanta mano de obra sin qualificar. Así que damos con una mano y retiramos con la otra.

En más de una ocasión siento vergüenza. Vergüenza propia y ajena.

Y esto es lo que hay, y una de las cosas que cuenta esta película. Toda la historia transcurre en la ciudad de Barcelona, en lugares próximos a mi casa que conozco. Tengo el honor de atender en el hospital del Mar a gentes que, como Uxbal, se han de enfrentar a situaciones muy complicadas y lo hacen con una dignidad tan simple como natural. Las playas de la Barceloneta, un colegio del barrio del Raval, calles del Barrio Gótico, incluso alguna localización en la Mina, aparecen junto con el skyline barcelonés, para hacer creíble la historia de Uxbal.

Por otro lado, hay momentos de una brutal sensibilidad en el film, en que se nos muestra con imágenes difusas el propio pensamiento de Uxbal. Esos momentos son especialmente emocionantes para mí, que paseo por los mismos lugares que el protagonista. Ver amanecer en las proximidades del mar, en las callejuelas cortas del barrio de la Barceloneta, es un pequeño privilegio en el que solo algunas almas infantiles e inconscientes, reparamos... mirar al cielo y ver revolotear las bandadas de pájaros, olisquear el aire de la mañana en los barrios barceloneses que tocan al mar, contemplar cómo la ciudad loca despierta cada día y se duerme cada noche... todo eso no me es extraño. Como tampoco me resulta extraña la vaga sensación que me llega del personaje central de este cuento: le cansa la vida, y al mismo tiempo, desea con fuerza vivirla.

Se me dice que leer historias es algo que acaba aburriendo, o que, simplemente, tiene interés escuchar sobre vidas ajenas, reales o ficticias. Yo sigo interesada en las historias que algunos se empeñan en contar, sea a la luz de la luna, una noche, en el monte, o en una sobremesa, o de la mano de la confidencia, como una fabulación, concentrada en un buen libro o en una película que engancha.

Las historias son... reflejos y pedazos de nosotros y de los otros, a través de ellos fingimos vivir una vida que no es nuestra y ellos, a su vez, se nutren de nuestros fantasmas. El narrador de historias tiene algo mágico entre las manos y las palabras con las que teje sus narraciones. Ahora, con el cine, también, son imágenes.


Sólo un detalle más a comentar: el título de la película, que surge de una pregunta de la hija de Uxbal, mientras hace sus deberes. Las cosas, pues, deberían ser tal como suenan ¿no?

martes, 22 de junio de 2010

Con palabras? El piano



Hace unas semanas, un suceso personal me trajo a la mente esta película. Incapaz de escribir una palabra dejé tan solo uno de sus momentos más bellos.

En su momento me conmovió la historia, me sedujeron los fascinantes paisajes de Nueva Zelanda, el delicado piano de Nyman elevó mi sensibilidad musical a cotas de vértigo.

La historia es sencilla: En Escocia (siglo XIX), Ada McGrath es vendida en contrato de matrimonio con Alistair Stewart, un hombre de negocios que vive en Nueva Zelanda. Ada viaja con su hija, Flora, a los confines del mundo para encontrarse con su esposo. Ada no habla desde hace mucho, tan solo se comunica con su hija mediante el lenguaje de los signos y alguna nota que escribe a mano en un pequeño bloc de notas.

Es Ada quien nos cuenta la historia, desde su propio pensamiento. Se describe a sí misma como a una mujer bulliciosa, pese a no hablar. No habla, ella toca el piano, y con su música va explicándonos sus sentimientos. La vida en la isla no es fácil, el entorno dista de su mundo europeo y el piano es algo secundario para el esposo de Ada. Aparece otro hombre, quien sí está interesado en el piano... y en la propia Ada, George, un hombre aparentemente vulgar y poco letrado, quien comprende a Ada mucho mejor que su recién estrenado esposo.

La historia es aparentemente simple, pero es una puerta de entrada al complejo mundo de los sentimientos, esos que no se explican, los que no se comprenden. Esos que parecen nidar en las profundidades de nuestro cuerpo. Hay momentos muy intensos y otros de tremendos, en los que el poder, el deseo de controlar al otro pasan por encima de lo demás. Se pisotea, se hiere, ¿en nombre del amor? ¿en nombre de la sinceridad? ¿o tal vez por dejar claro quien domina y quién se somete al otro?

