miércoles, 28 de enero de 2009

El paro: el precio de nuestro tiempo

He trabajado casi veintiún años en el sector de las artes gráficas, que de arte van teniendo cada vez menos. Me dedicaba a la corrección ortotipográfica en una pequeña empresa que ha sido durante todo este tiempo una muestra de supervivencia económica en un mundo cada vez más concentrado en unas pocas empresas grandes.

Me gustaba mi trabajo, a través de él tuve acceso a muchos libros, por cuya lectura encima me pagaban. Pero al final todo es trabajo remunerado, se crean vicios, se nos encasilla y ya no es posible la variación ni la movilidad. Aguanté mucho, pero llegó un momento en el que me ahogaba entre libros, ordenadores y papeles de diversos gramajes.

Cuando los gerentes nos comunicaron su decisión de jubilarse y su voluntad de dejar la empresa a los trabajadores empezaron los problemas. Yo no acababa de tenerlo claro. La opción era quedarse la empresa. Algo tentador.

Yo tuve claro que no deseaba hacerme empresaria a los cuarenta y pico. No sé por qué, pero lo que yo deseaba ante todo era un trabajo sencillo, un horario bueno que me permitiera ganar lo mínimo para subsistir y estar el máximo tiempo posible con mi familia, conmigo misma. Con el paso de los años he ido perdiendo mis necesidades de grandeza, o más bien han cambiado. Mi delirio actual de grandeza consiste en tener el máximo tiempo libre. Necesito cada vez menos de todo.

De repente llegó la ocasión, se me brindó la oportunidad de iniciar un período de suplencias en hospitales de gestión pública del ayuntamiento. Era trabajo inseguro, paro, quizá, quizá... No dudé mucho, me armé de valor y me despedí de la empresa con el debido respeto y el debido tiempo.

Mi entrada en el mundo de la sanidad fue una verdadera revolución. También es cierto que de la mano de ese cambio profesional vinieron varios terremotos personales que me sacudieron hasta niveles que no recuerdo haber sentido en todos mis años vividos. Todo ello se trenzó con mi existencia para hacer de mí una persona que está a años luz de que era hace un año escaso. Me miro y no me reconozco, veo un abismo insondable que posiblemente estuvo ahí siempre, pero en el que no había reparado. Mi alma se rompió para volver a recomponerse, a la luz de una nueva dimensión. Es como si hubiera muerto y de mis cenizas otro ser, similar mas no igual, hubiera surgido.

Creo que aprendí la lección, trabajé y lo hice bien. Pasión y ganas le puse, puesto que descubrí lo mucho que me gustaba el mundo del hospital, en tanto que un oficio de servicio a los demás, una diabólica combinación de ciencia, investigación y trato con personas. Durante el otoño he ido trabajando en distintos departamentos, siempre atenta y con voluntad de aprender, porque la dinámica de un hospital es tan brutal que nadie se imagina la cantidad de entresijos que hay que conocer para ayudar al paciente, al médico, al resto de compañeros administrativos.

Ahora llevo dos semanas sin trabajar y no me gusta la sensación. Comprendo que es parte del juego de las suplencias, pero, tras trabajar ininterrumpidamente durante 21años para una empresa en la que la máxima era producir y producir, verme de repente con ocho horas para mí me hace sentir extraña: a ratos algo incómoda, a ratos tremendamente liberada...

He pensado sobre el significado del trabajo en nuestra civilización, el uso y abuso que de él se hace. Lo horrendo de su esclavitud sutil y la necesidad angustiosa que tenemos de él para pagar las facturas, la hipoteca, los caprichos, los colegios.

Ahora vivimos, nos dicen, una de las peores crisis de estos últimos años. Esgrimen cifras, previsiones, estimaciones. Las grandes empresas se han apuntado al carro de la crisis para echar gente a la calle y los ciudadanos de a pie no lo entendemos, ¿adónde se ha ido el dinero? ¿quién o quiénes especulan? ¿quién juega con nuestro trabajo? ¿quién juega con nuestro miedo?

