martes, 24 de marzo de 2009

Corazón tan blanco

My hands are of your colour,
but I shame to wear a heart so white.

William Shakespeare

Hay días en los que la vida, simplemente pesa.

Pesa escuchar a la gente.

Pesa escuchar el constante parloteo de voces que no dicen, en verdad, nada importante.

Durante todo el día he escuchado sobre las miserias y las guerras por hallar trabajo, por privilegios de antigüedad, por derechos imaginarios, miseria desesperada por mantenerse a flote en una sociedad que hace aguas.

El trabajo parece ser una manera de exisitir en esta sociedad por la que nos movemos.

He visto a gentes sin alma, regodeándose en sus vidas, en sus apariencias.

He notado el aliento frío de la indiferencia más inhumana.

Hoy, en el trabajo, no entendía nada. He fingido ser alguien, consciente de representar tan sólo a medias un papel tonto en una obra que dirige otro y en la que yo soy un mero figurante.

En días así miro el mundo y entiendo las razones que nos abocarán al fracaso. A todos.

Un mundo basado en apariencias. Nada funciona bien pero nadie tiene arrestos para decidirse a cambiarlo. Hay gente que sí puede hacerlo pero ya está tan metido en su papel que no sabe distinguir el teatro de lo que de verdad es.

Me he sentido tremendamente sola en el mundo. Estoy segura de que la culpa no es de nadie. Las cosas son lo que son, pero... ¿podemos cambiar el rumbo? ¿nadar a contracorriente mucho rato?

Llevo mal lidiar con la doblez, con el fingimiento. Odio el teatro fuera del teatro.

Pero en días como hoy resulta peligroso salir sin la careta.

Cuando regreso a casa, arrastro mi alma consciente de haber sufrido en carne propia los daños colaterales de una existencia que lo sé bien, no me llena. No me llena esta vida, no me acabo de creer el papel, algo en él no me convence.

No es que me sienta especialmente mal, es muy sencillo, es que me canso de tanta apariencia tonta. A veces quisiera ser más crédula... pero no me funciona.

sábado, 21 de marzo de 2009

Ángel busca el otro lado del espejo

Un amigo mío solía decirme que de escribir un blog, estaría siempre en blanco. "No hay nada importante que decir"... se lo contaba a Ángel, esta mañana, mientras regresábamos de nuestra carrera matinal.

Ángel corría a mi lado, concentrada, con rabia contenida a ratos, mientras a duras penas yo aguantaba su ritmo y parloteaba sobre mi vida de estos últimos días.

-Hablas demasiado -me dijo tras un silencio que se me antojó incómodo.

-Y tu hablas muy poco -le contesté.

-Es que no hay nada que decir, las palabras, como dice tu amigo, están de más en estos tiempos que corren. De escribir un blog, el mío también estaría en blanco.

-Pues sí que andamos bien, con tanta trascendencia, le dije yo algo molesta.

Nos detuvimos al llegar a la puerta de mi casa. Me acarició el pelo y me besó con ternura; siempre hace igual, siempre le notas en un gesto que no es quien aparenta ser.

-Nada es lo que parece, querida. Mírate, mírate bien, cuando te enfrentes al espejo.

Me dejó con un gesto vago, siguió trotando, sudorosa, camino de su casa.

viernes, 20 de marzo de 2009

Primavera a las 12:44 h


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Unas fotos, un pequeño resumen de lo que vieron mis ojos y percibieron mis sentidos durante estos oscuros y pasados meses invernales. El invierno no resulta demasiado duro en el Mediterráneo, aunque este año nos ha obsequiado con días de lluvia, tempestades en el mar, vientos y días francamente fríos para lo que aquí tenemos costumbre.

Ayer noche cenábamos en casa cuando lo supimos oficialmente: hoy entra de modo oficial la primavera. De todos modos, ya hace días que la naturaleza escapa a las fronteras, las fechas y nuestra manía de conceptualizarlo todo. Se veía con claridad en las primeras luces del alba, en el canto más alegre de los pájaros que todavía se atreven a vivir en esta ciudad. Se nota hasta en la textura fresca del aire, su perfume... un cierto estado de ánimo que yo he notado en mí misma, en la materia viva que me rodea.