También hay lugar para la fragilidad del momento presente, encontraremos pequeños homenajes a lo efímero del instante, a la delicadeza de las cosas que nos envuelven. En muchas de esas escenas queda claro que la palabra está limitada, que no siempre es útil para transitir lo que se lleva dentro. A veces, y regreso a la idea de siempre, las palabras sobran, porque no nos ayudan, no transmiten nada o apenas rozan el núcleo de los pensamientos. Es curioso que la película transcurre en silencio en su mayor parte. Los diálogos son escasos y se refieren a cosas muy concretas, el resto nos llega y nos llega muy bien, a través de la imagen y de la música.

Como en la vida real. Mientras, nosotros, en ese lado de la realidad, seguimos sin entendernos demasiado bien los unos a los otros.

Hay un punto de tristeza en Ada, una tristeza que en ocasiones es alegría y en otras cansancio, ¿un vago deseo de desaparecer? Un estado de ánimo cambiante que ella explica muy claramente con su piano. No necesita hablar, ella ya lo hace, nos lo cuenta con pelos y señales, de la mano de los sonidos que va arrancando a su piano.

La imagen del piano en medio de la playa, acechado por las olas y la impotencia de Ada en dejarlo allí la primera noche es uno de los momentos más emocionantes de la película, de la que, insisto, hay muchos.

Me siento próxima a Ada, a su manera infantil y poco madura de ver el mundo y los sentimientos, en su modo de enamorarse y negarse a hacer lo que se le exige. Admiro su fortaleza y su valentía, su sinceridad por la que paga un alto precio. Mis manos no saben tocar el piano, cosa que me duele no haber podido aprender. Sería más fácil dejar de hablar, hacerme comprender, si yo fuera capaz de arrancar notas a un piano.

Cuando me siento frustrada, como estos días, por no saber comprender a los demás, cuando siento que hablo y hablo pero que no me comprenden, cuando no sé a quién acudir, a quien verbalizar lo que quema por dentro... regreso a The Piano.

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Fue un film muy aplaudido en su momento, con actuaciones impresionantes de Holly Hunter (Ada), Sam Neil (Alistair) y para mí, un magnífico Harvey Keitel en el papel de George Baines. Los escenarios están más allá de toda descripción. Nueva Zelanda se ve reflejada como un rincón de mundo al que quizá haya tardado algo más en llegar la civilización (en su incesante tarea de arruinar todo a su paso). De Michael Nyman, poco puedo añadir que gentes con más conocimientos musicales no hayan dicho ya. La música es vital para contar esta historia, y las notas de Nyman son preciosas, es una gran parte de esta pequeña historia que no se concibe sin su música.

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Dirección de Jane Campion
Guión de Jane Campion
Música: Michael Nyman
Fotografía: Stuart Dryburgh
Holly Hunter: Ada McGrath
Anna Paquin: Flora (hija de Ada)
Sam Neill: Alistair Stewart
Harvey Keitel: George Baines
Se estrenó en 1993.
Duración: 121 minutos
Idiomas: inglés y maorí.

sábado, 29 de mayo de 2010

El otro lado del espejo: Seven



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Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.
Friedrich Nietzsche.

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Descubrí esta canción en los títulos finales de la película Seven. Es un tema que me gustó y luego, más tarde, al ver el videoclip, sucumbí a la fascinación de su crudeza y plasticidad.

Seven es una película que no veo a menudo. No me gustó en el sentido bueno de la palabra, me incomodó, me horrorizó, me dejó los ánimos bajo mínimos, fue como dejarse ir de la mano de Bambi para caer en la peor de las pesadillas.

Sin embargo encontré el film fascinante, brinda una visión pesimista, realista y pesimista del mundo y los seres humanos que lo habitan. Me enseñó lo que esconde "nuestro mundo" de civilización y tecnología, al modo de una metáfora y con una visión a ratos lírica.

A caballo entre thriller, cine negro, marcó una moda en cintas sobre asesinos en serie. He visto varias y con mucho ésta es mi preferida.

