miércoles, 28 de octubre de 2009

Ojos verdes...

Honey...



Recuerdos. Tiempo que pasa. Gente que entra y sale de su vida. Ángel sabe lo que es eso. Hace cierto tiempo que dejó de retener a nadie. Sin duda ha dejado de buscar lo que no es ya encontrable.

Pese a su mirada endurecida, su gesto terco y su cigarrillo siempre, eternamente, en la boca, a veces se le hace azúcar la mirada, cuando habla del pasado.

Es una mujer difícil pero sigo sintiendo que merece la pena andar a su lado. A veces la pillo con la guardia baja. Entonces me cuenta cosas. No es fácil hallarla en ese momento, entre silencios taciturnos y malhumorados.

Su mirada, siempre, traspasa el alma.

"Una vez, hace tiempo... tuve un novio."

Sí... la miro con fijeza y la ayudo con el próximo cigarrillo, que sin duda adornará su boca y empolvará mis pulmones en breves instantes. Suspiro, resignada, es el precio que pago por el placer de su extraña compañía.

"Éramos críos. Fue algo tan inocente que me sorprende que haya sido real. Su paso por mi vida no fue en vano, dejó su huella. Su manera de jugar, su manera de querer y desear me cautivaron, aunque entonces yo no supe muy bien cómo tratarlo. Sin duda nos quisimos, pese a nuestras diferentes maneras de ser. Son esas ganas de amar, la inocencia de lo nuevo, del descubrimiento, lo que en un momento dado nos unió. No era especialmente guapo, no era especialmente alto. Pero su voz sabía modular el tono adecuado para hechizarme, sus frases, esa manera romántica que tan solo algunos chiquillos saben tener... me encandiló. Por encima de todo estaban sus ojos... felinos, alegres, muy expresivos, claros, que cegaban la luz del sol... sin duda los ojos claros más bellos que me han mirado con cierto cariño. ¿Sabes? cambiaban de tono según la luz del sol, se aclaraban hasta un nivel imposible en un niño mediterráneo. Ese, ese fue mi novio del cole, el chico de los ojos verdes, voz algo ronca y poesía en sus maneras de aprendiz en esto que nos han dicho que es la vida".

Estamos en la playa, se hace de noche rápidamente. Me he quedado, como otras veces, sin palabras ante sus confidencias.

Se confiesa, sé que lo hace en breves lapsos de tiempo. Se deja ir, de la mano de un olor en el aire, de un tono de luz. Algo de repente la hace hablar. Me pide siempre ir hacia la playa y yo, como una corredora boba, la sigo y la dejo hacer, siempre al acecho de esa confidencia.

Ángel es sin duda la mujer más extraña que he conocido. Pero no me decido a dejar su compañía, cuando sé que necesita pensar en voz alta. Ciertamente descubrirla me deja un sabor placentero, de paz, de autoconocimiento.

Para esto están las amigas, después de todo.

"Una vez, hace mucho, tuve un novio..."

domingo, 18 de octubre de 2009

El lector

En el curso del diálogo que Sócrates sostiene con Fedro en la obra del mismo nombre que escribió Platón, Sócrates explica una curiosa leyenda egipicia.
En ella el rey Thamus conversa con el dios Theuth (Thot para los griegos). Theuth es el inventor de las matemáticas, la geometría, la astronomía y la escritura. Así, Theuth ofrece su saber a Thamus, para que pase todo este conocimiento a su pueblo. El rey Thamus, tras considerar con detenimiento los pros y los contras del ofrecimiento del dios llega a la conclusión de que su pueblo estará mejor sin la escritura. El dios le dice que ese saber brindará sabiduría a su pueblo y mejorará su memoria. Thamus cree que, de aprender a leer, el olvido llenaría sus almas, dejarían de ejercitar la memoria porque confiarían en lo que permanece escrito, en lugar de su propio esfuerzo, serían unos caracteres ajenos a ellos los que traerían el recuerdo a su pueblo.


Extraído de The Spell of The Sensous (David Abram)
Fedro, Diálogos de Platón.


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En ocasiones leo más de un libro a la vez. Alterno uno de lectura más densa con algo más ligero o que me cueste menos de leer, pueden ser de temáticas similares o radicalmente distinas. Me ocurre como con la música, soy algo dispersa.

