lunes 28 de febrero de 2011

Biutiful: Barcelona es un buen lugar para morir



Barecelona es una ciudad con muchos habitantes, se extiende a diestro y siniestro entre dos ríos (el río Besòs al Norte y el Llobregat al Sur,) limita al mar por el Este y con la sierra de Collserola al Oeste... En este espacio, surcado por llanos, montes bajos, antiguas rieras, pueblos cercanos a la ciudad amurallada que han sido progresivamente devorados por la metrópoli, el director mexicano Alejandro González Iñárritu nos cuenta una historia.

Una servidora, que vive en esta ciudad desde hace 46 años y que patea cada día sus calles, huele sus perfumes y sufre sus consecuencias, contempló la historia y la encontró tremenda. Un cuento de seres probables y posibles que habitan este espacio del Mediterráneo.











Uxbal es un padre de familia que lucha para sacar adelante a sus dos hijos, con el problema añadido de su esposa bipolar, que tendrá que plantar cara a un serio problema de salud que puede condicionar el futuro de sus hijos.




















Es un hombre corriente, no tiene historia que nadie vaya a recordar, no destaca en nada, es... alguien a quien la vida lleva por donde lleva. Puede parecer un tipo duro, y sin duda lo es, pero tiene un don: no ha perdido la capacidad de amar, ni a sus hijos ni a los demás. A su modo y dentro del sistema despiadado, corrupto, que la legalidad ha establecido con los inmigrantes que aterrizan en la ciudad, intenta mantener una "in-cierta" justicia. Esta justicia resulta difícil de comprender, tanto para los propios inmigrantes a los que da trabajo, como para el policía amigo o incluso para el hermano, socio de sus negocios poco ortodoxos.

Ante todo Uxbal es un hombre profundamente solo, que no tiene de quién echar mano. Las circunstancias van haciendo su carga más y más pesada: hijos a los que educar, pareja con la que apenas puede contar y que ni sabe cuidar de sí misma, su maltrecha salud... y los escasos gestos de bondad que intenta hacia los demás se vuelven en su contra. Lucha como un samurai, y sabe que tiene las de perder...





















No voy a dar más detalles del argumento, por si no la habéis visto, porque yo fui a verla con ciertos prejuicios y la realidad del film me sobrepasó.

No es bonito asistir a la realidad de la inmigración más desamparada de Barcelona, gente que se gana la vida en negocios ilegales, cuando no al margen total de la ley. Esas paraditas de tops manta que nos venden cd's pirata, bolsos de Tous de imitación a buen precio, encierran otra realidad que todos nos negamos a reconocer. Nos importa un carajo si aquel señor de color depende de ese negocio turbio, que a su vez es competencia desleal para aquel otro tendero que abre cada mañana su tienda y paga muchos impuestos por ello. Compramos barato, y esa compra, cargada de doble moral, fastidia al tendero, permite sobrevivir al sin papeles que no puede hacer mucho más y hace rico a algún intermediario o algún policía corrupto que se deja hacer, a cambio de un porcentaje. Es un juego de suma cero: todos ganamos.

¿Todos ganamos? ¿Nadie se para a pensar en las consecuencias de lo que se compra a alguien en semejantes condiciones? Yo creo que fingimos ingorancia hacia todo lo que perturba y molesta. No queremos complicarnos la vida. Alguien me dijo no hace mucho que pensar duele, ver las cosas como son, también. Por eso nos anestesiamos con las más tontas justificaciones, para no reconocer según qué cosas, para no afrontar según qué realidades.

No se habla mucho de estos temas. Periódicamente se hacen redadas en ciertos lugares de mi ciudad "para limpiarlos" de inmigrantes y venta ilegal, desmantelan algún taller clandestino en el que gente sin documentación es obligada a trabajar en condiciones que ningún sindicato aprobaría (ni nuestra amada y vilipendiada Constitución). Sacamos a los vendedores ilegales de un lado y los metemos en otro para que no "se vean tanto". A veces los vemos escapar de los mossos.El verano pasado presencié un amago de huida, subieron al autobús en el que yo estaba regresando a casa desde el hospital. Me di cuenta de que la gente los ayudaba a camuflarse, para pasar desapercibidos. Me dio pena. No les queremos aquí, pero les compramos baratas sus mercancías, queremos que paguen impuestos pero no hay trabajo para tanta mano de obra sin qualificar. Así que damos con una mano y retiramos con la otra.