La historia es sencilla: un detective joven, ambicioso, recién llegado a la ciudad y otro a punto de jubilarse, investigan unos horrendos crímenes cometidos por un asesino en serie. Acabarán descubriendo que el asesino sigue un patrón, el de los pecados capitales mostrados en La Divina Comedia de Dante Alighieri. Prontó serán consciente de que detrás de los asesinatos se esconde alguien culto, que se yergue en juez y verdugo de las miserias humanas, haciendo pagar a cada uno de las víctimas su pecado. Los detectives acabarán siendo peones de la trama del asesino, llevándolos a enfrentarse a ellos mismos aparte del propio autor de los asesinatos.

El ritmo y la tensión va in crescendo, a la par que el horror por el ensañamiento con las víctimas. Al mismo tiempo una no acaba de condenar al asesino, quien mira el mundo con los ojos de alguien totalmente decepcionado, asqueado de los reversos oscuros que todos tenemos, de su propio reverso oscuro. El asesino es un genial manipulador que finalmente le gana la partida al detective Mills, ante la serena tristeza del detective Somerset, quien, encarnado magistralmente por el actor Morgan Freman, observa el mundo con la pesadumbre de quien ve más allá y sabe lo que va a ocurrir. A ratos incluso parece comprender a John Doe en su cruzada contra la maldad, convirtiéndose él mismo a ella.

En su momento esta película me impresionó profundamente, está bien hecha y muchos detalles están sabiamente estudiados, la oscuridad de las escenas, la sensación de degradación de ciudad y habitantes, los sentimientos de impotencia de algunos seres humanos ante la máquina imparable de la civilización y una cierta fascinación por el lado oscuro que todos llevamos dentro, aunque en algunos seres este equilibrio entre luz y sombra se rompe para generar horror.

Me hizo reflexionar mucho sobre la gente que, presuntamente, conozco, a la que no, a la que temo, a la que me asusta. Me hizo observar con detenimiento a los desconocidos en la calle, en mi camino al trabajo, en mis paseos por la ciudad, por ver, por escudriñar precisamente lo que no se puede ver.

Viendo cómo va el mundo, observando los movimientos de la gente en el trabajo, leyendo el diario, comprobando día tras día la soberbia de muchas personas que engañna, defraudan, estafan a los demás en beneficio propio, a ratos, se me viene como en un flash amenazante, la figura de John Doe, diciéndome, invitándome como en las últimas escenas le decía al detective Mill: "siente la ira"...

Una amiga mía, anarquista de corazón, suele decirme que no cree en la bondad intrínseca del ser humano. Yo solía contradecirla con torpes argumentos, pero voy viendo, voy intuyendo, que es tristemente probable que tenga más razón que yo.

Ese es un poco el mensaje, a mi entender, de Seven. Y el maestro Bowie recoge magníficamente esa sensación en su vídeoclip, inquietante y transgresor.

Como en otras ocasiones menciono cuatro datos de importancia sobre el film. El reparto de actores es un lujo, destacando además de Morgan Freman a Kevin Spacey a quien descubrí en esta película. No puedo imaginar a otro actor metiéndose en la piel de John Doe.

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TÍTULO ORIGINAL Seven (Se7en). Publicada en 1995
DURACIÓN 127 min.
DIRIGIDA por David Fincher
GUIÓN de Andrew Kevin Walker
MÚSICA Howard Shore
FOTOGRAFÍA Darius Khondji
REPARTO: Brad Pitt, Morgan Freeman, Gwyneth Paltrow, Kevin Spacey, John C. McGinley, Richard Roundtree, R. Lee Meyer, Leland Orser, Richard Schiff
PRODUCTORA New Line Cinema
PREMIOS 1995: Nominada al Oscar: Mejor montaje
1995: Nominada BAFTA: Mejor guión original
1995: National Board of Review: Mejor actor de reparto (Kevin Spacey)
1995: Círculo de críticos de nueva York: Mejor actor de reparto (Kevin Spacey)
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miércoles, 30 de septiembre de 2009

Donante de médula ósea (Part Two)

Este mediodía, al llegar a casa del trabajo he recogido el correo.

He recibido esta carta de REDMO.



Oficialmente y durante los próximos diez años (si mi salud no empeora) soy donante de médula ósea.

