Me apetece poner este brochecillo experimental en el blog. He descubierto, gracias a un link de Montxu (¡¡Eskerrik asko, amigo!!), blogs en los que dan pistas para aprender a poner más cosillas en los blogs, a hacerlas más bonitas, etc. Una de las cosas que más me apetece plasmar aquí es la posibilidad de dejar música para escuchar mientras se lee. Lo que dejo aquí es un pequeño experimento.
Espero que os guste.
Estos días ando algo ausente por problemas personales serios, la brujilla está inquieta y anda buscando pócimas y nuevas maneras de afrontar sus retos, algo perdida, pero nunca muy lejos de este rincón.
domingo, 30 de noviembre de 2008
La buena voz

Desde el umbral de un sueño me llamaron...
Era la buena voz, la voz querida.
-Dime: ¿vendrás conmigo a ver el alma?....
Llegó a mi corazón una caricia.
-Contigo siempre.... Y avancé en mi sueño
por una larga, escueta galería,
sintiendo el roce de la veste pura
y el palpitar suave de la mano amiga.
Antonio Machado.


Ayer por la noche tuve ocasión de visionar la película "La buena voz". La casualidad del zapping aburrido antes de ir a dormir me hizo descubrirla justo cuando comenzaba. Mi corazón dio un vuelco, en los primeros planos: paisajes, aires de la ciudad de Bilbao.
Cuenta la historia de un matrimonio ya entrada la madurez, su vida gris en un mundo gris. Rosa, la protagonista, es dulzura y resignación, es amor y amistad. Su marido es un hombre andaluz, un taxista rudo, enfermo del corazón, que lleva el peso de una vida algo mediocre. Ambos parecen perdidos en mundos lejanos y no parece haber más que tedio y resignación entre ellos. La aparición de una vieja amiga de la familia y el descubrimiento de un hijo que Pepe tuvo con la amiga de Rosa cambiará el curso de sus vidas. Como en otras ocasiones, no desvelo los detalles porque hay sorpresas que merece la pena que se descubran visionando la película.
Me senté con Rosa, la protagonista, y la entendí en su dolor y su estar presente hasta el final dando amor a manos llenas, dedicando su vida a un hombre que la engañó y que, ella lo sabe, nunca la amó. La entendí en su fragilidad y en su generosidad absurda y sinsentido en este mundo que vivimos, rebosante de mercantilismo y de consumismo de sentimientos.
La ambientación del largometraje me cautivó. La historia transcurre totalmente en Bilbao, aunque flota en la historia de los personajes un nexo entre Barcelona (que no aparece en ningún momento del film) y la capital vasca. Esta dicotomía, esa mezcolanza de idiomas me pareció muy linda (al ponerla en el canal autonómico la visioné en versión doblada que respetaba las partes que salen en euskara). Incluso en la banda sonora suena una canción de corte andaluz... cantada en vasco, muy curiosa, la verdad.
Volver a ver el Casco Viejo, la ría del Nervión, el puente de Portugalete... se me removió todo por dentro. Sus fotogramas me devolvieron a mis paseos por la ría, en Portugalete, los primeros días de septiembre que pasé allí. Me encantaba pasear por la Ría, alrededor del Mercado. Me gustaron los desniveles de las calles del Casco Viejo, con la presencia del mar Cantábrico a lo lejos. El día que estuve en Bibao llovía, hacía mucho fresquito, gris y verde, como es el Norte que yo adoro. ¡Qué cómoda me sentí allí!
Hacia el final de la película hay un momento precioso, en el que ese Jordi, el hijo natural de Pepe, le lee unos versos de Machado a su padre recién descubierto, camino del monasterio de Silos... son los hermosos versos que he transcrito en la cabecera de esta entrada. Son tan bonitos que no he podido dejar de plasmarlos en la buhardilla, en donde las palabras bellas flotan, ingrávidas, a su aire.
No es una película alegre, ni tiene un final definido, pero... es un ramillete de sentimientos, una historia que por algún motivo se me hace próxima, muy probable.
"-Contigo siempre.... Y avancé en mi sueño
por una larga, escueta galería,
sintiendo el roce de la veste pura
y el palpitar suave de la mano amiga."
Os lo dedico a todos los que os pasais por la buhardilla. Creo que es una manera preciosa de despedir al mes de noviembre.
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Como en otras ocasiones, dejo los datos de esta película, por si alguien estuviera interesado...
Dirigida por: Antonio Cuadri.
Año: 2006.
Intérpretes: José Luis Gómez (Pepe), Pilar Velázquez (Rosa), Biel Durán (Jordi), Klara Badiola (Begoña Olabarría), Ricard Sales (Mikel), María Luisa Goirigolzarri (Doña Remedios).
Guión: Claudio Crespo.
Música: Juan Carlos Pérez.
Fotografía: Gaizka Bourgeaud Zarandona.
Montaje: Mercedes Cantero.
Dirección artística: Koldo Jones.
Estreno en España: 26 Mayo 2006
sábado, 22 de noviembre de 2008
El perdón
Tú fuiste quien casi destruye mi corazón
Tuviste tu oportunidad, la dejaste pasar.
Vivías en un mundo al que nunca podrías pertenecer
Sin tiempo para marchar
No puedes quedarte, no, no te puedes quedar.
Nada perdiste, todavía estás a tiempo de tomar ese tren.
Y debes hacerlo esta noche.
Un nuevo día vendrá, tú eres el hombre bajo la lluvia.