Estoy preparando unas oposiciones (por probar, casi como jugar a la lotería). Toca estudiar la Constitución: los derechos y deberes del ciudadano. Me rio mucho con el estudio de sus artículos. Algunos, la verdad, me resultan cómicos a la luz de las circunstancias actuales y de la escasez de ideas valientes, creativas, que nuestros diputados y senadores diseñan para el pueblo que les votó. Nos queda el recurso chapucero de los decretos ley, que el Gobierno va sacando de la manga los viernes, para paliar todo esto.

Digamos que contemplo todo esto, desde la perspectiva del paro y la incertidumbre y me domina la estupefacción.

4 comentarios:

Antrophistoria dijo...

Hola Sarah. Nadie dijo nunca que la existencia fuera fácil. A todos nos han pegado alguna vez un palo entre oreja y oreja. Por lo que leo, soy más joven que tú, aún sigo en la veintena y camino hacia la tercera década, pero la vida ya me ha dado algunos garrotazos. He aprendido que de todo se sale, y reforzado. Ánimo y a resurgir de las cenizas. Un beso.

Por cierto, soy Jose.

Joselu dijo...

Te deseo que esta incertidumbre acabe pronto. Entiendo lo que debe ser estar en el alero esperando una cosa u otra. Por lo que veo te ha gustado el mundo hospitalario porque veías la posibilidad de entregarte humanamente. Es una lástima que tengas en el aire esa posibilidad. ¿No dicen que falta tanto personal hospitalario? Ojalá que todo te vaya bien en un sentido u otro. Un abrazo.

sarah dijo...

José, pues sí que eres espantosamente joven desde mi perspectiva de cuarentona que está cómodamente instalada en la quinta década de su vida, je je. De todo se sale eso es cierto, hoy tengo un tono algo melancólico, hace frío en Barcelona y el día pintaba indefinido, tanto que mis circunstancias personales han pesado más que mi ánimo, pero soy fuerte y no me importa caer, porque antes o después me vuelvo a levantar, con serenidad en la mirada y un pelín más de sabiduría...

Joselu, me hace mucha ilusión que te pases por este rincón, algo vago y pendiente de definirse a sí mismo, que está resultando ser la buhardilla. Veo que entendiste mi fascinación por un trabajo que no es tan solo "producir para enriquecer a un señor que luego te mira con indiferencia cuando te largas" (que eso fue, más o menos, lo que ocurrió en mi anterior trabajo). Trabajar en el hospital me ha hecho aprender más de la vida en seis meses que en los 21 años anteriores que me pasé como correctora. No hay comparación posible. Administrativos hay muchos y hacen falta, pero no hay presupuesto, así que...

Un abrazo a los dos. Gracias :))

Laureta dijo...

Hola Brujilla preferida...

Sabes...

Te entiendo...

Te entiendo demasiado...

Estuve toda mi vida preparándome para salir del huevo... 25 años de estudios sin descanso... para llegar el gran día y encontrarme una tremenda, asquerosa y vomitiva crisis que no me permite ni empezar a romper el cascarón...

Al principio me hacía gracia no "encontrar" porque me permitia tener ese tiempo libre que NUNCA había tenido, por los exámenes, los estudios... Pero ahora... después de unos 4 meses buscando trabajo, y no encontrándome más que puertas cerradas, te aseguro que te entiendo...

Aunque tu has sido más valiente que yo... yo ya he perdido este año...

Espero que tengas mucha suerte con esas oposiciones... Te lo mereces sin duda alguna... y sabes, para todos hay un sitio, así que lo mejor, es no desesperar!!!

De què son las oposiciones??? Suerte... :)))

Un beso, guapa! Me encanta leerte!! Y gracias por pasar por mi caminito! Te llegó mi regalo. Me alegro!! No dudes en usarlo!!!

Como yo lo hago! :)

Un besooooooooooooo con ruidito!


PD: hay cosas, para las que no hay derecho! I que hacen por nosotros? NADA.


Lovecats, de Benita Winkler