El mes de agosto, durante el desayuno con los hematólogos (es uno de los Servicios que conozco más y con los que me siento muy cómoda trabajando), bromeamos sobre el tema de las donaciones y uno de los doctores pretendía aterrorizarme sobre los métodos de extracción .

Hoy, que me siento bastante irónica y en cierta racha humorística, tras leer la carta, se me ha venido este momento de la película "El sentido de la vida".

Espero que os haga sonreír y pensar. Por cierto, este fragmento no es nada recomendable para mentes remilgadas; como sabéis, los Monty Python no suelen hacer muchas concesiones... cuando se ponen brutos, se ponen.

martes, 12 de mayo de 2009

Déjame entrar



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Ficha técnica

TITULO ORIGINAL: Låt den rätte komma in
Let the Right One In)
AÑO 2008
DURACIÓN: 114 min.
DIRECTOR: Tomas Alfredson
GUIÓN: John Ajvide Lindqvist
MÚSICA: Johan Söderqvist
FOTOGRAFÍA: Hoyte Van Hoytema
REPARTO: Kåre Hedebrant, Lina Leandersson, Per Ragnar, Henrik Dahl, Karin Bergquist, Peter Carlberg, Ika Nord, Mikael Rahm, Karl-Robert Lindgren, Anders T. Peedu.
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Creo que este film ha recibido buenas críticas. Yo no suelo leerlas casi nunca, y menos antes de ver la película, por aquello de no desear interferencias con mis propias impresiones.

El caso es que tuve la oportunidad, a principios de mayo, de ir a verla y no lo dudé. Historia oscura, de vampiros, de niños, en el norte de Europa, uhmmm combinación explosiva a la que no me pude resistir. No me decepcionó, al contrario, me ha dejado con un regusto extraño, dulce, que hace que todavía recuerde algunos de sus momentos, dos semanas después de haberla visto.

Tengo que decir que no me parece una película fácil ni relajante. Me mantuvo en tensión, a veces casi insoportable, todo el tiempo que duró. Recordad mi aversión hacia la sangre y la violencia, son cosas que llevo mal incluso en la ficción.

La película rezuma un nivel de violencia latente brutal, que en ocasiones estalla. Las escenas más violentas no son generosas en detalles, nos ahorran "lo escabroso" que no resulta necesario para captar lo terrible del momento. Me chocó esa violencia sanguinaria, en un paisaje tan frío, tan blanco como el de una población cualquiera, próxima a Estocolmo. La violencia se percibe entre los ciudadanos, entre los niños en el colegio... curiosamente quien menos violencia me sugiere es la niña, Eli, menuda, extraña, poco habladora, con unos ojos que dicen todo lo que ella calla. Muestra el sufrimiento de un niño, Oskar, a quien los complejos, la soledad y los matones de su clase van torturando hasta que llega su amiga, hasta que se encuentran, se hacen amigos, extraños amigos que se aceptan como son.

Las novelas de vampiros han ejercido una extraña fascinación sobre mí desde siempre. Me atrae su soledad, su ir contracorriente, sus oscuras costumbres, su ser conscientes de lo que son. Me fascina el horror que han provocado en el mundo diurno "de las criaturas normales" que, miradas atentamente, dan más miedo que los mismísmos vampiros.

Quizá sea eso lo que la figura del vampiro me transmite, sin bondades ni maldades absolutas, tan solo las dos caras de la misma moneda, el... ¿reverso oscuro?

¿Cuál es, de los dos, el reverso "más" oscuro: el de los seres diurnos que se alimentan de los cadáveres de otros seres, que devoran sin parar, que se destruyen unos a otros por un porcentaje, un ascenso, fama y gloria... o esas criaturas a las que la luz del sol mata, que viven otra existencia y se alimentan de la sangre de los humanos, tan sólo la necesaria para sobrevivir hasta la próxima puesta de sol? En la figura del vampiro siempre está presente su percepción de que es como es y no puede cambiar, hace lo que hace porque no tiene otra opción... En un momento de la película, Eli le dice a su amigo: "ponte en mi piel"... me tocó el corazoncito. Me tocó el corazoncito la tremenda soledad de los dos amigos que se encuentran, que aprenden un lenguaje común con el que comunicarse entre medio del infierno sospechosamente disfrazado de "normalidad" que les rodea. Me tocó el corazoncito el mismo título de la película, que es la frase que Eli le dice en otro momento decisivo del film a su amigo: "tienes que invitarme a entrar", si no, ella no puede...