En más de una ocasión siento vergüenza. Vergüenza propia y ajena.

Y esto es lo que hay, y una de las cosas que cuenta esta película. Toda la historia transcurre en la ciudad de Barcelona, en lugares próximos a mi casa que conozco. Tengo el honor de atender en el hospital del Mar a gentes que, como Uxbal, se han de enfrentar a situaciones muy complicadas y lo hacen con una dignidad tan simple como natural. Las playas de la Barceloneta, un colegio del barrio del Raval, calles del Barrio Gótico, incluso alguna localización en la Mina, aparecen junto con el skyline barcelonés, para hacer creíble la historia de Uxbal.

Por otro lado, hay momentos de una brutal sensibilidad en el film, en que se nos muestra con imágenes difusas el propio pensamiento de Uxbal. Esos momentos son especialmente emocionantes para mí, que paseo por los mismos lugares que el protagonista. Ver amanecer en las proximidades del mar, en las callejuelas cortas del barrio de la Barceloneta, es un pequeño privilegio en el que solo algunas almas infantiles e inconscientes, reparamos... mirar al cielo y ver revolotear las bandadas de pájaros, olisquear el aire de la mañana en los barrios barceloneses que tocan al mar, contemplar cómo la ciudad loca despierta cada día y se duerme cada noche... todo eso no me es extraño. Como tampoco me resulta extraña la vaga sensación que me llega del personaje central de este cuento: le cansa la vida, y al mismo tiempo, desea con fuerza vivirla.

Se me dice que leer historias es algo que acaba aburriendo, o que, simplemente, tiene interés escuchar sobre vidas ajenas, reales o ficticias. Yo sigo interesada en las historias que algunos se empeñan en contar, sea a la luz de la luna, una noche, en el monte, o en una sobremesa, o de la mano de la confidencia, como una fabulación, concentrada en un buen libro o en una película que engancha.

Las historias son... reflejos y pedazos de nosotros y de los otros, a través de ellos fingimos vivir una vida que no es nuestra y ellos, a su vez, se nutren de nuestros fantasmas. El narrador de historias tiene algo mágico entre las manos y las palabras con las que teje sus narraciones. Ahora, con el cine, también, son imágenes.


Sólo un detalle más a comentar: el título de la película, que surge de una pregunta de la hija de Uxbal, mientras hace sus deberes. Las cosas, pues, deberían ser tal como suenan ¿no?

domingo 28 de noviembre de 2010

Tu sexo es mi perfume



















Es un libro de… chicas y para chicas, sí, para una raza de chicas que nacimos en los años sesenta. Es un libro para las mujeres que hemos vivido a caballo entre dos épocas distintas, chicas que recibimos una educación que luego tuvimos que desaprender, porque no nos prepararon en absoluto para lo que nos esperaba.

Crecer no es fácil, buscarse un lugar bajo el sol tampoco. Todavía es menos sencillo si se es mujer. Ni lo fue antes ni lo es demasiado ahora, por más que hayan cambiado algunas cosas.

La historia que narra Anna Llauradó es un pequeño homenaje a un tipo de mujeres que conozco bien. Es un homenaje a la valentía. Es un homenaje a la sensualidad, por encima de lo estrictamente sexual. Es un homenaje a la vida. Pero, por encima de todo es un homenaje al amor.

Una mujer, cuyo nombre no se nos revela en la novela, describe su vida al tiempo que, desde sus recuerdos, nos explica la historia de su tía, Irene, con quien siempre ha sentido una gran afinidad.