De qué sirve quedarse atrapado entre estas paredes?
Las lámparas están encendidas, mas no hay nadie en casa.
Un nuevo día amanece, mientras la lluvia fría cae.
Y ahora llegó la hora de caminar en soledad.
Cómo se siente uno cuando sobra tiempo para recordar?
Ramas yermas, como los árboles en noviembre.
Lo tuviste todo, pero lo despreciaste.
Ahora es tiempo de partir.
Cómo se siente uno cuando sobra tiempo para recordar?
Ramas yermas, como los árboles en noviembre.
Lo tuviste todo, pero lo despreciaste.
Ahora es tiempo de partir.
Todavía no estoy preparada para perdonar ciertas traiciones.
Esta mañana salí a correr al amanecer.
Era una costumbre olvidada que me apetecía mucho retomar. Hace un año y medio salía al romper el alba, a trotar unos kilómetros. Correr, espiar la salida del sol de camino al mar, con música en mi reproductor o el propio móvil, se convirtió en una rutina deliciosa que me reportaba el beneficio del ejercició físico suave y el clímax espiritual que disfrutaba en la playa, con el mar de fondo y el sol surgiendo suavemente de la línea del horizonte...
Pero ocurrieron cosas en casa, llegó el frío y dejé de correr.
Esta mañana ha sido muy bonito volver a hacerlo. Gaia ha regalado a los madrugadores un amanecer silencioso, tranquilo, sobre la mar serena del Mediterráneo que baña la ciudad de Barcelona. Entre las nubes que viraban a rosa palo el sol ha ido surgiendo, jugando a ratos a esconderse, ante mi mirada embobada.
Cuando mis músculos se han negado a correr he seguido caminando. He sentido la arena fría bajo mis pies, he bajado a la orilla a escuchar los susurros del mar... he recordado, he recordado hechos, a personas que ya son pasado en mi vida. No guardo rencores, siempre he procurado retener en mi corazón los buenos momentos pasados con otros. Intento comprender que las esquinas de los demás nos pueden dar en la mejilla y casi nunca hay culpables, porque no se pueden preveer las consecuencias que nuestros actos causan en los demás.
El tiempo cicatriza heridas... o no. No lo sé.
He dado vueltas a todo esto y he regresado con la alegría de un nuevo amanecer tras de mí.
He regresado a casa,sí, convencida de que me había despedido, por fin, sin rencores, de mi pasado más reciente, pero también he sabido que todavía no estaba preparada para perdonar... todavía no.
Tuviste tu oportunidad, la dejaste pasar.
Vivías en un mundo al que nunca podrías pertenecer
Sin tiempo para marchar
No puedes quedarte, no, no te puedes quedar.
Nada perdiste, todavía estás a tiempo de tomar ese tren.
Y debes hacerlo esta noche.
Un nuevo día vendrá, tú eres el hombre bajo la lluvia.
De qué sirve quedarse atrapado entre estas paredes?
Las lámparas están encendidas, mas no hay nadie en casa.
Un nuevo día amanece, mientras la lluvia fría cae.
Y ahora llegó la hora de caminar en soledad.
Cómo se siente uno cuando sobra tiempo para recordar?
Ramas yermas, como los árboles en noviembre.
Lo tuviste todo, pero lo despreciaste.
Ahora es tiempo de partir.
Cómo se siente uno cuando sobra tiempo para recordar?
Ramas yermas, como los árboles en noviembre.
Lo tuviste todo, pero lo despreciaste.
Ahora es tiempo de partir.
Todavía no estoy preparada para perdonar ciertas traiciones.
Esta mañana salí a correr al amanecer.
Era una costumbre olvidada que me apetecía mucho retomar. Hace un año y medio salía al romper el alba, a trotar unos kilómetros. Correr, espiar la salida del sol de camino al mar, con música en mi reproductor o el propio móvil, se convirtió en una rutina deliciosa que me reportaba el beneficio del ejercició físico suave y el clímax espiritual que disfrutaba en la playa, con el mar de fondo y el sol surgiendo suavemente de la línea del horizonte...
Pero ocurrieron cosas en casa, llegó el frío y dejé de correr.
Esta mañana ha sido muy bonito volver a hacerlo. Gaia ha regalado a los madrugadores un amanecer silencioso, tranquilo, sobre la mar serena del Mediterráneo que baña la ciudad de Barcelona. Entre las nubes que viraban a rosa palo el sol ha ido surgiendo, jugando a ratos a esconderse, ante mi mirada embobada.
Cuando mis músculos se han negado a correr he seguido caminando. He sentido la arena fría bajo mis pies, he bajado a la orilla a escuchar los susurros del mar... he recordado, he recordado hechos, a personas que ya son pasado en mi vida. No guardo rencores, siempre he procurado retener en mi corazón los buenos momentos pasados con otros. Intento comprender que las esquinas de los demás nos pueden dar en la mejilla y casi nunca hay culpables, porque no se pueden preveer las consecuencias que nuestros actos causan en los demás.
El tiempo cicatriza heridas... o no. No lo sé.
He dado vueltas a todo esto y he regresado con la alegría de un nuevo amanecer tras de mí.