Una mañana, hará cosa de dos semanas, al levantarme, reparé en un detalle de mi librería. Tengo muchos libros, he leído unos cuantos y otros proceden de regalos, restos de mi pasado como correctora en una empresa de artes gráficas. No sé por qué reparé esa mañana en uno que llevaba muchos años ahí, colocado pulcramente junto a los otros. Leí su título. "no puede ser" me dije, medio dormida, medio incrédula. Lo saqué de su estante, miré sus créditos, la sinopsis. Cierto: había estado ahí todo el tiempo, desde el año 98, ante mis narices.

Empecé a leerlo aquella misma tarde.

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EL LECTOR, de Bernhard Schlink


Narra la historia de Michael Berg, quien en su adolescencia conoce a una mujer, Hanna, bastante más mayor que él. Mantienen una particular relación, que se ve interrumpida abruptamente por la desaparición de Hanna. Michael sigue sus estudios y en plena carrera de derecho vuelve a encontrarla, esta vez en el curso de un juicio a criminales de guerra nazis. Ella figura entre las principales acusadas. Michael asiste al juicio totamente embotado por el reencuento, por el conocimiento de las atrocidades que allí se juzgaban y su propia incapacidad para reaccionar ante todo ello. Culpa a Hanna, no la entiende. Se culpa a sí mismo por haber amado a una criminal... Hacia el final del juicio descubre la razón de sus rarezas, su afición a que le leyeran en voz alta, su huida de la ciudad, su marcha de la fábrica Siemens para alistarse en las SS: Hanna es analfabeta. Su afán de ocultar este hecho la hace incluso renunciar a la prueba que la hubiera exculpado y asume toda la responsabilidad de los hechos juzgados. Michael duda de si debe o no intervenir en favor de Hanna. Al final no hace nada. Hanna es declarada culpable y condenada a cadena perpetua.

Sus caminos vuelven a separarse y en el curso de los años Michael comienza a releer libros de su adolescencia, en el curso de noches de insomnio. Hanna se ha mantenido en su recuerdo, pese a los vaivenes de su vida. Así que empiece a leer en voz alta para ella. Graba en cintas sus lecturas, averigua en qué prisión cumple condena y le envía libros, libros. Al correr de los años Michael recibe pequeñas notas que le sugieren que Hanna está aprendiendo a leer y a escribir. A Hanna le acortan la condena y desde la prisión se ponen en contacto con él para ayudarla en su regreso a su mundo, pues es la única persona del exterior con quien ha mantenido algún contacto.

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La prosa de Schlink es sencilla sin demasiados adjetivos ni adornos, pero consiguió hacerme llegar un mundo de sentimientos, angustias, dudas y certezas.

Trata de la revisión del horror nazi, tema que imagino no ha sido fácil de asumir por las generaciones de alemanes que nacieron tras la Segunda Guerra Mundial. Tengo buenos amigos alemanes con los que hemos hablado del tema. Sé que no lo llevan bien. Es difícil llevar bien una lacra tan tremenda, tan reciente, de la que en cierto modo no pueden escapar con una declaración neutra. Las reflexiones de Michael Berg sobre la revisión del pasado, la condena a su generación anterior, responsable de esos horrores reflejan esa inseguridad y ese desconcierto que menciono. La actitud de acusados y testimonios en el juicio es sobrecogedora, vista desde mi perspectiva de lectora anónima que no estuvo en ninguno de los bandos. ¿Cómo se puede vivir tras semejantes crueldades? ¿Cómo se puede vivir tras haberse salvado de un horror tan deshumanizador como debe de ser un campo de concentración? ¿Cómo seguir adelante cuando sabes que un par de calles más arriba vive uno de tus antiguos guardianes? ¿Cómo seguir tras la impunidad en la que muchos militares nazis no solo vivieron sino que fueron utilizados por los gobiernos tanto norteamicano como soviéticos para rehacer redes de espionaje, aprovechar su "sabiduría"?