La protagonista comienza hablando de sus sentimientos y del parón enorme que tuvo que dar a su vida cuando su ritmo frenético la llevó a los ataques de pánico. Un pozo del que saldría poco a poco, victoriosa y algo más sabia.

Pero, tras el velo de su propia historia, contada en primera persona, nos va presentando a través de sus recuerdos a los fantasmas de su infancia que la acabarían llevando a la ansiedad. Unos fantasmas que corren a la par de la intensa relación que su tía, Irene, mantuvo con Roberto, un hombre italiano de origen japonés.

La historia de Irene es una historia de amor, claro, pero en tránsito hacia su autodescubrimiento, hacia el descubrimiento del otro. De la mano de Roberto Irene entraría en los laberintos de la sensualidad, del perfume hecho sensación y del deseo con el amante casi perfecto.

No se atrevió a plantar cara a un modo de vida y una sociedad cerrada, y terminó casándose con “el hombre adecuado” según los cánones sociales.

Renunció a sí misma o lo que es lo mismo: renunció a la posibilidad de ser feliz. Durmió sus sentidos, simuló olvidar los perfumes y vivió aletargada.

Hasta que un día… despertó de nuevo al mundo y a la posibilidad, de vivir, de vivirlo, al mundo y a la propia vida.

… aunque la lucha entre el deseo y el miedo ha sido una tónica habitual en mi vida. Y en la de tía Inés también.
Todo eso son tonterías, dirían en casa. Pero, en estos momentos, enfrentarme a la posibilidad de la tontería y no temerla ya es un buen comienzo. Atreverme es el verbo: frente al temor, el deseo y el atrevimiento.


A través de Irene y su sobrina me vi inmersa en un viaje de dentro hacia fuera. Un viaje de los olores a la consciencia del momento pasado, del momento presente.

Dicen que el olfato es uno de los sentidos que tenemos más conectados con el resto de animales no humanos. Un sentido que tiene un fuerte poder de evocación, de memoria. ¿Quién no ha recordado, a través de un olor, un sentimiento, un momento, una historia? Mis propios recuerdos de niña tienen un fuerte poder olfativo: el olor a croissant recién hecho en la pastelería cercana al colegio, cada tarde. El olor a la colonia de limón que impregnaba mis primeras clases, que me conducían a las primeras palabras escritas, aprendidas con aquella maestra franquista... Olor a árbol de Navidad, cada diciembre, olor de naranjas mezclados con frío, olor a salitre durante los veranos, mezclado con el perfume de la leche merengada, olor a jazmines, en un pueblo perdido de Almería…

Esta narración tiene un potente compomente olfativo. Cada olor trae un recuerdo, evoca un suceso, una idea. La delicia del perfume crea la atmósfera adecuada en cada momento del relato, como lo crea en cada momento de nuestras vidas.

Pero regreso a la historia que Anna entreteje…

La de Irene y Roberto es una historia de amor. Con mayúsculas, teñida de perfumes, de poesía, de una sensualidad inocente y perversa al mismo tiempo. Roberto tiene ascendencia japonesa, ella, sin embargo es totalmente latina, intuyo que Mediterránea, por su manera de vivir, de sufrir y de negarse a sí misma. Roberto le mostrará, al modo italiano y japonés (que no chino) lo que es la paciencia, le hablará del valor del momento presente. Se entregarán el uno al otro, de verdad, hasta el fondo de sí mismos.

Conocer a Roberto fue entrar en la casa del té.
-Cuando quieras correr, párate- le dijo él, horas después de conocerse.


En el mundo de prisas y velocidades que conocemos todos, esa frase es un choque brutal con otra realidad que hemos ido enterrando todos bajo responsabilidades, deberes, porcentajes y objetivos. ¿Dónde se nos queda el tiempo para vivir? ¿Dónde arrinconamos el tiempo para la contemplación de lo que se mueve? ¿Dónde, en qué punto del camino dejamos de lado al amor? Hemos dejado todo lo importante a un lado, y vamos de cabeza hacia la locura.