La semana pasada de camino hacia el trabajo, reparé en la osadía de nuestra arquitectura, que burla las leyes de la gravedad y compite con el brillo del sol reflejado en sus paredes de cristal. El edificio éste tan conocido, cercano a mi lugar de trabajo (cuando trabajo, claro) me hace sonreír por las mañanas. Visto así la humanidad parece algo grande, qué grandes construcciones realiza...

... uhmmmm, no puedo evitarlo, no me ciega el brillo reflejado en tal primor edificado por la mano del hombre. No me impresiona el perfil arquitectónico de la ciudad, su skyline que dirían los anglosajones. Para deslumbrar está el brillo del mar, reflejando esos mismos rayos de sol que ese edificio pretende igualar cada mañana.

A mí me impresiona el sol, la primavera.

Pues eso, feliz primavera... no os la perdais, que está ya en la calle, en los jardines, en el aire que ahora mismo respirais, no entiende de crisis ni entiende de precios al alza porque no tiene precio. Está ahí, al alcance de vuestra mano.

domingo, 15 de marzo de 2009

Robert Wolff: Money, Spanish version

Subo esta noche la traducción de otro de los artículos de Robert Wolff que he leído en su web. Se llama Dinero. Data del pasado mes de octubre, cuando se barajaban las espectaculares medidas americanas para salvar su sistema financiero y todo lo que vendría después. Lo leí entonces y tras la perspectiva de los meses pasados, me resulta interesante volverlo a leer de nuevo.

Es posible que algunas de sus opiniones resulten polémicas. Sigo leyéndole con gran interés. Su modo de escribir es llano y sin grandes intelectualizaciones, lo cual me lo hace más próximo a la sencillez y la comprensión tanto de los que saben mucho como de los que no sabemos tanto.

Me resulta curioso escribir todo esto con un viejo y lento ordenador. Con este viejo aparato me comunico con mucha gente lejana, comparto opiniones, sentimientos con una comunidad de almas que me resulta próxima, por afinidades y desacuerdos, por el respeto que hallo entre opiniones opuestas. De este modo me es posible contactar con gente que de otro modo jamás habría conocido. El propio Robert escribe también desde un ordenador a fin de cuentas.

¿Dónde está el precioso punto medio? ¿dónde la sensatez?

Quizá algún día ya no sea necesario escribir sobre todo esto.

Igual que hice la otra vez, agradezco a Robert su permiso para traducir sus escritos y también pido que si alguien con mejor nivel de inglés que el mío cree conveniente corregir o enmendar mi traducción que se ponga en contacto conmigo, lo agradeceré muchísimo y me permitirá aprender algo nuevo sobre la traducción y la lengua de la "Pérfida Albion".


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DINERO, por Robert Wolff

Nos han contado que está ocurriendo algo muy peligroso: Los banqueros están asustados, por lo que ya no prestan más dinero y sin prestar dinero la economía se colapsa. ¿No es cierto que esto es lo que nos han contado?

Para nosotros, aquí abajo, en el mundo real, todo aparece extraño, increíble. No hace tanto que los bancos competían entre ellos para ofrecernos targetas de crédito que no habíamos pedido, con la garantía de interés cero los primeros seis, ocho meses, quizá un año. ¿Acaso se han quedado sin dinero para prestar? No, parece que el modo en que los negocios funcionan hoy por hoy es con dinero prestado. Nadie posee su propio dinero, de repente ellos piden prestado dinero para pagar algo que no es más que otro préstamo.

Burbujas en el aire. Estoy tan hecho a la antigua que no compro nada si no tengo el dinero para pagarlo. Salvo la casa. Está bien comprar una cosa que cuesta el equivalente a bastantes años de mi salario porque mantiene su valor. Una casa no es tan sólo algo necesario. Al correr de los años yo podría añadirle pequeñas mejoras. Podría ajardinar su perímetro. Si la mantengo limpia y pintada, seguramente mantendrá su valor o incluso lo incrementará. Durante gran parte del pasado siglo, las hipotecas eran concedidas por agencias del gobierno, y el tipo de interés rondaba el 6%.