¿No es, acaso, eso, la amistad, y no otra cosa? ese permiso que se da al otro a entrar en la buhardilla personal de cada uno, a dejarse ser y dejar ser lo que se es.

Una hermosa película. Dicen por ahí que es un cuento de hadas glacial y poético. Yo veo mucha poesía en la película, y alguna hada, también...

domingo, 28 de diciembre de 2008

Never Cry Wolf




Esta película se estrenó en el año 1983.
Fue dirigida por Carroll Ballard.
Está basada en las experiencias de Farley Mowat.
Fue protagonizada por Charles Martin Smith. Otros actores del reparto son: Brian Dennehy, Zachary Ittimangnaq.
La música fue compuesta por Mark Isham
Su duración es de 105 minutos

Never Cry Wolf es una película cuya historia se basa en la autobiografía de Farley Mowat.

Farley Mowat, en calidad de biólogo, se dirige a esta zona del Ártico para investigar el dramático descenso en la población de caribus, que suponen es debido a las actividades predatoras de los lobos árticos. A partir de este hecho, que oculta la intención del gobierno de emprender una campaña de exterminio del lobo ártico, el protagonista narra en primera persona su experiencia personal bajo tres perspectivas: como biólogo, como urbanita incapaz de sobrevivir por sí mismo en un entorno tan duro y como ser humano.

No he encontrado ninguna versión doblada al castellano. Ésta es una película con poco diálogo, apenas la narración del protagonista, en off, de la experiencia que marcó su existencia. En cualquier caso creo que se puede encontrar subtitulada y con unos conocimientos medios de inglés se puede entender bastante.

Lo primero que descubrí de este fils fue su banda original. Extraño. Me llegó la música de Mark Isham en forma de Cd con tres bandas sonoras, a cual más bella: Ms. Soffel, Never Cry Wolf, The Times of Harvey Milk. Hace más de veinte años que tengo el CD con estas tres piezas magníficas y no he visto ninguna de las películas, salvo Never Cry Wolf. La visioné en la tele, en "La 2", una tarde de julio del año 1992, el día de mi cumpleaños precisamente. Me quedó un recuerdo vago de su fuerza, su recuerdo quedó como cubierto con el polvo del paso del tiemppo. Hace unos meses tuve la oportunidad de hacerme con ella. Verla de nuevo fue un lujo: envidié al personaje, ciertamente. Deseé haber tenido la oportunidad de correr con él al viento, rodeada de lobos, a muchos grados bajo cero. Como otras veces, me hizo recordar el ansia de un reencuentro con algo perdido hace mucho, encerrada como vivo entre muros y edificios de asfalto, entre convenciones humanas y protocoloes de comportamientos absurdos.

Mentiría si dijera que no me gustan los lobos, me gustan en su entorno como tantas otras criaturas no humanas, cuyas maneras me fascinan y me horrorizan por igual. Las reflexiones finales del protagonista son impresionantes:

"Al final no hay respuestas fáciles,
No hay héroes, no hay villanos,
tan solo hay silencio".

Los paisajes son sobrecogedores, la eterna presencia de la nieve, del silencio, del frío que casi se siente en la piel con el transcurso de cada fotograma. La soledad del protagonista (la de cada uno de nosotros, si somos sinceros y nos miramos hacia adentro), que toca el clarinete ante la nada, su riqueza espiritual... hay en la película algo que conecta profundamente con mi corazón, que no encuentro palabras para describir. Es algo que tiene que ver con las raíces de la existencia misma, de lo que somos, en lo que nos hemos convertido como especie, va más allá de la ecología políticamente correcta; es algo más básico, más primal, que queda, creo, muy bien plasmado en la película.

El vídeo de youtube es algo largo, pero constituye un buen resumen de la película y os da la oportunidad de disfrutar de una música espléndida.