Días después Roberto le explicaría a Inés que en la ceremonia del té, el secreto se desvela si estás. Presente.
Coges la taza…
La miras…
La sientes…
Te enteras realmente de cómo es…
La conoces.
Sí, conoces la taza.
Vas a beber de ella… Así que te relacionas con ella…
Y, de repente, una sencilla taza de té se transforma.
“Te” transforma.
Existes.
Ni un segundo de tu existencia se malgasta.


Se trata de llevar la existencia a la máxima expresión. Todo un reto que, a veces, milagrosamente, logran dos almas a la vez. No es fácil. No es probable. Pero tampoco es imposible.

Roberto le muestra, queriendo y sin querer, la dimensión desconocida del verbo y del deseo. No es algo voluntario. Un lazo muy fuerte, inexplicable, se crea entre ellos nada más conocerse. Irene, sin demasiada experiencia, tiene una revelación potentísima que a duras penas es capaz de explicarse:

... y a ella le gustaba tanto la poesía… Además, necesitaba palabras. No sólo para escribir versos, sino para romper el silencio con Roberto: le daba miedo. En realidad, temía al deseo que había empezado a manifestarse, desnudo, directo, cuando no había palabras entre ellos. Así que empezó a preguntar, a interesarse, con una cierta sinceridad, pero, sobre todo, con urgente necesidad.


"La verdad no tiene más que un camino". Es una frase hecha que todos hemos escuchado hasta la hartarnos. La verdad es que no hay una sola verdad, hay muchas, como caminos se abren ante la tierra que pisamos. El camino está plagado de trampas, de espejismos, de fantasmas y caminos traicioneros. El miedo nos puede en ocasiones, arriesgarse por senderos poco transitados es peligroso. Por eso muchos nos equivocamos, elegimos el que parece más seguro, que no es necesariamente el mejor.

Irene tuvo miedo y no se atrevió. Roberto puso ante sus pies la prueba de su error, envuelta en un arrebatador instante…

Él se arrodilló entonces ante la mujer que iba a perder para siempre, levantó suavemente su vestido, deslizó sus medias hasta sus tobillos, desnudó luego su sexo y, con absoluta desesperación, hundió sus labios en aquella flor cuyo aroma quedaría eternamente guardado en su memoria. Aquel fue el beso más devastador que Inés llegaría a conocer jamás y, por él, estuvo a punto de dejarlo todo y… Perdió la noción de sí misma, como la primera vez, en la playa, y la reencontró en brazos de Roberto que, en el último instante, volvió a mirarla, una vez más, la última ya, con aquel destello oriental, esperando a que ella se atreviera… Pero Inés no pudo y él la abrazó con todo su ser para confesarle, para susurrarle, para inmortalizar en ella el deseo y la voz de su alma diciéndole:
-Tu sexo será mi perfume. Siempre. Aunque nunca nos volvamos a ver…


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¿He desvelado el final de la historia? Ni por asomo. Hay que leerla toda, que se deja, por su sintaxis sencilla y sin complicaciones. Anna sabe transmitir sin demasiado adorno lo que nos cuenta. Sabe dar el tono justo a la palabra adecuada. A lo largo del libro se suceden recuerdos, aromas cotidianos que todos conocemos y que, seguro, nos evocan recuerdos propios; hay mucha ternura y algunas pinceldas de ironía en el relato. El gusto por la poesía, los juegos de haikus, el valor eterno del instante presente se combinan con una historia amena de final sorprendente, o no porque… ¿hasta cuándo no nos atreveremos a ser nosotras mismas? ¿permaneceremos siempre encarceladas en la prisión de lo conveniente o abriremos las ventanas, dejaremos que entre el aire fresco y viviremos de una vez la vida que queremos?

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Los textos entrados en cursiva son citas extraídas de la primera edición de esta novela, que fue publicada por Ediciones el Andén, en octubre de 2007.
Anna Llauradó
Tu sexo es mi perfume.