Pero en este nuevo siglo las cosas se han trastornado. De un día para otro el precio de la tierra aquí comenzó a subir. Grandes grupos de inversores (de hecho eran jugadores) descendieron sobre nosotros para adquirir el solar próximo al nuestro, que llevaba en venta diez años. Nada especial, solo otro acre que solía valer entre siete y diez mil dólares. Fue vendido por veinte mil. Dos meses más tarde se vendió de nuevo, esta vez por cincuenta mil. Antes de que el precio del acre se estabilizara el terreno llegó a los ciento veinte mil dólares. Los que hemos vivido aquí gran parte de nuestras vidas sabíamos que esto era una burbuja y que antes o después estallaría. Esto, claro, es lo que ha sucedido.

¿Ahora se me pide que pague el desastre que ha convertido en millonarios a unos pocos en tan poco tiempo? Ellos amenazan diciendo que si no deseo que el Gobierno gaste siete billones (americanos) de dólares las cosas van a empeorar. ¿Cómo esperan que les creamos?

Para muchos de nosotros, aquí abajo, el dinero es algo que cambiamos por comida, con lo que pagamos las facturas de la luz y del teléfono. Ahora que hay tanto miedo me he vuelto curioso. ¿De dónde sale el dinero? El tío Sam lo imprime, y luego lo envía en paquetes a los bancos. Recuerdo las películas en donde los camiones iban repletos de billetes. ¿Pagan los bancos por ese dinero? Si no, ¿quién paga? Quiero decir, ¿de dónde sale el valor de esos pedazos de papel? ¿Quién decide su valor? ¿Cómo?

Para todos en general el dinero es algo que se gana trabajando, fabricando cosas, reparando cosas, haciendo un favor a alguien. Así que de algún modo todos sabemos que por una hora de trabajo ganamos bastante como para comprar dos barras de pan, unas onzas de queso, cuatro huevos, quizá algo de té. Sí, más o menos sabemos cuánto podemos comprar con un dólar o con cien dólares. Pero los "grandes", los que dirigen todo nunca hablan de un dólar, ni de cien dólares ni un millar. Ellos hablan de billones (americanos) de dólares.

Nosotros no podemos comprender esa cantidad de dinero. Algunos no pueden ni imaginarla. En EEUU "un billón" es mil millones, un uno con nueve ceros: 1.000.000.000 (en el resto del mundo esta cantidad se entiende como "mil millones"). Estoy seguro de que ésta es una gran cantidad de dinero. Esta palabra quizá la entienda la gente, pero para nosotros todo esto son tan sólo palabras.

Existen otros conceptos, como "liquidez", que no significan nada para nosotros. Es algo que tiene que ver con líquido, fluido. El dinero debe fluir. Yo siempre he creído eso. Debo gastar mi dinero o regalarlo. No se puede esconder bajo la cama. Pero ahora, lo que los grandes nos dicen es que el dinero grande, es decir, los miles de millones, billones, lo que sea que chapotea por ahí no a a fluir lo suficiente más y que hemos de "hacer algo". Nos explican que no es tan sólo la liquidez lo que iba mal, sino que los bancos habían dejado de confiar entre ellos, habían dejado de prestarse dinero entre ellos porque, esto es lo que parece ser, la economía es un juego que se juega con dinero prestado. Aparentemente ningún negocio se puede iniciar con dinero efectivo, sino que se inaugura con un préstamo. Se engrandece el negocio con otro préstamo. Quizá toda la gente que compró terrenos aquí lo hizo con el dinero de otra persona. Ellos pagaron, imaginemos, un 10% de interés sobre el dinero prestado (mi cuenta bancaria me da un 2% de interés al año, más o menos). Pero ellos compraron la tierra por cincuenta mil dólares y la vendieron, medio año más tarde, por ochenta mil. El jugador pudo permitirse el pagar a quien le prestó el dinero al diez por ciento: todavía le quedó un buen margen de beneficio en tan solo medio año.

Una vez había un eslógan que rezaba: "has de tener dinero para hacer más dinero". Ahora el eslógan es: "Harás dinero con dinero prestado".

Esto no me acaba de gustar, me parece irreal, y en cierto modo, poco honesto.

Desde aquí abajo, nosotros estamos viendo cómo baja el precio de las casas. Era de esperar que pasara esto, ya tuvimos otras "burbujas" antes de ésta, sabíamos que al estallar la burbuja inmobiliaria, el precio del suelo bajaría. ¿Significa esto que el "valor" es algo variable? En los viejos tiempos (de mi vida) una casa era un hogar. Tenía un valor que no se incrementaba demasiado en el tiempo, si lo hacía era poco y lentamente. No ocurría como con los coches, por ejemplo. Todo el mundo sabe que tras comprar un coche, el simple hecho de estrenarlo supone la pérdida de un 30 % de su valor original. Por eso con el préstamo de un coche se paga el interés por adelantado. Ocurre que una casa es una inversión, un coche es algo que se necesita.