Espero que os guste.

domingo, 30 de noviembre de 2008

La buena voz


Desde el umbral de un sueño me llamaron...
Era la buena voz, la voz querida.
-Dime: ¿vendrás conmigo a ver el alma?....
Llegó a mi corazón una caricia.
-Contigo siempre.... Y avancé en mi sueño
por una larga, escueta galería,
sintiendo el roce de la veste pura
y el palpitar suave de la mano amiga.

Antonio Machado.



Ayer por la noche tuve ocasión de visionar la película "La buena voz". La casualidad del zapping aburrido antes de ir a dormir me hizo descubrirla justo cuando comenzaba. Mi corazón dio un vuelco, en los primeros planos: paisajes, aires de la ciudad de Bilbao.

Cuenta la historia de un matrimonio ya entrada la madurez, su vida gris en un mundo gris. Rosa, la protagonista, es dulzura y resignación, es amor y amistad. Su marido es un hombre andaluz, un taxista rudo, enfermo del corazón, que lleva el peso de una vida algo mediocre. Ambos parecen perdidos en mundos lejanos y no parece haber más que tedio y resignación entre ellos. La aparición de una vieja amiga de la familia y el descubrimiento de un hijo que Pepe tuvo con la amiga de Rosa cambiará el curso de sus vidas. Como en otras ocasiones, no desvelo los detalles porque hay sorpresas que merece la pena que se descubran visionando la película.

Me senté con Rosa, la protagonista, y la entendí en su dolor y su estar presente hasta el final dando amor a manos llenas, dedicando su vida a un hombre que la engañó y que, ella lo sabe, nunca la amó. La entendí en su fragilidad y en su generosidad absurda y sinsentido en este mundo que vivimos, rebosante de mercantilismo y de consumismo de sentimientos.

La ambientación del largometraje me cautivó. La historia transcurre totalmente en Bilbao, aunque flota en la historia de los personajes un nexo entre Barcelona (que no aparece en ningún momento del film) y la capital vasca. Esta dicotomía, esa mezcolanza de idiomas me pareció muy linda (al ponerla en el canal autonómico la visioné en versión doblada que respetaba las partes que salen en euskara). Incluso en la banda sonora suena una canción de corte andaluz... cantada en vasco, muy curiosa, la verdad.

Volver a ver el Casco Viejo, la ría del Nervión, el puente de Portugalete... se me removió todo por dentro. Sus fotogramas me devolvieron a mis paseos por la ría, en Portugalete, los primeros días de septiembre que pasé allí. Me encantaba pasear por la Ría, alrededor del Mercado. Me gustaron los desniveles de las calles del Casco Viejo, con la presencia del mar Cantábrico a lo lejos. El día que estuve en Bibao llovía, hacía mucho fresquito, gris y verde, como es el Norte que yo adoro. ¡Qué cómoda me sentí allí!

Hacia el final de la película hay un momento precioso, en el que ese Jordi, el hijo natural de Pepe, le lee unos versos de Machado a su padre recién descubierto, camino del monasterio de Silos... son los hermosos versos que he transcrito en la cabecera de esta entrada. Son tan bonitos que no he podido dejar de plasmarlos en la buhardilla, en donde las palabras bellas flotan, ingrávidas, a su aire.

No es una película alegre, ni tiene un final definido, pero... es un ramillete de sentimientos, una historia que por algún motivo se me hace próxima, muy probable.

"-Contigo siempre.... Y avancé en mi sueño
por una larga, escueta galería,
sintiendo el roce de la veste pura
y el palpitar suave de la mano amiga."

Os lo dedico a todos los que os pasais por la buhardilla. Creo que es una manera preciosa de despedir al mes de noviembre.

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Como en otras ocasiones, dejo los datos de esta película, por si alguien estuviera interesado...

Dirigida por: Antonio Cuadri.
Año: 2006.
Intérpretes: José Luis Gómez (Pepe), Pilar Velázquez (Rosa), Biel Durán (Jordi), Klara Badiola (Begoña Olabarría), Ricard Sales (Mikel), María Luisa Goirigolzarri (Doña Remedios).
Guión: Claudio Crespo.
Música: Juan Carlos Pérez.
Fotografía: Gaizka Bourgeaud Zarandona.
Montaje: Mercedes Cantero.
Dirección artística: Koldo Jones.
Estreno en España: 26 Mayo 2006

domingo, 5 de octubre de 2008

Cadena de favores




Hace dos semanas tuve ocasión de ver esta película. No tenía apenas idea de su línea argumental, de qué iba. Una canción me llevó a ella.