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イスマエルの

jueves 4 de noviembre de 2010

ignorancia



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Mucho ha de aprender
Quien está ciego a la luz del relámpago.
Matsuo Bashô

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¿Se puede aprender de una vez por todas?
¿se puede no volver a caer?
Cuando llega la tormenta, la única opción posible,
es salir a la intemperie y mojarse.
Confiar en que la luz del relámpago, finalmente, ilumine.

La vida es extraña a veces. Piensas que ya, por fin, lo viste todo.

Y entonces viene ella, a sacudirte, para despertar.

domingo 31 de octubre de 2010

All Souls Night


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Bonfire dot the rolling hillsides
Figures dance around and around
To drums that pulse out echoes of darkness
Moving to the pagan sound.

Somewhere in a hidden memory
Images float before my eyes
Of fragrant nights of straw and of bonfires
And dancing till the next sunrise.

Chorus
I can see the lights in the distance
Trembling in the dark cloak of night
Candles and lanterns are dancing, dancing
A waltz on All Souls Night.

Figures of cornstalks bend in the shadows
Held up tall as the flames leap high
The green knight holds the holly bush
To mark where the old year passes by.

Chorus

Bonfires dot the rolling hillsides
Figures dance around and around
To drums that pulse out echoes of darkness
Moving to the pagan sound.

Standing on the bridge that crosses
The river that goes out to the sea
The wind is full of a thousand voices
They pass by the bridge and me.

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Este tema se inspiró en la tradición japonesa que honra a las almas de los antepasados encendiendo pequeñas velas que, alojadas en pequeñas barcas, flotan hacia el mar. Al mismo tiempo aunó la tradición japonesa con la imagería celta de la Noche de todos los santos.

Esa noche marcaba el año nuevo celta, el Samhain, que se iniciaba tras las cosechas estivales. Durante esa noche, los fuegos ardían para conmemorar el Año Nuevo celta y ofrecer calor a las almas de los que ya marcharon. Con esas dos imágenes, con esas dos tradiciones en mente, Loreena McKennitt compuso esta canción.

sábado 23 de octubre de 2010

Brownie para amigos

La cocina es un pasatiempo y una necesidad. Se puede cocinar para sobrevivir, se puede comer eternamente de sobres aprovechando la amplia oferta que la industria alimentaria pone a nuestra disposición y se puede comer bien cocinando con imaginación según lo que se encuentra en el mercado.

Yo soy de las que disfruta y se entretiene cocinando. Comenzó como un interés de adolescente: me relajaba en mis horas de estudio aprendiendo a cocinar lenguas de gato, bizcochos, cualquier cosa que sonara a dulce. Luego, lógicamente, vino lo demás.

Comencé con la ayuda de los libros de cocina. He cocinado casi de todo: potajes, paellas, fideuás, ossubucos, canalones, lasañas, hago mis propias masas de pizza, caldos, cremas de verduras, quiches, bizcochos, panellets, trufas, profiteroles... incluso en mi época de vegetariana estricta aprendí a preparar seitán, una experiencia divertida y muy gratificante.

A medida que aprendes a cocinar, vas asumiendo lo que yo llamo una cierta "intuición". No hace falta un gran dominio de las cantidades ni ajustarse al guión de una receta. La experiencia y cierta sensibilidad hacen el resto. Con el tiempo, algunas acabamos por tirar los libros de cocina y encendemos el horno a ver qué ocurre.


Esto se pone de manifiesto con la receta del brownie. El brownie es un pastel de chocolate muy típico de los países anglosajones. Es, básicamente, una mezcla (explosiva) de mantequilla, chocolate, azúcar, huevos y nueces. Hay infinidad de variaciones de la receta original. El secreto del brownie está en dos cosas: primero, utilizar ingredientes de calidad y segundo, ajustar los tiempos de cocción. Sobre la razón del segundo punto he de decir que el brownie no debe acabar de cocerse del todo. Debe cocerse "a medias" para lograr una corteza que encierra la parte central sin acabar de cocer, tierna o cremosa. Conocer el comportamiento de nuestro horno es importante. De hecho, el secreto de casi todos los bizcochos bien hechos radica en la cocción, más que en si nos hemos pasado de cantidad con el azúcar o el aceite de oliva.