He regresado a casa,sí, convencida de que me había despedido, por fin, sin rencores, de mi pasado más reciente, pero también he sabido que todavía no estaba preparada para perdonar... todavía no.
jueves, 20 de noviembre de 2008
Colores prohibidos
Acabo de estar en el rincón oscuro de Alonee, un rincón tan suyo como personal. Me ha recordado una canción cuyo vídeo me permito la osadía de tomar prestado. Es el tema central de la película Feliz Navidad, Mr. Lawrence. Una película que, por algún motivo, no me atrevo a ver ni encuentro el momento para hacerlo. Me dijeron hace tiempo que había en ella una historia de amor terrible. Una no tiene el corazón para sufrir mucho más. Quizá por eso la bruja se queda con esta canción, que desde siempre ha conmovido por su dulzura, por la tristeza y la nostalgia que rezuma.
Estos días hay mucha música en la buhardilla, ando reflexiva, algo más callada de lo habitual. Miro, observo mucho, sigo leyendo a Robert Wolff, ya le he mencionado varias veces, que me está mostrando cosas que yo ya sabía y no me atrevía a decirme a mí misma.
Ando algo tristona porque sé de las tristezas de otras personas a las que aprecio y eso me afecta, no puedo evitarlo. Paseo mucho y me fijo mucho en la gente, en sus actitudes en sus movimientos. Viajo cada mañana hacia el trabajo rodeada de un movimiento incesante de almas que entran y salen de los vagones, sus rostros dormidos, sin esconder del todo el desconcierto. Yo me siento, muy quieta, en mi asiento, leo a ratos, me pregunto qué demonios estamos haciendo todos ahí metidos, hasta que mis pensamientos se reducen a nada y tan solo miro, sin emitir juicio alguno, extrañada y sorprendida de todo.
Así que... dejemos que la música inunde la buhardilla. Quizá cambien sus habitantes, quizá cambien sus tonos de luz y sus sombras, pero la música y alguna vela perfumada nunca faltarán en este rincón...
Gracias, Alonee, por haberme recordado a Ruichi, hace mucho que no me daba por escucharlo... esta versión de Forbidden Colours es magnífica.
Estos días hay mucha música en la buhardilla, ando reflexiva, algo más callada de lo habitual. Miro, observo mucho, sigo leyendo a Robert Wolff, ya le he mencionado varias veces, que me está mostrando cosas que yo ya sabía y no me atrevía a decirme a mí misma.
Ando algo tristona porque sé de las tristezas de otras personas a las que aprecio y eso me afecta, no puedo evitarlo. Paseo mucho y me fijo mucho en la gente, en sus actitudes en sus movimientos. Viajo cada mañana hacia el trabajo rodeada de un movimiento incesante de almas que entran y salen de los vagones, sus rostros dormidos, sin esconder del todo el desconcierto. Yo me siento, muy quieta, en mi asiento, leo a ratos, me pregunto qué demonios estamos haciendo todos ahí metidos, hasta que mis pensamientos se reducen a nada y tan solo miro, sin emitir juicio alguno, extrañada y sorprendida de todo.
Así que... dejemos que la música inunde la buhardilla. Quizá cambien sus habitantes, quizá cambien sus tonos de luz y sus sombras, pero la música y alguna vela perfumada nunca faltarán en este rincón...
Gracias, Alonee, por haberme recordado a Ruichi, hace mucho que no me daba por escucharlo... esta versión de Forbidden Colours es magnífica.
martes, 18 de noviembre de 2008
Colores en el viento... o una declaración de principios
Las lecturas de Robert Wolff me llevan a paraísos perdidos. Me devuelven a todo aquello que olvidamos en la carrera evolutiva hacia el centro comercial más próximo, la compra en el súper y las rutinas del fin de semana. Hay... algo más que hemos olvidado. Más allá de estos hormigueros que habitamos hay otra cosa, algo de lo que va quedando cada día menos.
Esta noche, mientras meditaba en las pequeñas tragedias que el día trajo, en mis propias zozobras, en problemas de amigos ante los que poco más que escuchar puedo hacer, me ha venido a la mente esta escena de la película Pocahontas, en versión de Walt Disney.
Absurdo, lo sé, ¿qué tendrá que ver con todo esto? Vi esta película hace mucho, como parte del curso de inglés que hice cuando mi hijo era chiquito. Ya entonces, muy lejana mi manera de ver el mundo a como lo miro hoy, esta canción me impresionó profundamente, porque resumió en breves minutos todo lo que entre todos, (aquí absolutamente todos somos culpables, aunque haya unos más que otros), estamos haciendo con nuestro mundo, la única casa que tenemos hoy por hoy. Conecta con mi percepción de lo mucho que perdimos con un progreso desordenado y basado en el beneficio económico a corto plazo sin tener en cuenta a las personas, sin tener en cuenta al resto de criaturas vivas del planeta. Conecta con la sencillez más elemental, que hemos convertido en tecnología indiscriminada y parafernalia, para vestir al Emperador, que en realidad va desnudo.
Ya le dije a un amigo que la bruja, algunas noches, divaga...
Así que, lectores, tómenselo como eso: sueños en la casa de una bruja buena.
He traducio del inglés las letras de la canción, porque merece la pena escucharla atentamente.
Crees que yo soy tan solo una ignorante salvaje
Has estado en tantos lugares
imagino que así es
Pero no puedo comprender
Que si la salvaje aquí soy yo
Cómo puede haber tanto que tú ignoras,
tanto que desconoces...
Te crees dueño y señor de toda tierra
La tierra sólo sueñas con poseer.
Mas toda roca, toda planta, criatura
tiene vida, tiene un alma, es un ser.
