Barecelona es una ciudad con muchos habitantes, se extiende a diestro y siniestro entre dos ríos (el río Besòs al Norte y el Llobregat al Sur,) limita al mar por el Este y con la sierra de Collserola al Oeste... En este espacio, surcado por llanos, montes bajos, antiguas rieras, pueblos cercanos a la ciudad amurallada que han sido progresivamente devorados por la metrópoli, el director mexicano Alejandro González Iñárritu nos cuenta una historia.
Una servidora, que vive en esta ciudad desde hace 46 años y que patea cada día sus calles, huele sus perfumes y sufre sus consecuencias, contempló la historia y la encontró tremenda. Un cuento de seres probables y posibles que habitan este espacio del Mediterráneo.

Uxbal es un padre de familia que lucha para sacar adelante a sus dos hijos, con el problema añadido de su esposa bipolar, que tendrá que plantar cara a un serio problema de salud que puede condicionar el futuro de sus hijos.

Es un hombre corriente, no tiene historia que nadie vaya a recordar, no destaca en nada, es... alguien a quien la vida lleva por donde lleva. Puede parecer un tipo duro, y sin duda lo es, pero tiene un don: no ha perdido la capacidad de amar, ni a sus hijos ni a los demás. A su modo y dentro del sistema despiadado, corrupto, que la legalidad ha establecido con los inmigrantes que aterrizan en la ciudad, intenta mantener una "in-cierta" justicia. Esta justicia resulta difícil de comprender, tanto para los propios inmigrantes a los que da trabajo, como para el policía amigo o incluso para el hermano, socio de sus negocios poco ortodoxos.
Ante todo Uxbal es un hombre profundamente solo, que no tiene de quién echar mano. Las circunstancias van haciendo su carga más y más pesada: hijos a los que educar, pareja con la que apenas puede contar y que ni sabe cuidar de sí misma, su maltrecha salud... y los escasos gestos de bondad que intenta hacia los demás se vuelven en su contra. Lucha como un samurai, y sabe que tiene las de perder...

No voy a dar más detalles del argumento, por si no la habéis visto, porque yo fui a verla con ciertos prejuicios y la realidad del film me sobrepasó.
No es bonito asistir a la realidad de la inmigración más desamparada de Barcelona, gente que se gana la vida en negocios ilegales, cuando no al margen total de la ley. Esas paraditas de tops manta que nos venden cd's pirata, bolsos de Tous de imitación a buen precio, encierran otra realidad que todos nos negamos a reconocer. Nos importa un carajo si aquel señor de color depende de ese negocio turbio, que a su vez es competencia desleal para aquel otro tendero que abre cada mañana su tienda y paga muchos impuestos por ello. Compramos barato, y esa compra, cargada de doble moral, fastidia al tendero, permite sobrevivir al sin papeles que no puede hacer mucho más y hace rico a algún intermediario o algún policía corrupto que se deja hacer, a cambio de un porcentaje. Es un juego de suma cero: todos ganamos.
¿Todos ganamos? ¿Nadie se para a pensar en las consecuencias de lo que se compra a alguien en semejantes condiciones? Yo creo que fingimos ingorancia hacia todo lo que perturba y molesta. No queremos complicarnos la vida. Alguien me dijo no hace mucho que pensar duele, ver las cosas como son, también. Por eso nos anestesiamos con las más tontas justificaciones, para no reconocer según qué cosas, para no afrontar según qué realidades.
No se habla mucho de estos temas. Periódicamente se hacen redadas en ciertos lugares de mi ciudad "para limpiarlos" de inmigrantes y venta ilegal, desmantelan algún taller clandestino en el que gente sin documentación es obligada a trabajar en condiciones que ningún sindicato aprobaría (ni nuestra amada y vilipendiada Constitución). Sacamos a los vendedores ilegales de un lado y los metemos en otro para que no "se vean tanto". A veces los vemos escapar de los mossos.El verano pasado presencié un amago de huida, subieron al autobús en el que yo estaba regresando a casa desde el hospital. Me di cuenta de que la gente los ayudaba a camuflarse, para pasar desapercibidos. Me dio pena. No les queremos aquí, pero les compramos baratas sus mercancías, queremos que paguen impuestos pero no hay trabajo para tanta mano de obra sin qualificar. Así que damos con una mano y retiramos con la otra.
En más de una ocasión siento vergüenza. Vergüenza propia y ajena.
Y esto es lo que hay, y una de las cosas que cuenta esta película. Toda la historia transcurre en la ciudad de Barcelona, en lugares próximos a mi casa que conozco. Tengo el honor de atender en el hospital del Mar a gentes que, como Uxbal, se han de enfrentar a situaciones muy complicadas y lo hacen con una dignidad tan simple como natural. Las playas de la Barceloneta, un colegio del barrio del Raval, calles del Barrio Gótico, incluso alguna localización en la Mina, aparecen junto con el skyline barcelonés, para hacer creíble la historia de Uxbal.
Por otro lado, hay momentos de una brutal sensibilidad en el film, en que se nos muestra con imágenes difusas el propio pensamiento de Uxbal. Esos momentos son especialmente emocionantes para mí, que paseo por los mismos lugares que el protagonista. Ver amanecer en las proximidades del mar, en las callejuelas cortas del barrio de la Barceloneta, es un pequeño privilegio en el que solo algunas almas infantiles e inconscientes, reparamos... mirar al cielo y ver revolotear las bandadas de pájaros, olisquear el aire de la mañana en los barrios barceloneses que tocan al mar, contemplar cómo la ciudad loca despierta cada día y se duerme cada noche... todo eso no me es extraño. Como tampoco me resulta extraña la vaga sensación que me llega del personaje central de este cuento: le cansa la vida, y al mismo tiempo, desea con fuerza vivirla.
Se me dice que leer historias es algo que acaba aburriendo, o que, simplemente, tiene interés escuchar sobre vidas ajenas, reales o ficticias. Yo sigo interesada en las historias que algunos se empeñan en contar, sea a la luz de la luna, una noche, en el monte, o en una sobremesa, o de la mano de la confidencia, como una fabulación, concentrada en un buen libro o en una película que engancha.
Las historias son... reflejos y pedazos de nosotros y de los otros, a través de ellos fingimos vivir una vida que no es nuestra y ellos, a su vez, se nutren de nuestros fantasmas. El narrador de historias tiene algo mágico entre las manos y las palabras con las que teje sus narraciones. Ahora, con el cine, también, son imágenes.

Sólo un detalle más a comentar: el título de la película, que surge de una pregunta de la hija de Uxbal, mientras hace sus deberes. Las cosas, pues, deberían ser tal como suenan ¿no?