La canción, Calling all Angels, es de Issa, una cantautora canadiense llamada anteriormente Jean Siberry. Hace tiempo que una amiga me la hizo llegar. Me gustó. Es una canción preciosa que me acompaña bien en ciertos momentos. Fue hace poco que supe que esta canción había sido utilizada en la banda original de esta película.

El argumento del film es sencillo. Un maestro de escuela propone en su clase de sociales un trabajo para puntuar a final de curso. Los niños han de proponer acciones, un plan, una forma que ellos crean que pueda servir para mejorar el mundo. Un niño de esa clase, Trevor, tiene una idea peculiar: él comenzará por ayudar a tres personas, hará por ellos algo que ellos no puedan hacer por sí mismos. Entonces, cada una de estas tres personas, a cambio, ayudará a tres personas más y así sucesivamente. Trevor pone su plan en práctica y las cosas suceden de modo diferente a como él había planeado… al principio. El final es sorprendente. No lo desvelaré, por si acaso alguien todavía no la ha visto y le ha entrado ganas de hacerlo al leer esta entrada.

Supongo que es muy infantil por mi parte decir que me ilusionó esta película. Vale, pero me ilusionó, sí, y mucho. Habla de utopías, de creer en lo que uno sueña, por más descabellado y poco sensato que parezca y de tener arrestos para ponerlo en práctica. Habla de los niños, de su bondad, de su maldad intrínseca, que es la nuestra, la de los adultos en que se supone que nos convertimos después. Habla de posibilidades, de casualidades, de destino, habla de todo lo que hacemos y las consecuencias de todos nuestros actos. Acaba la película y una se convence de que tiene que haber un modo de hacer realidad ciertos sueños, que darle la vuelta a las cosas es posible y que no todo lo que parece una locura a los ojos de lo convencional y estándar tiene por qué serlo en realidad.

Me gusta escuchar lo que dicen los críos, a más años pongo con más atención les escucho. Su manera de enfocar los problemas, de ver el mundo, me parece más fresca que la de mucha gente adulta, cuya mirada está irremediablemente viciada por la cultura y la domesticación a la que todos nos sometemos, más o menos voluntariamente.

A veces hay historias que tratan de decirnos algo tan sencillo como esto: Se puede cambiar el mundo, pero no lo van a hacer esos políticos a los que tanto dinero pagamos, ni a esos personajes famosos que dejan caer perlas de sabiduría a golpe de talonario. Si algún día se arregla el mundo, serán las personas quienes lo harán, sin grandes investigaciones científicas, sin grandes planes de desarrollo económico, será algo muchísimo más simple, que habrá de partir necesariamente de nuestra actitud y nuestra manera de relacionarnos con el mundo y sus habitantes. Gente capaz de… desaprender todo lo superfluo que nos han enseñado y que hemos creído sin poner en tela de juicio. A veces me encuentro a gente por el camino que me convence de que los milagros existen y que todo es posible. Otros días… mejor lo dejamos, que nadie es perfecto, ¿verdad?

No pretendo hacer crítica formal de cine. La mía es tan solo una opinión, que por otro lado es tan válida como las vuestras y como la de los críticos de cine convencionales: subjetiva, personal e intransferible. Si alguien tiene ganas de ver algo diferente a grandes efectos especiales, guerras en galaxias lejanas, mujeres guapísimas que no se despeinan ni cuando caen por un precipicio (que no digo que no sea divertido verlas, para todo habrá su momento)… si alguien tiene ganas de ver una historia de personas que se equivocan, de gente corriente y moliente, como quien pueda estar leyendo estas líneas, como yo, como el mundo… que busque esta película… y que nos cuente, por favor, su opinión.

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Datos sobre la película, por si alguien está interesado:

Cadena de favores
Título original en inglés: Pay it forward.
Año de producción: 2000.
Dirigida por Mimi Leder.
Música de Thomas Newmann.
En el reparto aparecen, en los caracteres principales: Haley Joel Osment, Kevin Spacey, Helen Hunt, James Caviezel, Jon Bon Jovi.



Lovecats, de Benita Winkler