viernes, 13 de agosto de 2010

agosto




Verano... el tiempo, una vez más, se expande.

El tiempo, como por efecto del calor, se dilata, adquiere miles de perspectivas.

El mes de agosto siempre me ha resultado especial. Desde pequeñita añoraba ese mes. Acabado el colegio, finalizado el largo y monótono año, el verano significaba para mí días largos: era sol, eran cielos más azules, era piscina, era playa, era aventura, eran correrías en ciudades más pequeñas que la gran y laboriosa Barcelona, era Sur, era vida, era Cabo de Gata, era Mediterráneo al completo, eran aromas de canela y comino, era perfume de jazmines, de penetrantes nardos, era leche merengada, eran gambas recién pescadas, eran conchas de mar, eran los juegos con mi padre en la playa, eran los potajes de mi abuela, eran migas, eran sevillanas, eran castañuelas y peinetas, era la vida sin horarios, era el cino de noche a la fresca, era la tierra de mi padre, camino del sudeste, era el paraíso en la tierra...

Con la edad adulta se añadieron matices y sucesos. Las cosas más importantes de mi vida han sucedido en este mes extraño que me resulta agosto, de la mano de las lágrimas de San Lorenzo. Esas lágrimas, que son estrellas fugaces por encima de nuestras cabezas, han sido testimonio mudo, año tras año, de mis aventuras infantiles, de mis descubrimientos adolescentes, de mis mayores alegrías y de mis más penosas decepciones. Es un mes que me trae recuerdos, de luces y de sombras, de dolor, de espera, de dulce sorpresa, de amarga traición. Si hay un mes intenso en mi vida, ha sido sin duda agosto.

Este año me pilla ausente, sumergida en el trabajo del hospital, en psiquiatría; me pilla estudiando para las dichosas oposiciones del próximo otoño, me pilla un poco distante de la realidad.

Mi tiempo diario se resume en madrugones, paseos hacia al trabajo, hacia el cole dos tardes por semana, tras la jornada laboral, se traduce en compras apresuradas en el mercado de la Boquería, en música interminable en el móvil, casi mudo de llamadas este mes.

Incluso el tiempo está extraño este verano. Ha llovido, la temperatura (¡gracias a los dioses!) es más baja de lo habitual, lo que me ayuda un poco en mi testaruda insistencia por aprenderme los interminables procesos de la administración del estado, de la comunidad autónoma; estoy, en realidad, estudiando derecho.

Esta tarde reinaba una histeria contenida en clase: pocos alumnos (no dejan de ser competidores, compañeros que no vienen a clase, que prefieren la playa o la hamaca, así que los que asistimos salimos beneficiados), profesores que dejan sus vacaciones puntualmente para explicarnos cosas y aclarar dudas.

Yo he tenido una buena mañana en el hospital, he comido bien en un Fresh-co recién descubierto, próximo al colegio, ha hecho mis delicias culinarias: ensalada de tres toneladas (radicchio, lechugas, maíz, tomates, lentejas, frutos secos, lombarda, cebolla, olivas negras... una orgía de colores), crema de calabacín, verduras a la brasa, kiwis y ciruelas de postre, más un capricho: una porción de pastel de coco con mermelada -delicioso- coronado con un largo café negro sin azúcar. Así que he llegado de buen humor a la academia, con ganas de participar. Las clases son un rollo y nuestros profes, todos funcionarios en activo, se esfuerzan en hacerlas amenas. He de decir que muchos lo consiguen, cosa que les honra, por supuesto. Hay gente muy válida y muy implicada dándonos clases.

Yo he logrado supererar el tedio existencial que me causan estas materias. Las normas con rango de ley, las órdenes, disposiciones, las premisas legislativas... todo ese barullo de legislación con la que se nos tortura para acceder a la función pública, son las reglas de un juego que todos más o menos, jugamos. Ese es nuestro mundo, estamos dentro. Desde luego no me causa la misma fascinación la ley del procedimiento administrativo común que ver en detalle el Ciclo de Krebs o la teoría de la variogénesis, a fin de cuentas yo fui siempre una estudiante más "de ciencias" que "de letras". Pero es lo que hay, es lo que me toca ahora. Y soy lo bastante testaruda para estudiar, pese a todo, con la mejor de las disposiciones, sabiendo que todo esto no es más que "otro castillo en el aire", un castillo más que el ser humano se ha inventado, en eso del progreso y la civilización.

Por las mañanas, camino del trabajo, escucho a los Porcupine Tree (llevo días escuchándoles en mi móvil, son geniales, ciertamente; Steven Wilson se ha convertido en mi profeta, tal y como auguró un lector anónimo hace varias semanas); miro el mar, me pierdo por las callejas desiertas del barri Gótic, me emociono con los colores de un amanecer distinto cada día y me río de lo que estudio.

Pero cuando juego, me lo creo. Juego a que me lo creo.

Soy la eterna ingénua, la vieja niña que se va dejando engañar una y otra vez, pese a la sonrisa que, a solas, por la noche, se le escapa ante el espejo. La bruja se mira ante el espejo, sonríe y saca la lengua a sí misma y a todas esas toneladas de normativas diversas.

Estos días se mezcla todo: mi realidad, mi trabajo, mi testaruda determinación de seguir estudiando, mis recuerdos, las cosas extraordinarias que otros veranos han traído a mi vida. Como una vieja cinta de vídeo pasan por mi memoria: promesas, amores, grandes traiciones, soledades, certezas...

Sin embargo, me siento viva, más viva que nunca. Esta noche, de regreso a casa, tenía la sensación de que algo va a sacudir de nuevo mi vida...

No dejo que esa sensación me invada demasiado, ya se verá, quién ha de llamar, todavía, a mi puerta. O qué cosas sucederán.

5 comentarios:

Joselu dijo...

Hermoso post, lleno de incertezas, esperanzas, sensaciones, pensamientos que se hilvanan con una lógica tuya en ese deambular o caminar por ese barrio Gótico tan tuyo y que te ayudan a evadirte de esa pesada legislación torturante que yo mismo (que soy empleado público) desconozco totalmente. Bien por tu faceta de niña, de brujita, de ilusionada caminante. Un cordial saludo.

sarah dijo...

Me parece increíble estar viviendo lo que estoy viviendo con esta actitud de sauce que se mueve al viento que corre.

Como siempre te agradezco tus comentarios y tus reflexiones.

Un beso, caminante :)

Ricardo dijo...

Las yuxtapuestas son parte de tu forma de ser. La progresión de frases, sinónimos y símiles son tus pilares de expresión. No caben opciones a la imaginación, pues no cabe posibilidad de imaginar como eres; todo está claramente a la vista.
Me hace pensar que deberías haberte planteado dedicarte a escribir...
Nunca es tarde.

sarah dijo...

Ricardo, sí, nunca es tarde...

para reencontrar al amigo que mira sin juzgar, que acompaña y observa, que sabe cuando hablar y cuando callar, que se equivoca y malinterpreta, pero que no se marcha nunca...

Hoy me decían en el hospital que soy poli... polivalente, polifacética, políglota (un poco), policlínica, poliquística (añadí yo con cierta pesadumbre)... todos somos n-dimensionales, sin duda. Bukowski decía que todos somos escritores, ante un papel, ante el ordenador. Yo pienso como él.

Esta noche llueve en Barcelona, llueve y algún trueno despierta mis sentidos. Adoro las tormentas, como buena bruja. Me falta salir a la calle y saltar sobre los charcos :-)

santiago dijo...

sentirse vivo es primordial
Un brazo y u placer leerte


Lovecats, de Benita Winkler