Ahora, todo esto parece haber cambiado. No entiendo este nuevo mundo. No hay tierra bajo este nuevo mundo. Todo está en el aire, la economía es algo imaginario, virtual, que juega con cantidades en los ordenadores y, aparentemente, estos cálculos se han basado en dinero prestado a un interés creciente. Esto, a mi entender, es tremendo, y hace que me resulte difícil creer en las grandes, pero diluidas palabras que ellos utilizan para asustarme. Después de todo, durante ocho años nos han contado cosas que ni eran ciertas ni lo son, para nada. ¿Por qué deberíamos creerles ahora?

Hoy en día, además de las facturas que pagamos por el alimento, pagamos por cosas que quizá no son realmente necesarias. ¿Es un ordenador necesario? Creo que no. Lo hicimos bien sin ordenadores durante miles de años, igual que lo salimos adelante sin frigoríficos, sin lavadoras, sin poseer tres o cuatro tipos distintos de teléfonos, sin coches variados, sin cremalleras, sin plástico, sin antibióticos (¿os habéis dado cuenta que la palabra antibiótico significa "contra entidades vivas"?), etc. Llamamos a todo eso "progreso". Nos vendieron cosas e ideas que se han convertido en tan parte de nuestras vidas que ya no podemos imaginarnos a nosotros mismos sin ellas. Pero son esas cosas, la energía que se necesita para hacerlas, para mantenerlas y para hacerlas funcionar, la que hace que se emitan toneladas y toneladas de carbón a la atmósfera, que no tan sólo contamina, sino que está calentando el planeta en el que vivimos. Estamos destruyendo la tierra quemando petróleo y carbón para hacer funcionar estas ahora necesarias cosas, destruyendo, por ejemplo, inmensos bosques que solían controlar el clima. Ahora estamos eliminando lugares en donde unos pocos animales salvajes podían sobrevivir. La gente dice que podemos continuar sin esos animales. No lo creo, pero ésa es otra historia.

Señores, lo que llamamos "progreso" está destruyendo el planeta que conocemos y estamos totalmente desprevenidos para vivir en el planeta que estamos conformando.

Y, lo que es peor, estamos demasiado preocupados por el volátil sistema financiero mundial. Creo que al final nos estamos dando cuenta de que las palabras confortadoras o inquietantes que han venido de Washington durante los últimos ocho años eran tan sólo un fino velo sobre lo que estaba ocurriendo en realidad. Nuestras guerras no están yendo bien, parece. Entonces, ¿por qué estamos todavía ahí? ¿No estamos empeorando las cosas al ir colocando armas más peligrosas y más sonrisas de suficiencia?

Hagamos regresar a todo el mundo a casa, y hagamos balance.

Uno de los candidatos a presidente no distingue con claridad entre financiero y fiscal. Durante muchos años lo fiscal se ha dicho que era financiero: "Están solos, señores, esto es un sistema de libre mercado". Ahora, de repente, ¿se toman medidas fiscales para enmendar la situación financiera? Algunos no la apoyan porque va totalmente contra los principios de libre mercado. Otros están en desacuerdo con la medida porque no tiene nada que ver con nosotros, la gente. Y aquellos que están a favor nos dicen que se debe hacer así para evitar males mayores. Al final, ¿no son ellos quienes siempre deciden lo que es mejor para nosotros? Y, muy al final de todo, casi nunca es bueno para nosotros, sino para ellos.

Lo que hay es "todo" lo que hay

Cierto para mí, para todos, para la nación, y sí, incluso para el sistema financiero, por más que ande en las alturas.

Lo que hay es "todo" lo que hay

El dinero sólo puede ser un sustituto del valor real de las cosas. Se trata de gastar lo que realmente puedo gastar. Hacer lo mejor con las cosas tal y como están. No estoy solo: comparto.