Esa es una parte de la historia, pero hay otra: la relación secreta que Hanna y Michael mantuvieron. Michael tenía apenas 15 años. Hanna tenía 36. Una relación rara, de dominación, de silencios, de sexo, de descubrimientos, de lecturas, que condicionará toda la vida afectiva de Michael. Él dice que la traiciona con su afán de ocultar su existencia ante los demás. Dice: "Sé que negar a alguien es un tipo más bien inofensivo de traición. Desde fuera no se aprecia si uno está negando a alguien o simplemente pretende ser discreto o considerado [...] Pero el que niega a otro sabe muy bien lo que hace. Y negar una relación es una manera de socavarla tan grave como otras formas de traición más espectaculares". (pág. 72 de la versión castellana publicada por Editorial Anagrama). Michael se sentirá culpable el resto de su vida: por haber amado a una criminal de guerra y por haberla traicionado al negarla ante los demás. Al final, ¿hay salvación? ¿Es posible el perdón?

Hanna es una criatura que se avergüenza de su analfabetismo. Ella es otra víctima histórica. Un mundo que separa a todos aquellos que no leen y escriben. Esa ¿tara? la lleva a tomar dicisiones que acabarán arruinando su vida. De hecho se pasa la vida huyendo, en cuanto le ofrecen un ascenso, la oportunidad de mejorar laboralmente, ella huye, pues tendría que declarar al mundo que no es como los demás. Yo entiendo que tan solo por ese afán llegó a las SS. Es algo que ella acabará descubriendo y pagando muy caro. Todavía le quedará dignidad para asumir una culpa que no fue suya y afrontar las consecuencias. En la prisión aprenderá a leer y a escribir y –quiero pensar- se redimirá.

El lector es una novela compleja en su brevedad, apenas 200 páginas en cuerpo de letra grande. Pero me ha parecido impresionante.

Además, hay una versión cinematográfica por la que Kate Winslet recibió, merecidamente, un Óscar por su interpretación de Hanna. También he de mencionar la brillante actuación de Ralp Fiennes (uno de mis actores favoritos) en un Michael Berg adulto cuyo rostro me siguió durante la lectura del libro.

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Ahora viene cuando alguien se preguntará qué tendrá que ver la leyenda del Fedro de Platón con el comentario de este libro. En un capítulo de The Spell of the Sensous, David Abram habla del origen del alfabeto. Es un capítulo apasionante. Vincula la aparición del alfabeto y, claro, de la escritura, a la separación definitiva del hombre del resto de seres vivos. Contrasta las culturas que se basan en la tradición oral y las que tienen el soporte de la escritura. En el contexto de nuestra relación con el resto del mundo, animado e inanimado, me resultó curioso encontrar precisamente un libro que habla de alguien que se menospreciaba por no saber leer y escribir. Un libro que, por otro lado, llevaba años en la estantería.

Es difícil imaginar ahora un mundo sin escritura, sin gente que no sepa leer y escribir. Sin embargo la transmisión oral ha sido durante muchísimo tiempo la forma de transmisión de identidades culturales, mitos, historias. La memoria que se esforzaba en no olvidarse a sí misma.

Sin embargo, con tanto soporte escrito y ya en el umbral de otro salto -el del registro virtual- no parece que nuestra memoria haya mejorado. Con qué facilidad olvida la Humanidad las lecciones de nuestro pasado. Con qué ganas se aprestan muchos en sembrar el olvido de cierto momentos de la Historia...

viernes, 9 de octubre de 2009

Piel adentro

For Anne Sexton


Looking down on empty streets, all she can see
Are the dreams all made solid
Are the dreams all made real

All of the buildings, all of those cars
Were once just a dream
In somebody's head

She pictures the broken glass, she pictures the steam
She pictures a soul
With no leak at the seam

Let's take the boat out
Wait until darkness
Let's take the boat out
Wait until darkness comes

Nowhere in the corridors of pale green and grey
Nowhere in the suburbs
In the cold light of day

There in the midst of it so alive and alone
Words support like bone

Dreaming of mercy street
Wear your inside out
Dreaming of mercy
In your daddy's arms again
Dreaming of mercy street
swear they moved that sign
Dreaming of mercy
In your daddy's arms

Pulling out the papers from the drawers that slide smooth
Tugging at the darkness, word upon word

Confessing all the secret things in the warm velvet box
To the priest-he's the doctor
He can handle the shocks

Dreaming of the tenderness-the tremble in the hips
Of kissing mary's lips

Dreaming of mercy street.
Wear your inside out
Dreaming of mercy
In your daddy's arms again
Dreaming of mercy street.
swear they moved that sign
Looking for mercy
In your daddy's arms

Mercy, mercy, looking for mercy
Mercy, mercy, looking for mercy

Anne, with her father is out in the boat
Riding the water
Riding the waves on the sea


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Peter Gabriel dedicó esta canción a Anne Sexton, una poetisa, una mujer demasiado sensible, presa de una angustia vital que la llevó al suicidio en 1974.