Te crees que la única gente que realmente es gente,
es aquella que piensa y aparenta igual que tú.
Mas sigue las pisadas de un extraño
mil sorpresas descubrirás que nunca imaginaste.
Has escuchado aullar los lobos a la luna azul?
O has visto a un lince sonreír?
O te has unido a la voz de las montañas
Puedes colores en el viento descubrir?
Puedes colores en el viento descubrir?
Corramos por veredas de los bosques
Probemos de sus frutos el sabor
Descubre que riquezas que hay a tu alcance,
sin pensar por un instante en su valor.
La tormenta y el río mis hermanos son
Amigos el hurón y la nutria también son.
Unidos estamos los unos a los otros
en un ciclo sin final, que eterno es.
Cuán alto el arbol crecerá?
Si lo cortas hoy, nunca lo sabrás.
Ni oirás aullar los lobos a la luna azul
No importa el color de nuestra piel.
Ansiamos cantar con las montañas
Ansiamos colores en el viento descubrir.
Puedes poseer la Tierra y aun así
tan sólo tierra es lo que poseerás,
hasta que no seas capaz de,
los colores en el viento, descubrir.
Esta noche, mientras meditaba en las pequeñas tragedias que el día trajo, en mis propias zozobras, en problemas de amigos ante los que poco más que escuchar puedo hacer, me ha venido a la mente esta escena de la película Pocahontas, en versión de Walt Disney.
Absurdo, lo sé, ¿qué tendrá que ver con todo esto? Vi esta película hace mucho, como parte del curso de inglés que hice cuando mi hijo era chiquito. Ya entonces, muy lejana mi manera de ver el mundo a como lo miro hoy, esta canción me impresionó profundamente, porque resumió en breves minutos todo lo que entre todos, (aquí absolutamente todos somos culpables, aunque haya unos más que otros), estamos haciendo con nuestro mundo, la única casa que tenemos hoy por hoy. Conecta con mi percepción de lo mucho que perdimos con un progreso desordenado y basado en el beneficio económico a corto plazo sin tener en cuenta a las personas, sin tener en cuenta al resto de criaturas vivas del planeta. Conecta con la sencillez más elemental, que hemos convertido en tecnología indiscriminada y parafernalia, para vestir al Emperador, que en realidad va desnudo.
Ya le dije a un amigo que la bruja, algunas noches, divaga...
Así que, lectores, tómenselo como eso: sueños en la casa de una bruja buena.
He traducio del inglés las letras de la canción, porque merece la pena escucharla atentamente.
Crees que yo soy tan solo una ignorante salvaje
Has estado en tantos lugares
imagino que así es
Pero no puedo comprender
Que si la salvaje aquí soy yo
Cómo puede haber tanto que tú ignoras,
tanto que desconoces...
Te crees dueño y señor de toda tierra
La tierra sólo sueñas con poseer.
Mas toda roca, toda planta, criatura
tiene vida, tiene un alma, es un ser.
Te crees que la única gente que realmente es gente,
es aquella que piensa y aparenta igual que tú.
Mas sigue las pisadas de un extraño
mil sorpresas descubrirás que nunca imaginaste.
Has escuchado aullar los lobos a la luna azul?
O has visto a un lince sonreír?
O te has unido a la voz de las montañas
Puedes colores en el viento descubrir?
Puedes colores en el viento descubrir?
Corramos por veredas de los bosques
Probemos de sus frutos el sabor
Descubre que riquezas que hay a tu alcance,
sin pensar por un instante en su valor.
La tormenta y el río mis hermanos son
Amigos el hurón y la nutria también son.
Unidos estamos los unos a los otros
en un ciclo sin final, que eterno es.
Cuán alto el arbol crecerá?
Si lo cortas hoy, nunca lo sabrás.
Ni oirás aullar los lobos a la luna azul
No importa el color de nuestra piel.
Ansiamos cantar con las montañas
Ansiamos colores en el viento descubrir.
Puedes poseer la Tierra y aun así
tan sólo tierra es lo que poseerás,
hasta que no seas capaz de,
los colores en el viento, descubrir.
lunes, 17 de noviembre de 2008
Días claros, almas perdidas, que no desean saber hacia dónde van
Otra vez lunes.
Un lunes cualquiera, frío para lo que es esta tierra (frío mediterráneo, que es más bien tibieza que frío).
Un amanecer nítido desde la varanda de mi galería. Un frotarse las manos ante el café calentito con leche de almendra que cada mañana me preparo antes de lanzarme al vértigo de la calle, mientras observo el silencio de la mañana, los colores con lo que el amanecer va pintando el cielo.
Estas semanas trabajo en un hospital que está en el otro lado de la ciudad, en las faldas de la sierra de Collserola, por eso he de tomar el metro en lugar de ir caminando, como hacía semanas antes.
No deja de ser una experiencia interesante. Observo a la gente en los vagones, les miro, a veces sin verlos del todo, sumida en mis reflexiones o en la lectura del libro que ahora me tiene absorbida. Me divierto observándome y observando la fauna que puebla el metro: a mi derecha, una chica preciosa lleva un pantalón de talle bajo, se le ven las bragas y el ombligo, yo me estremezco, friolera, bajo mi poncho y mi boina. En el fondo una mujer luce espléndida, se retoca el maquillaje con una destreza que admira, sobre unos tacones de vértigo y unas medias negras que levantan más de una mirada furtiva, masculina claro. A mi lado, un señor de mediana edad se rasca la cabeza y ojea distraído un diario gratuito. Huele a tabaco y me marea un poco. Parece creerse todas las mentiras que cuenta. En la siguiente estación entra un hombre muy atractivo, me mira, le miro, en un instante parece que existimos el uno para el otro... pero la magia del momento desaparece y yo regreso a mi lectura. Las estaciones van pasando, todo se mueve veloz.