Lo que hay es "todo" lo que hay

¿Qué tal si improvisásemos el sistema financiero para que tan solo negociara con el dinero que realmente existe y no con el que desearían que hubiera? Prestar significa jugar con el futuro, ¿no creen? Ellos dicen que la crisis empeorará a menos que el gobierno haga algo. Otros expertos dicen que es una crisis, pero que los siete mil millones de dólares no van a solucionar lo que realmente está mal. ¿A quién debemos creer?

¿Y si pudiéramos comenzar de nuevo y tan sólo pagar en función de lo que ganamos?

Hoy nos dicen que los siete mil millones de dólares son solamente "un préstamo", que nos lo devolverán, que no será una carga para los contribuyentes. Esto no me tranquiliza mucho después de aceptar que todo este fiasco se debe a una economía cimentada en dinero prestado. ¿Qué garantía hay de que quienquiera que nos haya pedido el préstamo lo vaya a devolver?

¿Podría el gobierno, ya puestos, hacer algo sobre las deudas personales y las tarjetas de crédito que cargan más de un 20% de interés? Ustedes saben, el gobierno lo sabe, que con esos intereses no hay manera de que nadie salde sus deudas. El tipo de interés es tan alto quizá porque alguien una vez pagó con un día de retraso la factura del teléfono –nada que ver con saldar la deuda de la tarjeta de crédito-. Pagar por ello me parece razonable. No es muy común, quizá, ayudar a gente que fue lo bastante incauta como para endeudarse hasta tales extremos, pero me resulta mejor que pagar a banqueros que se han engordado vergonzosamente durante tantos años. Recuerdo haber leído una historia sobre un hombre que ganó más de mil millones de dólares en un año, especulando con un hedge fund (fondo de inversión libre) sea lo que sea eso (suena sospechosamente a "fondo de inversión chapuza").

No me tomen muy en serio. Total, ¿qué sé yo de finanzas?

Lo que sí sé es una cosa que ha sido cierta desde el principio de la presencia humana en la tierra: Lo que hay es "todo" lo que hay.

Robert Wolff © octubre de 2008

miércoles, 11 de marzo de 2009

Cumpleaños



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Érase una vez una sirena que conoció a un príncipe.

Se dejó seducir, confiada, pero él se marchó y la dejó.

También escuché la historia de Calipso... víctima de su propio amor. Érase una y otra vez la misma historia, en otras vidas, con otros seres.

El amor es extraño, obliga a veces, a duros sacrificios en su nombre.

Ángel me contó una vez que ella amó así, como la sirenita de Andersen, como Calipso. Amó hasta sentir dolor por amar... no fue correspondida más que unas breves semanas. El tipo que la sedujo era voluble, miedoso, le dicen que la engañó como sólo una ingénua puede ser traicionada. Ángel lo niega una y otra vez, "cuando me amó yo sé que fue cierto, es tan solo... que no pudo evitar dejar de amarme. Por eso se marchó, desapareció sin dejar rastro, y yo le dejé marchar, por amor no hubiera estado bien hacer otra cosa". Me mira, a través del humo de su eterno cigarrillo. La miro y no dudo de que dice verdad.

Su voz grave, recuerda vagamente el último café, amargo, sin azúcar, como siempre lo toma ella. Su voz grave me habla lentamente, pronunciando con cuidado cada palabra.

"Hoy cumple 40 años, Sarah. Nunca le gustó mucho este día, pero yo hubiera querido..."

De repente calla. Levanta la mirada brillante, intensa, profundamente dolida.

Ya no llora, hace mucho que dejó de hacerlo. La miro. No puedo decirle nada, no encuentro nada con qué consolar lo inconsolable.

Toma el gastado libro de cuentos de Andersen, su bolso negro. Se levanta.
Marcha. Cierra la puerta tras de sí, con cuidado.

Una estela de fuerte olor a tabaco llena su ausencia. ¿A dónde va? ella nunca lo dice. Ella nunca lo sabe. Ella no quiere, tampoco, saberlo.

domingo, 8 de marzo de 2009

Maren



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Esta tarde la he pasado con mi hijo, quien anda algo ocupado con las tareas del colegio. Está preparando un trabajo de "sociales" sobre una comunidad autónoma española. "Pedí Euskalerría", me dijo, sin vacilar.

Estuvimos apenas cinco días el pasado mes de septiembre. Cada uno de nosotros tres descubrió una Euskalerría diferente, tamizada por nuestra mirada. Mi hijo, como yo, adora lo verde, adora el bosque, adora el campo. El mar Cantábrico le fascinó igual que me fascinó a mí. Fuimos expresamante a Bizkaia, a un pueblito costero, porque él deseaba "ver el Cantábrico".

