lunes, 17 de noviembre de 2008

Días claros, almas perdidas, que no desean saber hacia dónde van

Otra vez lunes.

Un lunes cualquiera, frío para lo que es esta tierra (frío mediterráneo, que es más bien tibieza que frío).

Un amanecer nítido desde la varanda de mi galería. Un frotarse las manos ante el café calentito con leche de almendra que cada mañana me preparo antes de lanzarme al vértigo de la calle, mientras observo el silencio de la mañana, los colores con lo que el amanecer va pintando el cielo.

Estas semanas trabajo en un hospital que está en el otro lado de la ciudad, en las faldas de la sierra de Collserola, por eso he de tomar el metro en lugar de ir caminando, como hacía semanas antes.

No deja de ser una experiencia interesante. Observo a la gente en los vagones, les miro, a veces sin verlos del todo, sumida en mis reflexiones o en la lectura del libro que ahora me tiene absorbida. Me divierto observándome y observando la fauna que puebla el metro: a mi derecha, una chica preciosa lleva un pantalón de talle bajo, se le ven las bragas y el ombligo, yo me estremezco, friolera, bajo mi poncho y mi boina. En el fondo una mujer luce espléndida, se retoca el maquillaje con una destreza que admira, sobre unos tacones de vértigo y unas medias negras que levantan más de una mirada furtiva, masculina claro. A mi lado, un señor de mediana edad se rasca la cabeza y ojea distraído un diario gratuito. Huele a tabaco y me marea un poco. Parece creerse todas las mentiras que cuenta. En la siguiente estación entra un hombre muy atractivo, me mira, le miro, en un instante parece que existimos el uno para el otro... pero la magia del momento desaparece y yo regreso a mi lectura. Las estaciones van pasando, todo se mueve veloz.

Una vez en la plaza Lesseps tengo todavía diez o quince minutos de caminata vigorosa, cuesta arriba. Salgo del metro y me encuentro de golpe en la zona alta de la ciudad. Entre la claridad del este y la modorra retrasada del oeste van mis pasos, respiro y husmeo en el aire el olor del invierno que se va entremezclando con los vapores de mi respiración. Escucho música. Me siento... tranquila, bien, me siento fluir con la vida.

La calle, la luz, la música, todo tenía hoy un brillo más intenso esta mañana. El día de hoy ha sido luminoso en la ciudad, luminoso en mi corazón.

Ha anochecido, pero sigo notando un rayito de luz, que sin duda viene de alguna parte, que alegra mi interior.

La canción... Cementeries de London de Coldplay. Habla de criaturas nocturnas, con su misterio. Hoy yo parecía moverme entre las de la mañana como si nada ni nadie pudiera herirme. El punto justo que mi alma sentía, reflejada en las notas de una canción.



Espero que no os sorprenda el vídeo... ¿verdad que parece disonante con el tono de mis palabras? lo importante no es el vídeo, sino la canción... el detalle suele escapar la primera mirada. La pureza habita el mundo, entre monstruos de feria y criaturas artificiales. Hay muchos mundos más allá de lo que parece que vemos. Entre el paraíso y la pesadilla nadamos todos nosotros. Las últimas notas de la canción, ese piano... eso es pureza.

Sed felices.

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POSTCRIPTUM

A finales de noviembre descubrí que por algún motivo (imagino que censuras tontas de youtube) el vídeo que subí no está disponible. Una pena para los que no hayais podido visionarlo. A mí me fascinó y creo que plasmaba parte de los sentimientos que traté de describir el día que lo escribí. Dejo en su lugar la canción, al menos, porque merece la pena escucharla.

4 comentarios:

Laureta dijo...

Hola Sarah!!!

La verdad es que tus palabras parece que son un poco agridulces... Los metros, trenes durante mucho tiempo han sido compañeros de viaje... y me encantaba indagar en mi mente sobre el paisaje, siempre cambiante y la gente que compartia conmigo dicho paisaje...

No habia visto este video... es raro, pero tiene un fondo genial... como tus palabras...

Un beso brujilla!!

Montxu dijo...

Mucho camino para ir a trabajar, lo bueno sarah, todo lo que puedes observar.

Disfruta de tu viaje matutino y dejanos disfrutar a nosotros cuando nos lo relates.

Un Abrazo, con beso incluido sarah.

Antrophistoria dijo...

Hola Sarah.

Me ha gustado mucho el email que me has enviado, sobre todo porque no conozco a demasiada gente a la que le interese temas de esa índole. Tengo pendiente responderte en cuanto que tenga algo de tiempo, para poder darte alguna bibliografía que yo conzca sobre esos temas.

Espero no haberme confundido de blog y que este sea el tuyo. Perdona mis despistes, soy así...
que le voy a hacer.

Un saludo.

sarah dijo...

Laureta, je je. Pillaste ese tono agridulce en mis palabras y en mi intención. No sé explicarte la razón, quizá sea una cierta capacidad de ver siempre lo bueno y lo malo de las cosas, la gente... o lo que mi mente clasifica como bueno o malo. En la naturaleza las cosas, los seres, el todo, simplemente es. Caminando entre la gente, en mis mañanas, veo a veces perversión y pureza, dulzura y acritud, hay días en que se ve todo todo... pero eso forma parte de lo que significa estar vivo, ¿no?

Me alegra saber, Montxu, que mis mañanas te gustan. Estoy segura de que vuestros amaneceres son dignos de compartir, cada uno de nuestros momentos personales son cotidianos y, al mismo tiempo, tienen ese olor de eternidad, de ser algo único e irrepetible. Es el presente...

Antrophistoria: gracias por tu comentario y sí, efectivamente la buhardilla es mi rinconcillo, que es el vuestro también.
Me parece bastante más fascinante la historia de hace dos millones de años que la de ahora, con tantos Obamas, Bush, Clintons, Zapateros, que no acabo de ver yo de qué rama de homininos han evolucionado. La antropología, la arqueología nos pueden explicar más de nosotros que la sección de sociedad de cualquier periódico. Si puedes arrojar luz en mis consultas te lo agradeceré muchísimo. Mientras, tu blog me parece estupendo para ponerme al dia sobre los avances que van saliendo a la luz, como tu última entrada sobre las conclusiones del origen de la familia que han elaborado a partir del análisis de los restos encontrados (4.600 años, madre mía, para que luego digan que la familia es una institución "pasada de moda")...

Os agradezco mucho a todos y a todas vuestros comentarios y aportaciones. Lo sabía y es cierto, que hay mucha gente maja por ahí :))


Lovecats, de Benita Winkler