Una vez en la plaza Lesseps tengo todavía diez o quince minutos de caminata vigorosa, cuesta arriba. Salgo del metro y me encuentro de golpe en la zona alta de la ciudad. Entre la claridad del este y la modorra retrasada del oeste van mis pasos, respiro y husmeo en el aire el olor del invierno que se va entremezclando con los vapores de mi respiración. Escucho música. Me siento... tranquila, bien, me siento fluir con la vida.
La calle, la luz, la música, todo tenía hoy un brillo más intenso esta mañana. El día de hoy ha sido luminoso en la ciudad, luminoso en mi corazón.
Ha anochecido, pero sigo notando un rayito de luz, que sin duda viene de alguna parte, que alegra mi interior.
La canción... Cementeries de London de Coldplay. Habla de criaturas nocturnas, con su misterio. Hoy yo parecía moverme entre las de la mañana como si nada ni nadie pudiera herirme. El punto justo que mi alma sentía, reflejada en las notas de una canción.
Espero que no os sorprenda el vídeo... ¿verdad que parece disonante con el tono de mis palabras? lo importante no es el vídeo, sino la canción... el detalle suele escapar la primera mirada. La pureza habita el mundo, entre monstruos de feria y criaturas artificiales. Hay muchos mundos más allá de lo que parece que vemos. Entre el paraíso y la pesadilla nadamos todos nosotros. Las últimas notas de la canción, ese piano... eso es pureza.
Sed felices.
-----------------------------------------------------------------------------------
POSTCRIPTUM
A finales de noviembre descubrí que por algún motivo (imagino que censuras tontas de youtube) el vídeo que subí no está disponible. Una pena para los que no hayais podido visionarlo. A mí me fascinó y creo que plasmaba parte de los sentimientos que traté de describir el día que lo escribí. Dejo en su lugar la canción, al menos, porque merece la pena escucharla.
Un lunes cualquiera, frío para lo que es esta tierra (frío mediterráneo, que es más bien tibieza que frío).
Un amanecer nítido desde la varanda de mi galería. Un frotarse las manos ante el café calentito con leche de almendra que cada mañana me preparo antes de lanzarme al vértigo de la calle, mientras observo el silencio de la mañana, los colores con lo que el amanecer va pintando el cielo.
Estas semanas trabajo en un hospital que está en el otro lado de la ciudad, en las faldas de la sierra de Collserola, por eso he de tomar el metro en lugar de ir caminando, como hacía semanas antes.
No deja de ser una experiencia interesante. Observo a la gente en los vagones, les miro, a veces sin verlos del todo, sumida en mis reflexiones o en la lectura del libro que ahora me tiene absorbida. Me divierto observándome y observando la fauna que puebla el metro: a mi derecha, una chica preciosa lleva un pantalón de talle bajo, se le ven las bragas y el ombligo, yo me estremezco, friolera, bajo mi poncho y mi boina. En el fondo una mujer luce espléndida, se retoca el maquillaje con una destreza que admira, sobre unos tacones de vértigo y unas medias negras que levantan más de una mirada furtiva, masculina claro. A mi lado, un señor de mediana edad se rasca la cabeza y ojea distraído un diario gratuito. Huele a tabaco y me marea un poco. Parece creerse todas las mentiras que cuenta. En la siguiente estación entra un hombre muy atractivo, me mira, le miro, en un instante parece que existimos el uno para el otro... pero la magia del momento desaparece y yo regreso a mi lectura. Las estaciones van pasando, todo se mueve veloz.
Una vez en la plaza Lesseps tengo todavía diez o quince minutos de caminata vigorosa, cuesta arriba. Salgo del metro y me encuentro de golpe en la zona alta de la ciudad. Entre la claridad del este y la modorra retrasada del oeste van mis pasos, respiro y husmeo en el aire el olor del invierno que se va entremezclando con los vapores de mi respiración. Escucho música. Me siento... tranquila, bien, me siento fluir con la vida.
La calle, la luz, la música, todo tenía hoy un brillo más intenso esta mañana. El día de hoy ha sido luminoso en la ciudad, luminoso en mi corazón.
Ha anochecido, pero sigo notando un rayito de luz, que sin duda viene de alguna parte, que alegra mi interior.
La canción... Cementeries de London de Coldplay. Habla de criaturas nocturnas, con su misterio. Hoy yo parecía moverme entre las de la mañana como si nada ni nadie pudiera herirme. El punto justo que mi alma sentía, reflejada en las notas de una canción.
Espero que no os sorprenda el vídeo... ¿verdad que parece disonante con el tono de mis palabras? lo importante no es el vídeo, sino la canción... el detalle suele escapar la primera mirada. La pureza habita el mundo, entre monstruos de feria y criaturas artificiales. Hay muchos mundos más allá de lo que parece que vemos. Entre el paraíso y la pesadilla nadamos todos nosotros. Las últimas notas de la canción, ese piano... eso es pureza.
Sed felices.