Caminanos por las playas de Plentzia, de Gorlitz, descubrimos algunos rincones del barrio viejo de Bilbo, anduvimos por la ría de Portugalete, admiramos sus casitas burguesas y los antrillos más radikales del centro. Procuramos escuchar el latido de los pueblos, en donde pudimos ver a chiquillos de color o de rasgos achinados, que jugaban a pelota y gritaban, alegres, en impecable euskara. Me emocioné ante el árbol de Guernika y nos quedó pendiente la visita al museo de la Paz. Se nos encogió el corazón tratando de imaginar cómo quedó la ciudad el día del famoso bombardeo en durante la Guerra Civil... difícil en una tarde gris y tanquila de septiembre. Aprendí las primeras palabras vascas, eskerrik asko, egun on, kaixo, bai, ez, gero arte, mila ezker, muxus, maite, gabon... y me hacían sonreír las caras de hilaridad en la gente ante mis torpes tentativas de usar cada palabra que aprendía. Es cierto que enseguida se daban cuenta de nuestro origen, "por el acento" nos decían, y la pinta de despistados catalanes mapa en mano. Charlamos con gente que nos preguntaba sobre nuestra tierra y nos explicaban sobre la suya. En las cuevas de Santimamiñe disfrutamos de una charla muy interesante con una joven arqueóloga que hizo las delicias de mi familia con las historias que las rocas, y capas de sedimentos mostraban sobre un pasado remoto.

Realmente nos cundieron mucho los cinco días pasados en Bizkaia, aunque nos quedó tanto por ver...

Así que hoy, cotejando información, recordando los sitios en los que estuvimos, mirando fotos, me ha entrado nostalgia de aquel viaje. Mis ganas de regresar tomaron mi fuerte emocional y, esperando a que se me pase, he buscado música de Kepa Junkera, que tan buenos ratos me evoca. Este tema es, de los muchos bonitos que tiene, especialmente hermoso. Canta con él otra cantante genial: María del Mar Bonet.
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POSTCRIPTUM: No he comentado que estuvimos un día por la costa de Guipuzkoa, visitamos Zumaia y anduvimos un par de horas por Donosti, que mi pareja no había visitado anteriormente. No pudimos dedicarle más y nos pesa, ya que cada ciudad tiene su aquel. Si veis las fotos hay un popurri, hay alguna foto de la playa de la Concha y una de Zumaia. Los más observadores habrán visto que la foto de cabecera de este blog está tomada en Zumaia, así que "el que calla otorga". No sé deciros qué parte me gusta más. Donosti tiene fama de ser la ciudad más bonita de toda España, junto con Santander. No seré yo quien lo discuta, lo que sí es cierto que tras toda la fama de gris e industrial que arrastraba Bilbao, he de romper una lanza a su favor porque me gustó la ciudad. Sin embargo lo que más me gustó de Bilbo fueron sus localidades pequñas, sus rincones costeros, los pueblos de Urdaibai...

Santiago, queda dicho: cuando regrese a Portugalete vamos a tomarnos ese vinillo que propones, mientras me firmas una copia de tu libro de poemas :)).

A Tesi he de decirle que tiene razón, que, orígenes aparte, la música que sale de las entrañas de la tierra de uno es música con corazón. Kepa es un virtuoso y sus ritmos son fascinantes. Un abrazo a Pucela y a algunos de sus habitantes :))

A Girbén... tu ja saps, com m'estimo aquesta terra. Sí, sóc una mica d'allà, però també és cert que sóc una mica de tot arreu... venim del nord venim del sud, de terra endins, de mar enllà...

domingo, 1 de marzo de 2009

Puesta de sol. Prenafeta. Agosto 07




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escribir
porque alguien olvidó gritar
y hay un espacio blanco
ahora, que lo habita


escribir
porque es la forma más veloz
que tengo de moverme

escribir

¿y no hacer literatura?
...
¡y qué más da!:

hay demasiado dolor
en el pozo de este cuerpo
para que me resulte importante
una cuestión de este tipo.
Escribo

para que el agua envenenada
pueda beberse.

Del libro Matar a Platón, por Chantal Maillard.
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Lovecats, de Benita Winkler