Mi brownie suele ser un "must" cuando voy a cenar a casa de mis amistades y mi familia. El viernes por la noche asistí a una cena con buenos amigos que tengo en Terrassa y cada uno trajo un plato distinto. Una de mis amigas es una excelente cocinera y nos agasajó con una corona de calabaza con salsa de roquefort que despertó más de un gemido de placer (mío), unas ensaladas de rúcula con queso griego y tomates... fue una orgía de colores y sabores más allá del manido plato de embutidos con pan (y tomate, al estilo catalán).

Mi versión funciona como os contaré a continuación. Apunto cantidades que yo siempre doy como aproximadas, ya que en la cocina la flexibilidad es una gran cualidad.

------------------- INGREDIENTES ----------------------------
200 gr. de chocolate fondant (yo gusto de ponerlo alto en cacao, mínimo 70%).
200 gr. de mantequilla (nada de porquerías tipo margarina, no os dejéis engañar).
150 gr. de azúcar (si es glas, mucho mejor, pero yo utilizo la normal, más a mano).
3 huevos grandes.
100-120 gr harina blanca (a veces la pongo integral o de espelta, entonces suelo poner algo menos), pasada por el cedazo, para que no queden grumos.
1/4 de sobre de Levadura Royal.
Un puñado de nueces (o almendras, o avellanas... cualquier fruto seco vale)
Trocitos de naranja confitada, al gusto.

------------------- ELABORACIÓN -----------------


1. Encendemos el horno para comenzar, a temperatura media.
2. Engrasamos el molde: pasarle una capa de mantequilla de aceite, luego lo espolvoreamos finamente con harina. Yo siempre sacudo y tiro la harina que se desprende, la sobrante.










3. En un cazo, a fuego mínimo, pongo a fundir la mantequilla mezclada con el chocolate fondant. Técnicamente se debería hacer al baño María, pero, a fuego mínimo y removiendo sin parar, queda igual de bien. Eso sí, no podéis descuidaros, si la mantequilla o el chocolate hierven, la mezcla se desvirtúa mucho, el secreto está en remover sin parar hasta que ambos hayan fundido y se hayan mezclado.







4. En un bol cascamos los huevos y se baten con brío un par de minutos, (pensad en vuestro jefe, suele funcionar).
5. Añadimos el azúcar y seguimos batiendo, hasta conseguir una mezcla espumosa.
6. Con las varillas de batir vamos añadiendo suavemente la mezcla de mantequilla y chocolate. Esta mezcla ha de tener un bonito color marrón, brillante, que se mezclará bien con los huevos y el azúcar.








7. La textura será como de crema, no hace falta batir mucho rato. Una vez mezclado, añadimos la harina como en lluvia. En este punto dejamos las varillas de batir y mezclamos con una espátula de madera, efectuando movimientos de fuera hacia dentro, "envolviendo" la masa.
8. Finalmente mezclamos con este método los frutos secos y la naranja confitada.
9. Esta mezcla, que debería tener una textura de crema espesa brillante y algo viscosa (o sea que se deslice, pero no demasiado) se vierte en el molde.
10. La cocción. A mí me funciona lo siguiente: 15 minutos a horno medio-fuerte y 20 minutos bajando la temperatura a medio-bajo con la idea de consolidar la corteza (y no quemarla), cocer un poco más el interior, pero no cocerlo totalmente.Yo tengo un sencillo horno de gas, que suele cocer con una temperatura más alta y más desigual que los hornos eléctricos, mucho más fáciles de comprender. Aquí es donde cada uno tendrá que investigar con su propio horno y llegar a una "entente cordiale". Si se cuece demasiado por dentro no es una tragedia, se convierte en un delicioso bizcocho de chocolate. Entonces hay que vigilar que no se queme la corteza.
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Luego, al servirlo, se suele calentar un poco para fundir la parte central del brownie, y se sirve con crema de leche. Yo suelo poner una flor de nata sobre la porción de brownie, o servir mermelada de naranja amarga clarificada, para acompañar la porción.

