viernes, 21 de agosto de 2009

Políticamente incorrecta


Lo digo claro y alto: ¡Somos unos sucios de mucho cuidado!

Este país nuestro parece haber basado parte importante de su economía en dos sectores: uno el del ladrillo (y así nos va), el otro tiene también mucho de discutible: el turismo. El turismo es algo que los habitantes de Barcelona sufrimos cotidianamente, unos con más paciencia que otros. No voy a entrar en cuestiones económicas. Se nos dice que el turismo es bueno para España, que es bueno para Barcelona.

Como no soy una gran viajera no sé qué impacto puede causar en otras zonas de España. Supongo que depende de la cantidad y de la clase de viajeros que han de soportar.


Puedo contar lo que tenemos en esta ciudad: tenemos un montón de turistas, la mayoría maleducados, sucios, que vienen a consumir grandes cantidades de alcohol y a comprar más o menos chorradas dependiendo de su poder adquisitivo. El turismo que más veo ni siquera está dispuesto a gastar demasiado, pero lo que se dice ensuciar, vaya si ensucia.

La zona del puerto, Maremagnum y la Barceloneta se convierten cada verano en un vertedero de restos de comida, innumerables latas, fluidos humanos diversos, cuando no de indiviudos e individuas que se ponen a dormir tranquilamente la mona en cualquier rincón. (Un día vi uno que dormía tan al margen del muelle que temí que verlo caer al agua en cualquier momento). Otras zonas emblemáticas de la ciudad, como Montjuïc, el barrio Gótico, la Sagrada Familia, el parque Güell, por citar las más conocidas, sufren iguales embistes del turismo veraniego.

El día que tomé estas fotos, indignada, otro caminante, me comentó dolido la gran cantidad de suciedad que se acumulaba en el puerto en estas épocas del año. Se quejaba de que el ayuntamiento hace poco, por no decir nada, para arreglar este desaguisado. Lo primero de todo es que pudimos constatar la escasez de papeleras en nuestro recorrido. Esto es parte del problema, aunque no disculpa a los habitantes nocturnos que bien pueden recoger sus restos en bolsas y dejarlos en el lugar adecuado. Con los fluidos pasa otro tanto, ¿a tal nivel se ha llegado que la gente no puede buscar un lugar correcto para aliviar la presión de sus uretras? No me imagino haciendo semejantes cochinadas en ciudades como Londres, París, Berlín, en donde se supone que la gente es mucho más limpia que los latinos... pero son ciudadanos de estas ciudades los que llegan a este país y olvidan su esmerada educación europea.

En mis escasos viajes lo que procuro es molestar poco, preguntar mucho y ser respetuosa con lo que encuentro, me guste o no me guste. Asimismo intento que mi paso no se note demasiado, me refiero a dejar restos, basura, en lugares inconvenientes. Es una costumbre fruto de años de la sencilla educación que recibí en mi hogar y luego completada en mis caminatas montaña arriba, en donde nunca he dejado ni tan siquiera una colilla de tabaco (durante el escaso tiempo en que cometí la tontería de fumar). En la facultad de Geología, durante las salidas de campo que realizábamos, había una férrea política de dejar el entorno limpio y llevarnos las basuras con nosotros.

Parece que las costumbre se relajan, los buenos hábitos se pierden. Así que en Barcelona hemos de soportar "los daños colaterales". Todo vale, todo, por mantener el negocio. No creo que el beneficio esté justificado. Aquí, los únicos que tienen el trabajo garantizado son los pacientes y aguerridos chicos y chicas de BCN Neta, la empresa que hace lo posible por remediar este desaguisado.





Indignación aparte, todo esto hace reflexionar sobre el papel que tenemos ante el entorno "que no es nuestro". Llenamos todo de basuras, porquería... a veces imagino como en una caricatura un mundo redondo, perfecto... lleno, llenito de deshechos, bolsas, latas, plásticos...

Un mundo perfecto, ¿verdad? hecho por y para el hombre.

Sigo caminando cada mañana hacia mi trabajo y miro entristecida el agua del puerto, que tampoco se libra de la suciedad. Deseo de corazón que se acabe el verano, que se larguen los turistas. Tengo la tremenda sensación de que somos la putita barata del turismo de consumo. Barcelona ya es una ciudad bastante deshumanizada, ¿hemos de aguantar también esto?

4 comentarios:

Joselu dijo...

Es un triste mérito el ser España la meca del turismo barato y falto de modales en muchos casos. Coincido en tu apreciación del deterioro de la imagen de Barcelona, ese centro en el que sólo hay turistas en calzones cortos, y que procuro evitar buscando una Barcelona más íntima y alejada de esa falta de estética. Entiendo que las ciudades invadidas masivamente por el turismo, al final los propios lo consideren una desdicha y que se añoren otros tiempos en que se tenía menos éxito. Detesto mucho de lo que significa el turismo masivo, aunque sea también una fuente de divisas a costa de la belleza del país. Lamentable. Coincido con el fondo de lo que expones. Saludos desde Galicia.

en Girbén dijo...

Per a mi hi ha un fet més greu que aquesta brutícia; que al cap i a la fi es pot netejar, es pot (o podria) reglamentar, es pot anar educant...
I és la "miamització" del litoral de Barcelona. Una cosa és obrir-se al mar (que va ser la idea inicial), o més exactament tornar a obrir-se al mar (una avia i el meu pare van creixer fent vida a les platges), i tota una altra prendre l'horitzó marí del que tants ciutadans gaudiem i entregar-lo als poderosos (després de treure'n beneficis). La barrera de superbes torres que ens està negant el mar no tindrà solució (si no és que passa una de molt i molt grossa).
Ai com em dol aquesta ciutat!

Antrophistoria dijo...

Tienes toda la razón con lo que dices en este post. Puede que el turismo sea bueno para la economía de nuestro país, pero tiene muchos perjuicios para los habitantes de las ciudades turísticas.

La semana pasada proveché mis vacaciones para volver a visitar Granada y la Alhambra. Me sorprendió la limpieza de esa ciudad y lo bien cuidado que tienen todo su patrimonio. Creo que es una ciudad ejemplar.

sarah dijo...

Gracias por vuestras tres distintas y personales aportaciones, que comparto en su totalidad.

Con Girbén tuve el placer de hablar de este tema en persona el invierno pasado, justo a los pies de una de esas horrendas torres recién construidas en Barcelona. No logro entender cómo se ha construido semejante "mamotreto" a pesar de haber una ley de costas, a pesar de haber el más común de los sentidos que hace que semejanes construcciones estropeen la línea natural de la costa.

El año pasado, en Plentzia (Bilbao) tuve una conversación sobre esta tema con un amable vasco. Le observé precisamente la limpieza de ciudades como Bilbao, pueblitos costeros, y él me decía que ciudades tan grandes como Barcelona eran difíciles de mantener limpias... es posible, pero yo no puedo entender que el hecho de que aquí haya más gente nos haga más descuidados. Por otro lado, sigo diciendo que nuestro país ha invertido en sectores de la economía que son humo: el ladrillo y el turismo. Así nos va.


Lovecats, de Benita Winkler