viernes, 26 de septiembre de 2008

La velocidad y el tocino...


Hace apenas un mes pasé cinco días en el País Vasco. No había estado por aquellos lares más que de pasada, hace quince años, entonces me quedé con ganas de más. Así que, tras un verano bastante desastroso en lo personal, con subidas y bajadas dignas del más osado DragonKan... toda la familia estuvo de acuerdo en ir a descubrir esa parte del norte. Me gustó. A rabiar. Me encantó Euskalerria. Me sentí en casa, me sentí cómoda y acogida. Me enamoré de su mar Cantábrico, tan distinto al mío, el Mediterráneo, al que le soy infiel cada vez que contemplo algunas de las fotos que hicimos esos días.

Curiosa como es esta brujilla que escribe, me interesé por todo lo simbólico, lo ancestral de la zona. De la geografía y sus paisajes hablaré en otro momento porque conmovieron mi alma. Urdaibai es sin duda una de los entornos naturales protegidos más bonitas que han visto mis ojillos.

Compré un lauburu de metal con su colgante cerquita del museo Guggenheim. Me atrajo su silueta, entre cruz y flor de cuatro pétalos.

En Gernika, la señora de la tienda de recuerdos que hay próxima a la Casa de Juntas me contó su significado, que paso a explicar.

Se le considera un símbolo precristiano y parece tener algo que ver con otros tipos de cruces indoeuropeas (agrupadas todas bajo la denominación sánscrita de esvásticas). Se la ha relacionado con las cruces celtas y con las de otros pueblos de la cornisa cantábrica (como la cruz de los astures o la cruz celta cántabra, llamado labaro). Por un lado su nombre viene del euskara lau, que significa cuatro y buru que significa cabeza. Así, uno de los significados de este símbola es cuatro cabezas, que parecen hacer referencia a las cuatro tribus vascas de la época prerromana: Autrigonia, Basconia, Caristia y Vardulia. Hay otras fuentes que explican que esta cruz simboliza los cuatro elementos primordiales de la naturaleza: tierra, agua, aire y fuego. Por otro lado este símbolo posee un significado solar que lo relaciona con la el ciclo de la vida y la muerte según se miren sus brazos de este a oeste (vida) o de oeste a este (muerte).

Hasta aquí la lección de historia y simbología. El caso es que yo no vi más allá de un símbolo anterior a nuestra cultura de la prisa y la tecnología, algo bonito que me iba a recordar los inolvidables días pasados en Euzkadi. Lo llevo puesto, claro.

La cosa es que varios conocidos ya lo han mirado con extraña. Una me avisó, algo escandalizada, de que "eso" parecía una esvástica nazi y que alguien podía malinterpretarlo. Me quedé de un aire. Jamás se me hubiera ocurrido establecer paralelismos. De hecho esta cruz, como otras, sí que es realmente un tipo de esvástica, pero no tiene nada que ver con ideologías nazis ni nada similar. Contesté a mi compañera de trabajo, muy digna yo, que "si no había estado nunca en el País Vasco" (¡Amos hombre!)

Me pareció incluso divertido, pero luego me puse a pensar (¡cielos, qué peligro!) en lo que son las cosas, las apariencias, las interpretaciones que damos a las señales y los símbolos, en que vemos lo que queremos ver, o nuestra imaginación va por su cuenta y riesgo, siempre al acecho de algo perverso, donde no hay perversidad. Cuando vi por primera vez el lauburu yo vi una flor, una cruz, algo bonito; pero otros ven restos de un momento penoso en la historia de la humanidad (han habido tantos, ¿verdad?). Cada uno ve lo que ve. El mundo no deja de ser el mundo pese a mirarlo con unos ojos u otros. ¿Cuestión de perspectivas?

Ahí queda eso.

Lo hablé con mi pareja, quien me sugirió que dejara de llevarlo, "por si acaso". Lo pensé y me dije que no iba a hacerlo. Así que estais avisados: seguro que voy a presenciar más de una anécdota llevando un símbolo tan peligroso como éste, que no dudaré en compartir con vosotros.

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Sé que algunas amigas y Laureta visitaron este rincón, antes de que esta humilde servidora descubriera cómo habilitar la opción de escribir comentarios a los blogs. Cosas de brujilla novata que se hace un lío con el libro de pócimas y la varita mágica del hada, su alter ego. Laureta me ha otorgado ya un premio que voy a subir aquí en breve (¿te di ya las gracias, guapísima?). Pero quiero dedicar esta entrada a la primera persona que me dejó un comentario en este blog y que me hizo una especial ilusión: a Montxu, oriundo de esa tierra que he descubierto antes de que muriera el verano. Me hizo gracia que fuera precisamente un chicarrón del norte el que se paseara por esta buhardilla y dejara su primer comentario. Con el poquito euskara que aprendí allí te digo: muxu bat Montxu. Y al resto, pues también :)))

4 comentarios:

Laureta dijo...

Pues sabes lo que yo te digo?? Que tu lleva lo que quieras y a cada cual que le rasque lo que le pique!!!

Yo estuve en el pais vasco hace unos años, en verano, y la verdad es que es un lugar maravillosa, cada rincón de los que visité me maravillaron!!!

:))

A veces, es bonito ser infiel respecto a la naturaleza!! :))))

Un beso, y hasta pronto!!!!! :))))

Montxu dijo...

Hola brujila te adjunto un enlace ó direccion que encontraras interesante andarpor el cuando tengas tiempo:

http://weblandarbaso.miarroba.com/

Habla de mi tierra y ahora vuestra puesto que ya habeis estado, agradezco de verdad que se hable en serio de un lugar que para mí como es lógico es uno de mis grandes amores.

En cuánto a que relacionen el lauburu con algo nazi es para reirse, es un signo de vida y de muerte como bién indicas en tu narración dependiendo si las aspas ó petalos (me parece más bello) están posicionadas mirando a la derecha ó izquierda.

En fin, muxu bat brujilla.

sarah dijo...

Sí, Laureta, al final solo queda que cada cual haga la lectura que le parezca. Insisto, de todos modos, en mi sorpresa ante lo que la gente interpreta de lo que ve, si extrapolo un poco la anécdota. Ya sabes, hay quien ve ángeles por todos lados y hay quien ve... demonios :)

A Montxu: muchas gracias por tu recomendación, que me voy a mirar ahora mismo. Sobre Euskalerria, añadir he de regresar en cuanto me sea posible, ya que quedó mucho por descubrir y ver. Si tuviera que quedarme con un lugar sería, sin duda... con un atardecer que pasé en el faro del cabo Matxitxaco, ante un mar impresionante que me robó el corazón y una puesta de sol... un lugar hermoso.

Aunque, Montxu, tu tierra está llena de lugares bonitos. Espero descubrirlos pronto, y contároslo :-)

Amyr Khan dijo...

Hola! No nos conocemos, he descubierto tu blog a través del de laura... Me ha gustado tu descripcion de Euskadi, algun dia espero poder ir, todo el mundo habla tan bien de alla al norte...
Eso de la esvatica, ami me pasa también, porque soy muy apasionado de la cultura escandinava y toda la gente que ve simbolos siempre mal piensa :P que le haremos!
Bueno, me despido, me iré pasando!


Lovecats, de Benita Winkler