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POSTCRIPTUM
A finales de noviembre descubrí que por algún motivo (imagino que censuras tontas de youtube) el vídeo que subí no está disponible. Una pena para los que no hayais podido visionarlo. A mí me fascinó y creo que plasmaba parte de los sentimientos que traté de describir el día que lo escribí. Dejo en su lugar la canción, al menos, porque merece la pena escucharla.
domingo, 16 de noviembre de 2008
Only time (Enya)
No se me ocurre nada mejor que dedicar esta canción tan bella a dos personas a las que aprecio y no están en su mejor momento.
Las dos están cerca del mar: una contempla la salida del sol desde el Mediterráneo, una princesa de ojos azules. La otra, un príncipe cuyos ojos nunca vi, pero que intuyo cálidos y apasionados, mira entristecido el bravo y frío mar Cantábrico, allá en el norte, allá en mi adorada Euskalerria.
¿Qué puedo deciros? que pienso en vosotros. No estais solos en vuestro pesar. Yo os acompaño, si me dejais.
Petonets a mi princesa, muxus hogei al príncipe misterioso...
viernes, 14 de noviembre de 2008
Una canción... un lamento
Evancescence, My inmortal
Un vídeo, una canción.
Me impresionó la canción desde el momento, lejano, en que la descubrí.
Me impresionó su letra: Lamento sereno. Ausencia. Soledad.
Suelen decir que cuando amputan un miembro, pervive el dolor fantasma... es como si ese miembro siguiera ahí, en su sitio. Se le siente, se le nota. Pero hace tiempo que no está.
La tristeza, el paso del tiempo, la nostalgia por esa presencia hoy hecha vacío... la intención de amar más allá de la ausencia, del desamor, de la indiferencia, más allá del tiempo.
Romántico. Absurdo y romántico.
El vídeo me impresionó por otro motivo: está totalmente filmado en mi ciudad. En lugares que son especiales para mí.
La plaza con la fuente en la que Amy aparece es la plaza de Sant Felip Neri, en pleno barrio Gótico. Aparecen rincones del barrio de la Ribera, y jardines que hay en la montaña de Montjuïc. Son... paisajes que forman parte de mi vida, de mis propias soledades. Son lugares por los que he paseado, unas veces con objetivo, otras buscando mi rumbo; a mediodía, al amanecer, he visto puestas de sol desde Montjuïc, sobre las tres chimeneas... buscando ese punto en que el mar y la tierra se funden y crean el horizonte. Son mis lugares.
Me gustó que Amy cantara en ellos, para ellos. Me gusta lo incondicional del dolor que transmite la canción. Es una manera distinta de añorar a alguien que hace tiempo siguió su camino. Es otra manera de dejarse ser en lo que es y no puede ser de otra manera.
Siempre a vueltas con lo mismo: el pasado se fue. El futuro quién sabe lo que traerá. Lo que hay es lo que es.
Lo que es, es lo que hay.
Estoy tan cansada de permanecer aquí
abrumada por todos mis temores infantiles
Si tienes que irte
Ojalá tan solo te fueras
porque tu presencia todavía permanece aquí
y no me dejará en paz.
Estas heridas no parecen sanar
Este dolor es tan real
hay tanto que el paso del tiempo no puede curar,
Si llorases yo enjugaría tus lágrimas
Si te asustaras yo me llevaría tus temores
Y yo sostendría tu mano durante todos estos años,
pero tú aun posees
todo lo que soy.
Solías cautivarme
con tu hermosa luz
Ahora estoy unida a la vida que has dejado
Tu rostro persigue
mis sueños, antaño agradables
Tu voz se llevó
toda mi cordura que había en mí.
Estas heridas no parecen sanar
Este dolor es tan real
hay tanto que el paso del tiempo no puede curar,
Si llorases yo enjugaría tus lágrimas
Si te asustaras yo me llevaría tus temores
Y yo sostendría tu mano durante todos estos años,
pero tú aun posees
todo lo que soy.
He intentado convencerme de que te has ido para siempre
Y, aunque estás todavía en mí
Me siento totalmente sola.
Un vídeo, una canción.
Me impresionó la canción desde el momento, lejano, en que la descubrí.
Me impresionó su letra: Lamento sereno. Ausencia. Soledad.
Suelen decir que cuando amputan un miembro, pervive el dolor fantasma... es como si ese miembro siguiera ahí, en su sitio. Se le siente, se le nota. Pero hace tiempo que no está.
La tristeza, el paso del tiempo, la nostalgia por esa presencia hoy hecha vacío... la intención de amar más allá de la ausencia, del desamor, de la indiferencia, más allá del tiempo.
Romántico. Absurdo y romántico.
El vídeo me impresionó por otro motivo: está totalmente filmado en mi ciudad. En lugares que son especiales para mí.
La plaza con la fuente en la que Amy aparece es la plaza de Sant Felip Neri, en pleno barrio Gótico. Aparecen rincones del barrio de la Ribera, y jardines que hay en la montaña de Montjuïc. Son... paisajes que forman parte de mi vida, de mis propias soledades. Son lugares por los que he paseado, unas veces con objetivo, otras buscando mi rumbo; a mediodía, al amanecer, he visto puestas de sol desde Montjuïc, sobre las tres chimeneas... buscando ese punto en que el mar y la tierra se funden y crean el horizonte. Son mis lugares.
Me gustó que Amy cantara en ellos, para ellos. Me gusta lo incondicional del dolor que transmite la canción. Es una manera distinta de añorar a alguien que hace tiempo siguió su camino. Es otra manera de dejarse ser en lo que es y no puede ser de otra manera.