Está claro que la receta británica es distinta, yo adapto todas las recetas a mi modo particular de hacer, es lo que hace que cada uno de nosotros tenga "su punto" personal. A partir de aquí se pueden variar las proporciones, probar con cacaos más puros (yo he encontrado uno de 85% de pureza en un mayorista de pastelería que hay en el centro de Barcelona), harinas diversas (la de espelta me gusta con diferencia a la de trigo, y es más nutritiva)... ¿quién dijo que la buena cocina "ha de pagarse"? para los amigos es gratis :)

sábado 16 de octubre de 2010

ILP: segundas partes fueron incluso peores...



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Hace unas semanas mi pareja tuvo la ocasión de pasar un fin de semana en Deltebre, en la masía de unos amigos del barrio. Estuvo en Tortosa, Amposta y disfrutó de la amabilidad y de la hospitalidad de las gentes de las Tierras del Ebro, retozó en las dunas del Delta en las que hace unos años U2 grabó su tema Vertigo; se lo pasó bomba.

Me llamó la atención la insistencia de aquellas gentes en convencer a mi pareja que "los correbous no son como las corridas de toro". Le invitaron reiteradas veces a venir a verlas, para que comprobase "que no había maltrato animal". Una vez en casa incluso pareció que lo habían convencido tanto que intentó hacérmelo ver a mí.

Sabíamos lo que pasaría ya cuando salió adelante la ILP en Cataluña sobre las corridas. En círculos proteccionistas sabíamos lo que iba a pasar.

Eso no lo hace menos vergonzoso.

Me siento impelida a escribir sobre esto, porque un mínimo de coherencia me obliga a no callar ante lo que me parece un acto de hipocresía más de la clase política catalana. Se veta "La Fiesta", pero se permiten "Los Correbous". Por mantener un puñado de votos han conseguido que, una vez más, Cataluña se quede a medio camino entre el progreso y el ridículo, ganando por goleada éste último.

Lo gracioso del caso es que los "correbous" son un ejemplo "de libro" de cómo se pactan acuerdos y alianzas que los que estamos fuera no comprendemos ni desde luego aprobamos. Solo me queda añadir que me estoy planteando muy seriamente el dejar de votar en las próximas eleccicones autonómicas. La única alternativa que la clase política entendería (y tengo mis dudas) sería una abstención casi total de la ciudadanía, como protesta por su ineficacia y su ineficiencia a todos los niveles.

Pero... mejor echar unas risas. Un programa de humor (Polònia) del canal catalán reflejó muy bien lo que muchos pensamos sobre blindaje de los correbous. Yo voto por poner en práctica la suegerencia del programa. Incluyo el gag, está en catalán, pero es cortito y se entiende bien.

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viernes 8 de octubre de 2010

Otoño: we are the thieves


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Viernes. La ciudad en la que vivo despierta gris, sucia, húmeda.

El cielo se cierne amenazante ante nosotros. Posiblemente lloverá.

Hace varios días que ha soplado una brisa fresca, que en momentos se tornaba viento.

Un viento juguetón, broche final de un verano que hace días nos abandonó.

Dejo las ventanas de mi casa totalmente abiertas, dejo entrar el aire fresco de la mañana.

Todo se mueve con lentitud a mi paso.

La bruma del sueño deja paso a un leve instante de recuerdo: un gesto, una mirada, un detalle. Queda un regusto de deseo entre los instantes de la mañana. El pensamiento viaja veloz hacia ninguna parte. Mis pensamientos son nubes que veo en el horizonte, que contemplo pasar y que desaparecen rápidas, con esa brisa que ahora mismo corretea por las habitaciones.

A mis gatos les gusta la música del piano. Escuchan atentamente los acordes de Merten.

Mis gatos husmean el aire, en busca de misteriosos perfumes que mis fosas nasales de primate no captan.

Yo, como ellos, husmeo, buscando.

Buscando, ¿qué?