martes, 14 de octubre de 2008

Más allá de la hispanidad

El domingo pasado fue 12 de septiembre. Es una fiesta tradicional en este país, odiada y adorada en igual medida según en el lugar en el que se viva y la ideología política con la que uno se vista.

Hace un año tuve algo parecido a una iniciación. Me regalaron un libro que tardé en leer. Necesité de tiempo y de las charlas con un maestro para llegar a entender lo que se me pretendió explicar.

Este año la festividad del Pilar me ha traído la visión de una realidad algo distinta a como solía percibirla.

Se conmemora el descubrimiento de América. Todos sabemos que, más allá de patriotismos y representaciones, el descubrimiento de América fue básicamente el inicio de la destrucción sistemática de toda forma cultural que se daba en este continente. Se disfrazó de conquista, de civilización del salvaje, de asimilación cultural. Pero la verdad es que fue el expolio de las riquezas naturales del continente americano, de la rebaja de formas de vida con siglos y sigos de existencia a mera esclavitud, diezmados, sea por las enfermedades que los europeos llevaron con sus barcos, sea por las condiciones de vida impuestas a la fuerza...

Todo esto ocurrió, causas económicas y políticas aparte, porque se partió de la premisa de que nuestra cultura era "la" cultura. Nuestra civilización era "la" civilización. Por lo tanto, con la verdad en la mano, se tenía el derecho de sojuzgar e intimidar a otras civilizaciones, para hacerlas "a nuestra imagen y semejanza", porque Europa estaba en poder de "la" verdad, o sea, el derecho de extenderlo, por la fuerza si fuere necesario, a lo largo y ancho del planeta.

Se negó a esas grupos humanos la libertad de seguir su propio camino, se barrieron de un cañonazo culturas, lenguas, filosofías de vida y de entender el mundo. Se hizo así y todavía se continua en esta dinámica.

La civilización occidental se sigue imponiendo de formas más sutiles, con "ayudas", con ong's llenas de buenas intenciones, con subvenciones... de una forma más disimulada se sigue colaborando en la destrucción de hábitats, culturas pequeñas con sus lenguas, sus tradiciones, su propia historia y su propia concepción del mundo. Se sigue destruyendo otras formas de vivir bajo el sol, muchas de las cuales han comprendido mucho mejor que nuestra propia civilización la interdependencia con el orden natural, ellos saben que la superviviencia como especie se basa en la armonía dentro del ciclo de la naturaleza, ellos se consideran parte de ella, una parte más, y no un entes que están por encima de las leyes que rigen el resto del mundo de lo vivo.

De algún modo algo ha hecho clic en mi interior, eso hace que este año vea las cosas de un modo distinto, más allá de patrias y banderas. Algo me ha hecho ver que, por encima de todos estos inventos humanos, hay algo más que hemos olvidado en el camino. Y es esta omisión lo que nos está llevando por muy malos derroteros. Hay señales ya de ello: crisis financieras, crisis por falta de energía para los requerimientos presentes y futuros de la población del planeta, selvas que desaparecen, especies animales que se extinguen día a día, agotamiento pogresivo de caladeros en el mar, suelo agrícola insuficiente que se sobreexplota a base de fertilizantes que no son más que petróleo, de crear especies vegetales manipuladas genéticamente...

No pretendo un tono apocalíptico con mis palabras. Es algo sencillo de ver, casi con certeza matemática: "nos estamos equivocando". Insisto en que algunas cosas tienen que cambiar, creo que pueden cambiar, pero hemos de hacerlo nosotros, cada uno de nosotros. Es... un gesto muy pequeño, el primero.

Hemos de mirar el mundo... con la mente bien abierta.



Descubrí hace cuatro años esta canción. Esta verano leí la historia que Ishmael me contó. Me habló del mito de la creación, de "los que toman" y "los que dejan"...

El libro que menciono se llama Ishmael, su autor es Daniel Quinn, publicado en inglés por Turner Book. Hay edición en castellano.

1 comentario:

Montxu dijo...

el orden natural, han visto que nuestra superviviencia como especie se basa en la armonía dentro del ciclo de la naturaleza, ellos se consideran parte de ella, una parte más, y no un dioses por encima de las leyes que rigen el resto del mundo de lo vivo.

Exacto, ¿cuándo comprenderemos que somos una pequeña parte de un todo?


Lovecats, de Benita Winkler