Hoy, leyendo algunos datos su vida he recordado esta canción que estos días he escuchado al salir del centro de salud mental en donde he estado trabajando estas dos últimas semanas.

De la mano de este trabajo he empezado a conocer en profundidad la cantidad de trastornos que padece la población.

Trastornos cuyo número crece sin parar ya que, dejando de lado patologías orgánicas, cuestiones como el paro, las separaciones, las tragedias de la vida que a veces vienen juntas de la mano, vencen la resistencia emocional de algunas personas... se me ha hecho patente que es difícil valorar sin saber antes lo que ocurre en las vidas de la gente, en cómo afrontan los vaivenes de la vida, cual es el punto de rotura de cada uno. Decir "es que ya no puedo más"... y dejarse llevar a los abismos más profundos.

La vida que llevamos no es natural, todo se complica por momentos, vamos poniendo parches materiales, espirituales, hasta que el río de la vida se nos escapa por los rotos del alma. Es por ello que termino esta suplencia con el convencimiento de que estamos todos, en mayor o menor medida, abocados a la locura.

Hay muchos tipos de locura. Muchos no se clasifican, hay locos muy corrientes, que pagan impuestos, van al trabajo, rezan en la iglesia, salen de caza los domingos... hay muchos locos. Unos se ven, otros caminan, disfrazados entre nosotros. Algunos sonríen, algunos parecen felices en su locura. Otros en cambio están tristes, mortalmente tristes. Muchos más de los que suponemos sufren, aunque sonrían.

Parece que algunas mujeres, como lo fue Anne Sextos, convirtieron parte de su angustia en verso, hasta que su vida entera desbordó al cuerpo.

Quizá porque es otoño y mis paseos se hacen más tranquilos, más reflexivos, voy reparando más en lo que va un puntito más allá de lo que mostramos, vislumbro pequeños retazos de todo aquello que precisamente, queremos ocultar a los demás.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Contra los recortes en I + D


A ver si la cordura y la sensatez impregnan las neuronas de esas personas a las que pagamos un sueldazo que no ganan, amparados en aquello tan tonto de que "nosotros les elegimos haciendo uso de nuestro derecho de sufragio universal".

Menos mansiones, menos relojazos, menos privilegios y más trabajo decente.

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Y, dicho esto, perdóneseme la licencia de suspirar por un país con algo más de inteligencia en sus dirigentes.

lunes, 5 de octubre de 2009

Close cover



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Hoy se me ha venido a la mente el recuerdo uno de los últimos conciertos a los que fui el año pasado. Tuve la ocasión de disfrutar a Wim Mertens en un entorno tan bonito como el Palau de la Música. Recuerdo que no llenó el Palau y me extrañó, aunque bien pensado no es tan ilógico, no mueve masas este virtuoso del piano, de lo pequeño, de las pequeñas muestras sonoras que escapan a modas y ritmos.

Fui sola al concierto pues nadie de mi entorno le disfruta tanto como yo. Escuché su música (que tocaba tan solo con el acompañamiento de una violinista) casi todo el tiempo con los ojos entrecerrados, perdida en la delicadeza de sus notas.

Close cover es quizá uno de sus temas más bonitos (que tiene muchos), uno de sus temas más fáciles. He sentido la necesidad de escucharlo una vez más, al contemplar la puesta de sol desde casa.

Un atardecer de otoño con una música atemporal.

viernes, 2 de octubre de 2009

Gari



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Un pequeño vicio, para amantes de la cocina japonesa.

Siempre tengo en la nevera.

Su sabor penetrante es delicioso, su textura y el punto picante sacuden la modorra del estudio o del tedio entre libros. No suele gustar, hay que repetir la experiencia, sin los condicionantes de nuestras educadas papilas gustativas.

Hay quien asegura que es incluso afrodisíaco. Quizá, degustado a duo. Yo tengo la manía de comerlo a solas, cuando estudio.

Es... jengibre japonés marinado. Gari.

jueves, 1 de octubre de 2009

El amor cortes según Le Luthiers



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Uhmmm, me apetecía hoy disfrutarlos. Geniales.

Lovecats, de Benita Winkler