Siempre a vueltas con lo mismo: el pasado se fue. El futuro quién sabe lo que traerá. Lo que hay es lo que es.
Lo que es, es lo que hay.
Estoy tan cansada de permanecer aquí
abrumada por todos mis temores infantiles
Si tienes que irte
Ojalá tan solo te fueras
porque tu presencia todavía permanece aquí
y no me dejará en paz.
Estas heridas no parecen sanar
Este dolor es tan real
hay tanto que el paso del tiempo no puede curar,
Si llorases yo enjugaría tus lágrimas
Si te asustaras yo me llevaría tus temores
Y yo sostendría tu mano durante todos estos años,
pero tú aun posees
todo lo que soy.
Solías cautivarme
con tu hermosa luz
Ahora estoy unida a la vida que has dejado
Tu rostro persigue
mis sueños, antaño agradables
Tu voz se llevó
toda mi cordura que había en mí.
Estas heridas no parecen sanar
Este dolor es tan real
hay tanto que el paso del tiempo no puede curar,
Si llorases yo enjugaría tus lágrimas
Si te asustaras yo me llevaría tus temores
Y yo sostendría tu mano durante todos estos años,
pero tú aun posees
todo lo que soy.
He intentado convencerme de que te has ido para siempre
Y, aunque estás todavía en mí
Me siento totalmente sola.
martes, 11 de noviembre de 2008
Sabiduría ancestral o la sabiduría de lo simple
Estos días he recibido varios libros que había pedido a Amazon. Tengo una larga lista de lecturas pendientes, pero he dejado tranquilo un ratito a Ekchart Tolle y he tomado el que estoy leyendo ahora, que me apetece comentar.
Se llama Original Wisdom (Stories of an ancient way of knowing). Está escrito por Robert Wolff. R. Wolff es un señor de cierta edad, psicólogo, que ha viajado mucho, ha vivido en Hawaii, en Europa; convivió y conoció a fondo la tribu de los Sng'oi en los años que pasó en Malasia, de los que aprendió su lengua, formas de ver y entender la vida. Este señor sabe mucho de nuestra civilización y de otras "civilizaciones".

El librito es corto, sencillo, ameno, redactado en un inglés muy asequible y no parece albergar grandes expectativas. Lo publicó de modo muy modesto y el autor comenta en su propia web que este libro "está hallando a sus propios lectores".
Lo extraordinario de este libro es la sencillez apabullante de su mensaje. Habla de su relación-descubrimiento con una tribu pacífica de gente que vive al margen de toda esta locura de la globalización que el mundo occidental ha organizado. No es el primer testimonio que leo ni el primer grupo humano que todavía sobrevive al margen del primer mundo. Saber de su manera de entender la vida y el mundo da pistas más que aproximadas de lo que está fallando en el nuestro. También explica las razones por las que cada vez más gente se esté despertando del falso sueño occidental, de esa engañosa tranquilidad de que "todo va bien y este sistema funciona".
Hay gente que tacha a los que discrepamos de la bondad de nuestro sistema de luditas, de extremistas o de querer regresar a las cavernas. Creo que este hombre explica de modo muy asequible el porqué discrepar de la mayoría no es estar loco ni ser un excéntrico. Hace recordar que perdemos de vista lo más básico y por qué necesitamos cargarnos de bienes inútiles, crearnos necesidades absurdas con las que tapar a paletadas carencias más graves.
Por razones personales di un giro arriesgado en mi vida laboral que me está obligando a vivir con menos dinero. Esto ha hecho que disponga de más tiempo libre, la falta de seguridad económica ha hecho que sea mucho más cauta a la hora de gastar mi dinero, de preguntarme dos veces si realmente he de comprar esto o aquello. Incluso estoy comenzando a establecer nuevas relaciones con el mundo basadas en la ausencia de intercambio algo-dinero sino intercambio algo-algo. Hay cosas que todavía no sé explicar y que tienen que ver con lo que ocurre en el mundo, con lo que dicen que pasa, con lo que Robert me está contando en su libro.
Hay otro tipo de sabiduría, que no siempre se adquiere estudiando o tras el pago de un curso y su formalización en el proceso estudio-examen-título. Hay sabiduría intrínseca en nosotros, si sabemos cómo hacerla surgir y no la matamos en el paradigma de lo que se valora como "conocimiento" en nuestra sociedad. Lo que llevo leído de Original Wisdom ha hecho que recordara las lejanas clases de filosofía que tomé en su momento en el instituto. Recordé a Platón, su "Mito de la caverna" y su convicción de que el hombre nacía con toda la sabiduría del mundo en su interior, que no aprendíamos nada, sino que tan solo... "recordábamos".
Hace unos meses leí otro libro que, en cierto modo, tiene que ver con éste. Se llama, Child of the jungle que relata las vivencias de infancia y adolescencia de Sabine Kuegler, una alemana que vivió con los Fayu en Irian Jaya, más conocida como Papua occidental. A mi modesto entender ambos libros tienen en común la visión del mundo desde perspectivas distintas (pues distintos son los pueblos con los que los protagonistas viven), pero mantienen en común su visión del mundo opuesta al modo Occidental, que todos aceptamos sin cuestionar como si fuera el único posible y el mejor.
Yo lo creí durante mucho tiempo. La verdad es que hace tiempo que discrepo, cada día con más intensidad.
