domingo, 21 de diciembre de 2008

Solsticio invernal



Me enteré al regresar a casa: llegó el invierno. Bienvenido tiempo de recogimiento, de meditar, de entender. Hoy, tras el primer atardecer de la estación, he pensado que hemos de ser cuidadosos con las palabras. A veces las usamos con desmesura, tratando de comunicar lo que no se puede transmitir. Esta es, más que ninguna otra, la estación de la luz de la vela, de la ausencia de movimiento aparente, de morir un poco para renacer en la primavera.

En el blog de un buen amigo vasco leí no hace mucho que encontró a precio de saldo ciertos libros. La lectura es algo apasionante, que apetece ahora, refugiados en casa al abrigo de la estufa y un té bien calentito. En ocasiones uno cree encontrar el libro que anda buscando, otras más bien parece lo contrario, que son ellos, los libros, los que nos encuentran.

Algo así me pasó un día de esta semana. En mi andar apresurado por la ciudad me detuve en una herboristería, como buena bruja, a curiosear hierbas, hechizos, preparados, siempre a la caza de algo con lo que crear nuevas magias. Me quedé petrificada al encontrar un libro en el escaparate, uno que anduve buscando hace tiempo sin suerte. Se me dijo que estaba descatalogado, quizá reeditado en alguna edición de bolsillo que también habría desaparecido del mercado. Bueno, pues allí, en una esquina, como olvidado, el libro llamó mi atención. Es de Richard Bach, y se llama El puente hacia el infinito. La bruja no dudó un momento, entró en la tienda y tras pagar una escasa cantidad de dinero, salió con él en sus manos.

Hace tiempo un amigo, una de las personas a las que más he querido, me habló de él y me dijo que tenía que leerlo, que a él le transportó y le emocionó. Su entusiasmo me contagió y por ello lo busqué.

Hace tiempo que esa persona desapareció de mi vida y yo había desistiedo en mi búsqueda. Me resultó extraño dar ahora, tan a destiempo, con este libro, que tengo añadido a la inmensa lista de lecturas pendientes. Pero algo me impulsa a leerlo. Tendré que averiguar el motivo.

Parece una historia de amor. Parece algo autobiográfico. Habla de almas gemelas. Éste último es un concepto que me causa cierto malestar. Hubo un tiempo en que creí en la existencia de un alma gemela, más allá de tiempo y espacio, en que todos la teníamos, en que el amor podía ser eterno, y que para nosotros había "una media naranja" pululando por ahí. Es por eso que esperaré a leerlo, a ver si me convence de lo contrario.

Mientras, prefiero pensar lo que leí hace unos meses y que me consoló: no somos medias naranjas "a la búqueda y captura de la otra media", nosotros ya somos una naranja entera. El amor es más generoso y libre si se mira desde este prisma.

Así que, de esta guisa, entre brumas y descubrimentos, nos vamos adentrando en el invierno...

6 comentarios:

Ricardo Colomer dijo...

Te vi por mi Blog "Mirando para poder ver", el cual hacía tiempo que no visitaba y la verdad es que siempre es agradable encontrar a alguien por ahí; así que me planté por aquí en una breve visita sin avisar y pasé un buen rato viendo y escuchando tu Blog. No será la última vez que venga...vamos, si se me permite.

Aaaah, no me disgusta el invierno, pero donde se ponga el solecito de la primavera.

Un besote

Laureta dijo...

Me encanta ese toque que le has puesto a tu blog... es genial... me he quedado fascinada al verlo! :)))

Creo que este largo período de ausencia, me hace volver con más ganas de descubrir cosas nuevas...

El invierno siempre nos trae sorpresas, aunque a veces, puedan ser desagradables... y me alegro que en tu caso, haya hecho abrir una puerta que habías entrecerrado con el tiempo... ahora sólo falta, como bien has dicho, abrir ese libro, y dejarte empapar por sus escritos!

Yo también creía que existían las almas gemelas, también que la había encontrado, aunque el tiempo me enseñó que nunca había sido así.... Ahora, en el blog, he podido ver que existen personas que piensan como tu, y creo que alguno de ellos es como un espejo de mi alma... pero me guardo para mi quién es ese blog!! :))

Una entrada fascinante!

Un beso, brujilla... ya echaba de menos leerte!

Laureta dijo...

Quería decir, que piensan como yo! jejejeje... se me ha colado!! :)

Anónimo dijo...

Bonita, muy bonita reflexión. La mía es que nos empeñamos en buscar almas gemelas, y no hay almas gemelas, cada alma es única. ¿Por qué no buscamos simplemente almas acompañantes? En este momento de mi vida, mi mayor deseo es tener a esa alma acompañante a mi lado, apoyándome, comprendiéndome, haciéndome sonreir, queriéndome, estando ahí. No hace falta que sea gemela, no hace falta que llegue a lo más profundo de mi corazón. Sólo necesito que me acompañe.

Sobre mi regazo tengo a mi pequeño Salem, uno de mis dos gatitos reciéntemente adoptados. Siento su calorcito en mis piernas y su inocencia de bebé. Y sonrío. Mientras espero a que llegue mi alma acompañante, yo tengo a unas cuantas almas pequeñitas para acompañar: de cuatro patas y de dos. Un besito brujilla. Ada

El Criticon dijo...

Hola brujita.
A mi me encanta el invierno.
El verano es para los ricos o para estar de vacaciones.
Lo de buscar almas esta bien
¿pero no es mejor buscarse asi mismo?y lo mas importante ¡encontrarse!
Sobre la lectura te recomiendo tres libros: los hijos de la lluvia, carta del mas alla y los renglones torcidos de dios, los tres de Torcuato Luca de Tena.
Los tres imprencisdibles en una buena biblioteca. De verdad si puedes leelos, despues me daras las gracias por el consejo.
Besos, y feliz navidad mi bruja

Laureta dijo...

¿Acaso son iguales los gemelos? No existe nada IGUAL, aunque sí muy semejante... ¿no crees, Ada?

El criticón, yo sí te tomo consejo, he leido el de los Renglones i me fascinó (aunque el final es un tanto raro!!), creo que me tiraré al Carta del más allá... me da que será igual de bueno!

Por cierto, Brujilla!! Que no sabía nada de lo de tu familar!! Está mejor? Está bien?? Me acabo de enterar!!


Lovecats, de Benita Winkler