Creo que el libro de Sabine Kuegler está traducido al español. Original Wisdom, desgraciadamente, hay que leerlo en inglés. Ambos son altamente recomendables, si se me permite mi opinión. En ambos hay momentos emocionantes, verdades sencillas que no pretenden convencer sino hacer que cada uno reflexione y decida por sí mismo.
Yo diría que son libros para aprender a pensar.
Se llama Original Wisdom (Stories of an ancient way of knowing). Está escrito por Robert Wolff. R. Wolff es un señor de cierta edad, psicólogo, que ha viajado mucho, ha vivido en Hawaii, en Europa; convivió y conoció a fondo la tribu de los Sng'oi en los años que pasó en Malasia, de los que aprendió su lengua, formas de ver y entender la vida. Este señor sabe mucho de nuestra civilización y de otras "civilizaciones".

El librito es corto, sencillo, ameno, redactado en un inglés muy asequible y no parece albergar grandes expectativas. Lo publicó de modo muy modesto y el autor comenta en su propia web que este libro "está hallando a sus propios lectores".
Lo extraordinario de este libro es la sencillez apabullante de su mensaje. Habla de su relación-descubrimiento con una tribu pacífica de gente que vive al margen de toda esta locura de la globalización que el mundo occidental ha organizado. No es el primer testimonio que leo ni el primer grupo humano que todavía sobrevive al margen del primer mundo. Saber de su manera de entender la vida y el mundo da pistas más que aproximadas de lo que está fallando en el nuestro. También explica las razones por las que cada vez más gente se esté despertando del falso sueño occidental, de esa engañosa tranquilidad de que "todo va bien y este sistema funciona".
Hay gente que tacha a los que discrepamos de la bondad de nuestro sistema de luditas, de extremistas o de querer regresar a las cavernas. Creo que este hombre explica de modo muy asequible el porqué discrepar de la mayoría no es estar loco ni ser un excéntrico. Hace recordar que perdemos de vista lo más básico y por qué necesitamos cargarnos de bienes inútiles, crearnos necesidades absurdas con las que tapar a paletadas carencias más graves.
Por razones personales di un giro arriesgado en mi vida laboral que me está obligando a vivir con menos dinero. Esto ha hecho que disponga de más tiempo libre, la falta de seguridad económica ha hecho que sea mucho más cauta a la hora de gastar mi dinero, de preguntarme dos veces si realmente he de comprar esto o aquello. Incluso estoy comenzando a establecer nuevas relaciones con el mundo basadas en la ausencia de intercambio algo-dinero sino intercambio algo-algo. Hay cosas que todavía no sé explicar y que tienen que ver con lo que ocurre en el mundo, con lo que dicen que pasa, con lo que Robert me está contando en su libro.
Hay otro tipo de sabiduría, que no siempre se adquiere estudiando o tras el pago de un curso y su formalización en el proceso estudio-examen-título. Hay sabiduría intrínseca en nosotros, si sabemos cómo hacerla surgir y no la matamos en el paradigma de lo que se valora como "conocimiento" en nuestra sociedad. Lo que llevo leído de Original Wisdom ha hecho que recordara las lejanas clases de filosofía que tomé en su momento en el instituto. Recordé a Platón, su "Mito de la caverna" y su convicción de que el hombre nacía con toda la sabiduría del mundo en su interior, que no aprendíamos nada, sino que tan solo... "recordábamos".
Hace unos meses leí otro libro que, en cierto modo, tiene que ver con éste. Se llama, Child of the jungle que relata las vivencias de infancia y adolescencia de Sabine Kuegler, una alemana que vivió con los Fayu en Irian Jaya, más conocida como Papua occidental. A mi modesto entender ambos libros tienen en común la visión del mundo desde perspectivas distintas (pues distintos son los pueblos con los que los protagonistas viven), pero mantienen en común su visión del mundo opuesta al modo Occidental, que todos aceptamos sin cuestionar como si fuera el único posible y el mejor.
Yo lo creí durante mucho tiempo. La verdad es que hace tiempo que discrepo, cada día con más intensidad.
Creo que el libro de Sabine Kuegler está traducido al español. Original Wisdom, desgraciadamente, hay que leerlo en inglés. Ambos son altamente recomendables, si se me permite mi opinión. En ambos hay momentos emocionantes, verdades sencillas que no pretenden convencer sino hacer que cada uno reflexione y decida por sí mismo.
Yo diría que son libros para aprender a pensar.
lunes, 3 de noviembre de 2008
A bad dream
Hoy no fue un buen día, los fantasmas han vuelto a casa...
over every town up and down the line?
I'll die in the clouds above
and you that I defend, I do not love.
I wake up, it's a bad dream,
No one on my side,
I was fighting
But I just feel too tired
to be fighting,
guess I'm not the fighting kind.
Where will I meet my fate?
Baby I'm a man, I was born to hate.
And when will I meet my end?
In a better time you could be my friend.
[chorus]
I wake up, it's a bad dream,
No one on my side,
I was fighting
But I just feel too tired
to be fighting,
guess I'm not the fighting kind.
Wouldn't mind it
if you were by my side
But you're long gone,
yeah you're long gone now.
Where do we go?
I don't even know,
My strange old face,
And I'm thinking about those days,
And I'm thinking about those days.
I wake up, it's a bad dream,
No one on my side,
I was fighting
But I just feel too tired
to be fighting,
guess I'm not the fighting kind.
Wouldn't mind it
if you were by my side
But you're long gone,
yeah you're long gone now.
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